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LA PANTALLA GLOBAL 

Así se prepara el cine para combatir la nueva oferta doméstica

En algunos países ya existen butacas con movimiento o la posibilidad de sentir ráfagas de lluvia y viento dentro de una sala

29/07/2016 - 

VALENCIA. La historia de las relaciones entre el cine y los formatos domésticos es bastante parecida al cuento de Pedro y el lobo, con la salvedad de que, en el caso que nos ocupa, el lobo continúa sin dar la dentellada definitiva. Porque, hasta el momento, la sistemática aparición de nuevas opciones de ocio audiovisual no ha perjudicado de manera drástica al visionado en pantalla grande. Es cierto que, en los años cincuenta, la popularización de la televisión afectó a las grandes productoras de Hollywood y en los sesenta la industria tuvo que defenderse tanto en el frente artístico (abriendo sus puertas a talentos jóvenes que conectaban mejor con el público) como en el técnico (el Cinerama, las primeras y rudimentarias intentonas con las tres dimensiones, el Scope), pero ha pasado medio siglo y, aunque han aparecido nuevas modalidades de consumo de películas, como el vídeo, y luego el DVD, que ofrecía mayor calidad de imagen y sonido, los complejos de multisalas siguen llenándose cada fin de semana.


Tras el home cinema, la última amenaza para el cine tiene forma de pantalla casera gigante y marchamo de televisión “inteligente”, e incluye servicios de vídeo bajo demanda como Netflix, que ha sabido presentarse como una opción cool, sin la que parece imposible sobrevivir en el presente siglo, y que además ha demostrado su brillante capacidad para convertir en hype casi cualquiera de sus producciones propias (¿alguien dijo Stranger Things?). Sin embargo, las últimas estadísticas indican que, después de un lógico periodo de crecimiento exponencial, el número de suscripciones a Netflix se ha estancado. Cada vez existen más servicios de streaming y la competencia es dura, hasta el punto de que la plataforma tiene previsto cambiar su política y ha anunciado que a finales de año permitirá la descarga de sus contenidos, opción que no existe actualmente. Mientras tanto, ¿qué sucede en las salas de cine?

Cifras en alza

En principio, no parece que deban preocuparse en exceso. Chris Johnston, periodista de la BBC, publicó el 15 de julio un artículo donde recapitulaba sobre las cifras de 2015. La industria batió su propio récord el año pasado y recaudó 38 mil millones de dólares, once mil de los cuales corresponden solo a Estados Unidos. En cuanto a los ingresos en el Reino Unido, el número de entradas vendidas se incrementó en un 17,3%, llegando casi a los 172 millones, hecho al que no fue ajeno, todo hay que decirlo, el estreno de Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: Episode VII - The Force Awakens, J. J. Abrams, 2015), la película más taquillera de todos los tiempos en las Islas Británicas. Es decir, que el viejo blockbuster de toda la vida continúa resistiendo, y los estrenos convertidos en evento mantienen el tirón entre el público, pese a que las películas cada vez tardan menos tiempo en estar disponibles en webs de descargas ilegales. 


No obstante, el cine se prepara para ofrecer al espectador una experiencia que le permita participar de las películas de manera más activa. Al margen del perfeccionamiento a que ha llegado el 3D y de unos efectos especiales digitales que son capaces de reproducir cualquier cosa en una pantalla, las llamadas “tecnologías de inmersión” pretenden revolucionar el modo en que hemos visto el cine hasta ahora. El denominado 4D está a la vuelta de la esquina, y llega de la mano del D-Box y el 4DX. Los asientos D-Box son butacas con un sistema hidráulico que se sincroniza con la acción en pantalla, y están programadas para moverse al ritmo de la película. Solo se agitan un máximo de cuatro centímetros, pero el director de marketing de una empresa canadiense que las fabrica, Michel Paquette (suerte tiene de no trabajar en España, con el apellido que se gasta), asegura: “Podemos engañar al cerebro para que crea que está en la película. Están tan bien sincronizadas con la banda sonora y el contenido visual que le añaden otro nivel narrativo a la experiencia”. 


Hasta ahora, una de las películas en las que las butacas D-Box han obtenido una mejor respuesta del público ha sido El desafío (The Walk, Robert Zemeckis, 2015), donde el actor Joseph Gordon-Levitt interpreta a Philippe Petit, el francés que en 1974 caminó sobre un cable entre las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York. Paquette subraya que la audiencia pudo “sentir” la presión del cable de acero en sus asientos, y cree que es una tecnología que puede “añadir magia y un factor sorpresa” a las películas. En España, la empresa Simtech ya hablaba de comercializarlas en el año 2011, pero todavía no hay ningún cine que las incorpore, como sí ocurre en Argentina y otros países.
La tecnología 4DX, desarrollada en Corea del Sur, va más allá, y ofrece una experiencia cercana al parque temático, que incluye ráfagas de aire, agua, aromas, e incluso niebla y burbujas que se propagan por el auditorio. ¿Recuerdan el Odorama, aquel anecdótico (y fallido) sistema de rascado de tarjetas de cartón que permitía “oler” lo que sucedía en pantalla en momentos determinados? Pues algo así, pero mejor desarrollado y para ser disfrutado con todos los sentidos. Actualmente solo existen unas mil pantallas en todo el mundo (menos del 1% del total) que utilizan este tipo de tecnología 4D, pero el número va aumentando de manera progresiva. A finales de este año, D-Box espera estar en mil salas de cine británicas, donde la primera sala 4DX abrió a principios de 2015. Aquí puede tardar un poco más en llegar. Consultado sobre el tema, Silvino Puig, de los cines Lys, afirma: “Estamos atentos a lo que sucede, y si el mercado se decanta por este tipo de tecnologías, tendremos que adaptarnos. Pero son sistemas muy costosos y en estos momentos todavía no se sabe a ciencia cierta si merecerá la pena hacer la inversión. En España, por el momento, no hay salas equipadas con ellos”.

