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MEMORIAS DE ANTICUARIO

Arte sacro: más allá de la devoción

9/07/2017 - 

VALÈNCIA. Dudo mucho que quienes llenan anualmente la Sala Iturbi del Palau de la Música y cientos de auditorios del mundo para escuchar una de las dos Pasiones que compuso Bach, lo hagan por una cuestión de creencias y no atraídos por la eterna belleza encerrada en sus pentagramas. La travesía por los territorios del arte es un aprendizaje que dura toda una vida y nunca aparecen líneas de meta que cruzar. Siempre está uno en el camino y el camino es lo que verdaderamente importa. El propio trayecto va configurando la percepción que tenemos de las obras que contemplamos, y la observación del mismo cuadro es una experiencia completamente distinta con lo que sabemos al inicio del viaje que cuando llevamos recorrido un buen trecho y adquirido un bagaje no tanto de conocimientos como de “modos de ver”. Reconozco que en su día mi relación con el arte sacro era más prejuiciosa, básica, superficial y demasiado directa, convirtiéndose en ocasiones en una experiencia tediosa y repetitiva.

A estas alturas del recorrido todo se ha vuelto más rico y complejo y las obras invitan a realizar dos lecturas en planos distintos, que se reclaman la una a la otra, pero que a su vez tienen vida propia: la primera lectura tiene que ver con la historia de la pieza, su promotor, su iconografía y la función para la que fue concebida y que depende en buena medida de la información que nos facilitan estudiosos e historiadores. Con la segunda lectura penetramos en los territorios más puros del arte, admirando la obra-o cuestionándola- más allá de su carácter devocional. Es aquí cuando emergen los rasgos esenciales en cuanto a arte de la pintura, escultura o arquitectura que contemplamos: la composición, la pincelada y su materia, el dibujo, el color, los volúmenes, el movimiento, la expresión de los rostros, los fondos arquitectónicos, el paisaje, el tratamiento de los tejidos, quizás un pequeño bodegón sobre una mesa, las intenciones veladas el artista…un sinfín de cuestiones. La pintura mitológica nos puede fascinar sin creer lo más mínimo en los dioses del Olimpo, Velazquez emocionarnos sin sentir lo más mínimo por la monarquía y una pintura religiosa nos puede conmover aun cuando las creencias del espectador vayan por otros derroteros muy distintos a los representados. 

Vicente Carducho, El Paular

Emociones humanas en el arte religioso

Hace dos años el, por entonces, Museo San Pío V programó una excelente exposición llamada “Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro” que provenía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Para explicarnos en qué consistió aquel sentimiento de una España, la del siglo XVII, sumida en una decadencia económica, política y moral, la comisaria de la muestra, María Bolaños, eligió obras de grandes artistas españoles de la época y un buen número de estas poseían un marcado carácter religioso a pesar de un título nada sacro. Sin embargo, era un sentimiento plenamente humano el que transmitían, como aquel un imborrable Ecce Homo y una Magdalena de José de Ribera o Santa María Egipciaca de Salvador Carmona de asombroso realismo cuya presencia en la exposición se adecuaba a la perfección. La Virgen de la leche pintada por el Luís de Morales en 1565 es, ante todo, una conmovedora y humana maternidad, el Cristo atado a la columna de Juan de Juanes es un ensayo sobre el sufrimiento físico a través del rostro el estudio anatómico, en contraste con la bellísima columna jaspeada de un colorido irreal e inverosímil.

Juan de Juanes. Cristo atado a la columna.

Como comprenderán, no es mi negociado por incapacidad, y, sobretodo, porque aquí no toca, analizar la intervención más o menos afortunada de la Iglesia y por tanto sus aciertos-que los tuvo-, sus tremendos errores, y algún que otro horror. Así como valorar el poder y riquezas que el estamento eclesiástico acaparó para poder llevar a buen puerto empresas arquitectónicas, en ocasiones, colosales mientras buena parte de la población se buscaba el sustento para pasar el día. Lo cierto es que hoy ha quedado un legado artístico enorme, que debemos proteger y recuperar según los casos, y que representa un indudable atractivo cultural para quienes convivimos con este y para quienes nos visitan. Estaremos de acuerdo que la conjunción de las más diversas artes que se dan en las iglesias nos fascinan tanto a personas no religiosas como a creyentes, y la abrumadora riqueza y plasticidad de la iconografía cristiana causa admiración cuando el artista la logra trascender con su ejercicio intelectual. Nunca preguntaría si es o no creyente a un visitante interesado por el patrimonio de nuestra ciudad, para recomendarle la visita a varias iglesias del centro histórico, al Museo de Bellas Artes y su magnífica colección de retablos góticos, o al museo del Patriarca en el que prácticamente la totalidad de la obra expuesta es de temática sacra.

 Luís de Morales. Virgen con Niño.

Arte religioso y mercado del arte

Con el tiempo, la percepción del arte religioso ha cambiado. En occidente la valoración de este, y cuando menos el respeto, está fuera de toda duda, salvo casos esporádicos de insensibilidad. Aun así, no está suficientemente valorado en relación con, por ejemplo, ciertos nombres del contemporáneo. Michael Savage en su blog sobre arte y crítica http://grumpyarthistorian.blogspot.com.es/se hace eco en su última publicación de los precios del arte antiguo, buena parte de este religioso, en relación con los del mercado de arte moderno, aun cuando se esté produciendo un claro repunte, tal como se puede ver de las últimas ventas de la recientísima subasta de maestros antiguos en Sotheby's. Savage realiza curiosas comparaciones como por ejemplo que con la décima parte de lo que se paga por un cuadro de Basquiat puede adquirirse una obra maestra del Renacimiento italiano, del Siglo de Oro español o de la escuela flamenca del siglo XVI, y con la décima parte de lo que cuesta un apartamento en el centro de Londres puede ser de un postor una obra que podría colgar en las paredes de un importante museo.

Juan Bautista Montañés. San Juan Bautista, Museo Meadows de Dallas.

Tras unos años en que la pintura de temática religiosa había quedado totalmente arrinconada y que simplemente no se quería, parece que el arte de esta naturaleza vuelve a tener la relevancia que nunca debió perder entre los coleccionistas y amantes del arte que se lo pueden permitir, claro, aunque precios los hay para casi todos los bolsillos. Galerías españolas y extranjeras vuelven fijarse en este con admiración, y el Siglo de Oro como gran momento del arte español, vuelve a cotizar al alza. Algunos de estos profesionales están poniendo una pica en Flandes como es el caso de la Galería Coll y Cortés (recomendable la visita a su espectacular web) a través de la adquisición de la histórica galería inglesa Colnaghi, con una antigüedad de dos siglos y medio, a través de la cual dan salida al mercado internacional la mejor pintura e imaginería española de los siglos XVI y XVII con nombres como Pedro de Mena, Alonso Berruguete o Juan de Mesa. A través de su sede en Londres están llevando a cabo una encomiable promoción del arte español del siglo XVII, asesorando a museos, principalmente norteamericanos, en la adquisición de importantes obras de arte español de esta época. Llevamos demasiado tiempo llenos de prejuicios, autoflagelándonos sobre la excesiva preponderancia de Santos, Cristos y Vírgenes en el arte español y, mientras, fuera de nuestras fronteras, se valora más lo nuestro ; como decíamos, el arte, incluso el sacro, acepta lecturas prácticamente abstractas: ¿por qué no hablar del recogimiento, la mística, o el gozo, la melancolía, o el dolor como sentimientos que van más allá de la temática devocional y que fueron magistralmente plasmados por varios de los mejores artistas del momento?.

Exposición de la galería Conalghi.

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