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el despegue imposible 

Animación valenciana: sobredosis de realidad

La falta de plataformas de relieve condena al ostracismo a las empresas valencianas de animación. La masiva fuga de talentos no disminuye y las empresas sobreviven reduciendo su perfil

18/04/2017 - 

VALÈNCIA.- En el mes de febrero en Londres se encontraron diecinueve españoles que estaban emigrados en la capital británica. Cenaron juntos, hablaron y se fotografiaron para sus redes sociales. La imagen llegó unos días después a los ordenadores de Keytoon, una pequeña productora valenciana ubicada en la avenida de los Tamarindos, enfrente del Hospital 9 de Octubre de València. Diez de los diecinueve jóvenes que se podía ver en la cena habían pasado por este pequeño estudio valenciano. Echaban de menos sus días en su ciudad y si pudieran regresarían, pero su destino está fuera, como el de la mayoría de los animadores españoles que, más tarde o más temprano, se tienen que plantear la dicotomía que cantaba The Clash: ¿Me quedo o me voy? Y la mayoría se va. 

El último ha sido Samuel Ortí Martí, SAM. Nominado al Goya al mejor cortometraje de animación por su iconoclasta obra Vicenta, que llegó a entrar en la carrera por los Oscar, SAM ha optado también por irse y desde hace unos meses se ha afincado en Estados Unidos, explican los componentes de Keytoon. La sangría no cesa. Rara es la semana en la que un joven y prometedor animador no coge las maletas. La incapacidad de la industria audiovisual para crear un tejido sólido que permita la profesionalización a un nivel superior ha provocado que la animación se halle en una sempiterna fase incipiente. Es la eterna promesa. Y de ahí no pasa ni pasará.

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Un ejemplo: «Sobre esta mesa estuvo el guión de Gru, mi villano favorito». La frase la dice Jonathan Cuevas. La mesa es la del despacho de reuniones de Keytoon. Junto a su hermano gemelo David, su socio David Lacruz y Eduardo Oliden, mantienen en pie este pequeño y animoso estudio que tiene serie propia, Calcetines, que se ha emitido en Alemania y que en breve se podrá ver en la nueva RTVV. «Nosotros no podíamos hacer una película como esa», apunta Lacruz. Porque ese es el problema de la animación valenciana, que tiene talento para alcanzar lo imposible (Gru recaudó 543 millones de euros en todo el mundo) pero no los medios (la producción se realizó en Francia y tuvo un presupuesto de 69 millones de euros).

(Lea el artículo completo en el número de abril de la revista Plaza)

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