Y es que las cifras obligan a pensárselo dos veces. Según el artículo de Johnston, la instalación de un par de filas de asientos D-Box en un cine cuesta alrededor de 75.000 libras (unos 90.000 euros), ya que también incluye la tecnología para la cabina del proyector. Es cierto que las entradas para esas butacas se venden a mayor precio, pero la amortización se antoja larga, y como señalábamos al principio, las salas se están defendiendo bien de sus nuevos competidores recurriendo a sus armas tradicionales. Phil Clapp, director ejecutivo de la Asociación de Cines del Reino Unido, mantiene que, pese al bombo y platillo generados por el 4D y el Imax, ha sido el cambio de celuloide a tecnología digital el que ha supuesto el impacto más importante para la exhibición desde el advenimiento del sonido.

Clapp recuerda que esa transición en el soporte ha reducido los costes, permite a los cines cambiar fácilmente los títulos para responder a la demanda del público y les da la posibilidad de ofrecer una gama más amplia de contenidos, tales como teatro, ópera, ballet e incluso eventos deportivos. “El digital ha hecho del cine algo más que un lugar donde la gente puede ir a ver películas”, confirma. Y tampoco está de más apuntar que las opciones no son incompatibles. Es decir, que se puede tener un buen equipo de home cinema en casa y estar suscrito a Netflix al tiempo que se continúan visitando las salas. De hecho, el cinéfilo consume de todo. Y si bien las butacas con movimiento y las ráfagas de agua puede convertir el visionado de La tormenta perfecta (The Perfect Storm, Wolfgang Petersen, 2000) en toda una experiencia, también es cierto que sería estúpido reclamarlas en, pongamos por caso, una película de Eric Rohmer.

Láser, sonido e interactividad


Aunque no ha supuesto la gran revolución que se esperaba, hay que recordar que el 3D continúa siendo un reclamo importante para el gran público. Siete de las películas más taquilleras en el Reino Unido el año pasado estaban disponibles en el formato, entre ellas grandes producciones como Vengadores: La era de Ultrón (Avengers: Age of Ultron, Joss Whedon, 2015), Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) y Fast & Furious 7 (Furious Seven, James Wan, 2015). La agencia británica IHS ha confirmado que los ingresos globales en taquilla del 3D subieron más de un diez por ciento el último año, impulsados por su espectacular crecimiento en China. Y quienes se quejan de la visibilidad imperfecta del sistema dejarán de hacerlo cuando se instaure masivamente la proyección láser, que sustituirá las lámparas de xenón de los proyectores tradicionales. 


Además, el tamaño de las pantallas va en aumento. Imax cuenta con una en Australia que tiene 36 metros de ancho. Y Charlotte Jones, analista principal de cine en IHS, comenta que los exhibidores están empezando a instalar proyectores láser precisamente para sacar mayor partido a las pantallas de gran tamaño, ya que ofrecen un brillo excepcional (hasta sesenta mil lúmenes) y consiguen ultra-alta definición en las películas (resolución 4K), así como un mejor contraste de color y un menor consumo de energía. La empresa Kinepolis inaugurará en breve un complejo de diez salas en Breda (Holanda) con todas las pantallas equipadas con proyección láser. Por su parte, un complejo de salas de Dubai tiene previsto instalar proyectores láser en sus veintidós pantallas. “El láser será la tecnología dominante en los nuevos cines”, asegura Jones.


Y si mejoran las condiciones de visionado, también lo harán las de sonido. Lejos queda el rudimentario Sensurround, un proceso desarrollado por Universal para mejorar la experiencia de audio, que se probó por primera vez con Terremoto (Earthquake, Mark Robson, 1974), un típico film de catástrofes de la época. El sonido es también una parte importante del paquete de inmersión, y las pantallas gigantes se suelen combinar ya con sistemas de sonido como el Dolby Atmos, una tecnología de audio inmersivo basada en un sistema híbrido de mezclas, que dirige el sonido en forma de objetos dinámicos para envolver al oyente. El director Danny Boyle ya ha dicho que será “el próximo gran salto adelante”, y películas como la nueva versión de Cazafantasmas (Ghostbusters, Paul Feig, 2016), Suicide Squad (David Ayer, 2016) o Star Trek: Más allá (Star Trek Beyond, Justin Lin, 2016) han sido rodadas pensando en el sistema.


Se trata de un buen puñado de avances y perfeccionamientos tecnológicos cuya intención es convertir el visionado de una película en un evento especial. El siguiente paso, con toda seguridad, consistirá en involucrar al espectador como algo más que un sujeto pasivo que disfruta de un bombardeo sensorial inédito hasta ahora. La interactividad entre la audiencia y lo que sucede en la pantalla es otro de los retos que se plantea el cine del futuro. Y si bien podría terminar por convertir las películas en videojuegos, algunas experiencias puntuales ya han demostrado sus posibilidades. Los valencianos Marisa Crespo y Moisés Romera las probaron en febrero de 2013 con la proyección de La insólita aventura de Jovi contra el tiempo, un film interactivo donde el público decidía cada pocos minutos el rumbo a seguir por sus protagonistas, y podía elegir entre varios finales diferentes haciendo uso de su teléfono móvil. El llamado live cinema es otra de las numerosas opciones que pueden contribuir en transformar la exhibición en una atracción de feria. Al fin y al cabo, no sería otra cosa que devolver al cine a sus orígenes.

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