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neurociencia

Cerebros adictos al juego

Mientras aumenta el número de personas enganchadas a las apuestas, los científicos buscan en el cerebro una posible cura. En el otro lado, las empresas investigan fórmulas para que arriesgar el dinero resulte más atractivo

11/10/2018 - 

VALÈNCIA.- El volumen de negocio generado en España por los juegos de azar en 2017 superó los 35.000 millones de euros, de los cuales el 28,5% se generó en apuestas realizadas a través de internet. Esto supone el 3,1% del Producto Interior Bruto de España —casi nueve veces el presupuesto de Sanidad— y supera con creces la facturación de todo el sector primario; es decir, el juego mueve más dinero que la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca, que sumaron entre las cuatro unos 26.000 millones de euros. 

Según los últimos datos, aproximadamente el 0,3% de los españoles tiene problemas graves de adicción al juego —unas 15.000 personas en la Comunitat Valenciana y 100.000 en todo el país—. El adicto promedio es un hombre, menor de 35 años y de clase media, aunque la tendencia está cambiando y cada vez son más jóvenes. Pero ¿por qué comienzan con las apuestas?

El mundo de las apuestas es complejo. Existe un abanico de jugadores que va desde personas que apuestan por diversión a profesionales que dedican mucho esfuerzo en utilizar los mejores pronósticos para inclinar la balanza a su favor. No obstante, entre medias de ambos extremos, lo que más abunda es el jugador promedio que pierde dinero. Muchas veces, la transición entre estas categorías ocurre sin darse cuenta. Raúl Guijarro explica qué le llevó a convertirse en jugador semiprofesional: «Al principio éramos un grupo de amigos que practicábamos deporte y nos gustaba seguir los resultados de algunas ligas deportivas, pero un día estábamos almorzando y salió el tema de las apuestas. Pusimos unos diez euros cada uno para hacer apuestas de cincuenta céntimos, también teníamos un grupo de WhatsApp para ver cómo iban los resultados. Ese fue el inicio».

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A partir de ese momento, estuvieron unos meses haciendo pequeñas apuestas por diversión, pero entonces alguien les habló del mundo de los tipsters. Guijarro explica que son «profesionales que cobran por hacer pronósticos deportivos; es decir, te mandan sus pronósticos a cambio de dinero. Y ahí pasamos de jugar por diversión a conocer ese mundo de las apuestas profesionales, que empezó a gustarnos». 

* Este artículo se publicó originalmente en el número de octubre de la revista Plaza

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