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CRÓNICAS POR LOS OTROS / OPINIÓN

Adaptarse o morir

Desde mi otro rincón en el mundo, con contrastes brutales que casi ya ni percibo, me detengo para escribir. De momento, y para empezar, aquí no se habla de Trump.

11/02/2017 - 

He vuelto a  esta isla perdida en la costa este de África llamada Lamu. Y desde aquí voy a escribir durante una temporada para contar lo que vivo, poder transmitir  vivencias y experiencias algo diferentes que quizá lleguen a cumplir alguna función, sirvan de algo y consigan objetivos más allá de la simple escritura de los mismas. Artículos destinados a  personas interesadas en otras cosas que pasan en el mundo.

Escribo desde mi otro lugar, desde mi otra casa,  rodeada de mi otra familia y con un escenario radicalmente opuesto al que escribía la semana pasada. Así es la vida, así es mi vida. 

Una vida llena de contrastes, una vida llena de altibajos, una vida poco cómoda, una vida apasionante, una vida que me fascina, una vida elegida. Una vida que me da muchas alegrías y alguna que otra pena, una vida que me cansa y me engancha, una vida que se aleja de las rutinas, una vida viva, una vida con objetivos, ilusiones y retos que me llevan a soñar, soñar y soñar. Es decir,  una vida que no me deja parar de soñar. 

He vuelto a esta isla que me enganchó en su día y a la que estoy ya vinculada de por vida. Una isla especial, única y llena de contrastes. En Lamu he vivido experiencias tan sumamente intensas, que han cambiado mi vida y mi manera de mirar , de ver y de entender mi vida que de alguna manera se ha convertido en mi otro lugar en el mundo.  Después de tres días desde que aterrizamos, me doy cuenta que ya me siento poco extraña. ¿ Será esto la llamada capacidad de adaptación?

Capacidad de adaptación

Adaptarse a otros contextos es una habilidad que se tiene que desarrollar sobre todo si queremos trabajarla. Si no salimos de nuestras rutinas, nuestros hábitos, nuestras vidas difícilmente podremos desarrollar esta capacidad. Y si no queremos desarrollar esa capacidad de adaptación de la que hablo, mejor no salir de nuestra zona de confort. 

Esta  vez me doy cuenta especialmente de la capacidad de adaptación que he desarrollado especialmente en estos últimos años, aunque ya empezara a trabajarla años atrás cuando viajé por primera vez a un país lleno de contrastes. La práctica en este tipo de contextos hace que cada vez se consiga la adaptación más rápido y que la adaptación sea mas fácil.

SIEMPRE REPITO QUE ESTE TIPO DE DESTINOS, ESTE TIPO DE VIAJES O ESTA MANERA DE VIAJAR, ABRE LA MENTE Y HACE A LAS PERSONAS MÁS TOLERANTES Y MÁS RESPETUOSAS.  

En mi opinión  adaptarse se reduce simplemente a  conseguir estar bien allá donde nos encontremos cuando las condiciones no son las mismas a las que estamos acostumbrados y que nos dan cierto confort, estabilidad  y tranquilidad. 

La capacidad para adaptarse rápidamente a los cambios exige una fortaleza mental y física importante. Pasar del frío al calor sofocante o viceversa, cambiar los sabores de la comida, los hábitos del día a día, las maneras de saludar, las rutinas del día a día, los sonidos, los colores incluso…  porque en África los verdes son más verdes  y los rojos más rojos. En fin que los  colores son más intensos. Hablar  de ciudades como Lamu y Valencia es hablar de ciudades radicalmente opuestas donde la capacidad de adaptación se tiene que desarrollar  para poder disfrutar de dos ciudades estupendas. 

Valencia-Lamu

Si hablamos de estas dos ciudades la adaptación requiere su tiempo. Los cambios y los contrastes requieren cierta preparación , física y mental, para todos incluso  para un bebé como es mi hija. Sorprendentemente para mi, a ella le está costando más la adaptación de lo que yo pensaba. De hecho nunca pensé que le fuera a costar. 

Es ahora después de tres días cuando empieza a ser la que era en España. Desde que hemos pisado Lamu no ha querido separarse de mi, su mirada asustadiza, su actitud temerosa y estar cogida a su mamá todo el tiempo me ha hecho darme cuenta que ella ya percibe, distingue y tiene su propia zona de confort.

La primera vez que vino a Lamu era tan bebé ( sólo tenía 4 meses) que su mamá era su única zona de confort. Hoy, recién cumplidos los 12 meses, ya distingue absolutamente todo, hasta la fisionomía de las personas que tanto cambia de un lugar a otro.  Una fisionomía y una indumentaria que todavía le mantiene asustada.

Pues mientras mi niña sigue sorprendiéndose por todo, yo me doy cuenta que ya no me sorprenden asuntos como la vestimenta de las mujeres y de los hombres ( las mujeres van tapadas y los hombres con Kikois), la contaminación y suciedad de las calles, los burros sueltos y paseando, los puestos en la calle… 

YA NO ME SORPRENDE INCLUSO LA SONRISA DE LOS NIÑOS QUE ME PARALIZARON EL DÍA QUE DESCUBRÍ ESTE MARAVILLOSO LUGAR 

 Unas miradas y unas sonrisas que no dejaba de fotografiar. De hecho mis primeros viajes a Lamu fotografiaba  absolutamente cada rincón por el que pasaba.  La adaptación y las rutinas hacen que hoy día ya no saco ni la cámara , lo que no significa que cada rincón sea menos atractivo, interesante o fotografiable que antes, sólo es un tema de acostumbrarse pues sigo pensando que esta isla es un lugar mágico lleno de contrastes. 

Hoy día no me atrevería a decir que soy una más en esta isla pero sí que puedo afirmar que ya tengo mis rutinas, mi círculo y mis costumbres… y que Lamu es mi otro lugar en el mundo. 

La semana que viene … ¡más! 

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