X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información

¿QUÉ PASA CON LAS BARRAS?

Barras nuevas, viejas barras (II)

Las viejas barras se caracterizan por un concepto que no les es propio: la ubicación.

Por | 03/02/2017 | 2 min, 13 seg

La imposible respuesta a la siempre clásica pregunta: que fue antes el tal o el cual, el huevo o la gallina, la ubicación continuada de las barras, unas al lado de otras que facilita el consumo, o el desaforado y urgente trasiego de chiquitos, zuritos, tintos, blancos y claretes que es necesario consumir en los escasos momentos que transcurren entre el trabajo de la mañana y la hora de comer, o el de la tarde y la de cenar, que solo se puede lograr con la cercanía de los establecimientos.

Estamos tratando de una suerte de profesionales del aperitivo, que por lo general desprecian la parte comestible; véanse las cuadrillas en Logroño, San Sebastián, Pamplona y demás geografías similares, en las que todo está concertado: tomaremos –beberemos- cada uno la especialidad que nos agrada y no la cambiaremos jamás. Sabremos quien paga la ronda en cada bar, y tampoco en eso hay discusión. ¡Y a comer a casa!, como suele decirse en los ambientes que señalamos.

Pero hasta en las viejas barras se está degenerando el concepto y la práctica. Las cuadrillas se han hundido casi siempre por causa de la edad de los partícipes, y las van sustituyendo gentes que parecen en su totalidad salidas de Erasmus, y que no se recatan –pese a lo que han visto- en solicitar un plato vacío -en lo viejo de San Sebastián-, y atiborrarlo de mucho pan y mayonesa enredados con cualquier sospechoso producto, como los huevos cocidos o los tacos de merluza muy foránea.

Esto los unos, los que mantienen los sabores. Como alternativa han aparecido los pinchos de autor, muchísimos pinchos y muchísimos autores, que a nuestro entender están confundiendo al cliente en base a imposible combinaciones palatales, cocinadas sin los adecuados medios y servidas de forma similar.

Vamos, que por unas u otras razones se aprecia que las viejas barras en un razonable plazo desaparecerán, y serán sustituidas por establecimientos fast food u otros de su estilo.

Asumamos la realidad, y satisfagámonos con los pocos bares –con barra o sin ella- que quedan en nuestro entorno, y suspiremos porque los locales que permanecen –Casa Ricardo, Guillermo, Casa Montaña, Maipi, y algunos más- no perviertan sus tradicionales modelos y podamos comer unas anchoas como son, plenas de sabor y fuerza, sin que las manipulen con el exquisito, e inadecuado, servicio con las que nos las quieren colocar.      

Comenta este artículo en
next