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Cara a cara

Comercio en domingo ¿Oportunidad o amenaza?

La restricción planea sobre el libre comercio. Estirar el calendario comercial a domingos y festivos, con el turismo por argumento, enfrenta a los grandes polos comerciales. Fuente de nuevos empleos según las grandes superficies, una estocada más a la agónica venta tradicional para los pequeños comerciantes. Dos expertos analizan la libre apertura

28/02/2016 - 
VALENCIA. El cartel de «abierto» en domingos y festivos, exiguo o excesivo, según desde dónde se mire, ha resucitado con fuerza en el escenario del ‘problema valenciano’. Tal es su impronta que, en paralelo a las reivindicaciones por la financiación autonómica, a la libertad de apertura comercial se la ha bautizado como el «primer gran choque» entre la nueva administración local y autonómica y el Gobierno central.
Pero la anterior legislatura ya labró el terreno de la disputa. En un rosario de vaivenes, el frenazo del expresidente Alberto Fabra en su promesa de liberar todo el territorio valenciano, en sintonía con Madrid e insólita para una autonomía con tradición restrictiva, derivó en febrero en la nueva normativa a cargo del entonces conceller Máximo Buch, limitando los horarios de apertura con criterios «más objetivos» en el diseño de las Zonas de Gran Afluencia Turística (ZGAT). Un gesto que recuperaba, en cierto grado, la confianza del colectivo de botiguers, uno de los puntales históricos de la Borrar los domingos y los festivos en rojo del calendario comercial puede suponer una amenaza al comercio tradicional, ahogado por la crisis y el paro, defiende Miguel Lozano, experto en venta al por menor.
«La protección es una necesidad. Lo que genera un comercio tradicional de una ciudad se queda en la ciudad. Las grandes superficies tienen otro régimen de fiscalidad. La ciudad debe darse cuenta de que cuanto menos pequeño comercio hay, menos dinero se queda en la ciudad. Para liberalizar, deberían fomentarse medidas para la conciliación de los pequeños con ventajas fiscales o en la contratación de más personal».

Antes de plantear hacer caja los domingos, Lozano lamenta la falta de un acercamiento previo entre las partes implicadas. «Ir a la calle Colón un domingo por la tarde, donde una gran superficie está abierta y los locales del entorno cerrados, no es una experiencia de compra.

A los grandes les interesan los pequeños para crear dinamismo, por lo que haciendo daño al comercio tradicional tampoco va a ganar el gran comercio. Si no se quiere la regulación política, tendrá que haber un consenso de todas las partes y no enrocarse en posturas extremas y disputas como la del Observatorio de Comercio Valenciano».

La ruta de los centros comerciales

Hay que empezar por entender la ciudad, señala el economista Ramón  Marrades, elaborando estudios de forma conjunta sobre el espacio público urbano y el comercio que lo alberga. «La capacidad de respuesta del sector público es limitada. Nadie tiene la autoridad moral para decir que un tipo de consumo es mejor que otro. Es una respuesta del comercio a las demandas de la gente. Que muchos jóvenes deciden vivir en los centros históricos, esa actitud es más relevante que una política proteccionista».

El ejemplo de Madrid, el banco de pruebas de la libertad de horarios comerciales, muestra para el experto en retail el éxito y el fracaso de la medida. «En la Milla de Oro, el entorno de Serrano, sólo abre una gran superficie, pero el resto de comercios no, y no ha habido éxito. Sin embargo, las calles Montera, Gran Vía y Fuencarral, una zona mixta de grandes y pequeñas superficies de franquicias y de comercio tradicional, o los barrios de Malasaña y Chueca, han encontrado un nicho en el fin de semana por la noche, al combinar ocio y comercio con el turismo extranjero y nacional».

El horario debe responder a la dinámica de cada ciudad, anota Lozano. «Nosotros somos mediterráneos, de fin de semana en la playa y los domingos de paella en familia. Madrid es una ciudad muy grande con mucha población de paso (turistas, estudiantes y contratados por un tiempo), que no salen de los confines de la ciudad. En ese entorno de tráfico de gente tiene mucho sentido abrir los domingos.

Pero el valenciano de a pie no visita un domingo la calle San Vicente ni la Catedral. Si hay que abrir los domingos, ese día hay que ofrecer algo diferente. Si hay grandes superficies que venden más un domingo que un sábado, no significa que el número de ventas crece, sino que se ha repartido la venta, y eso es muy diferente».

La llama de la discordia entre las grandes superficies y el pequeño comercio radica en la figura que introduce la norma estatal y que aplican los municipios, la ZGAT, traducida como la declaración de las áreas de interés turístico comercial sobre el mapa urbano, libres para abrir domingos y festivos. Una de las primeras medidas en la restricción de los horarios comerciales en Valencia se encamina a reducir a una las actuales cinco zonas de alta afluencia turística.

«La ZGAT ha sido la peor medida. No está basada en un análisis profundo, sino que esconde un interés político en declarar ciertas zonas para abrir los domingos. En Valencia, los centros comerciales, casualmente, han caído en esas áreas. Trazar una línea en un mapa, donde una calle queda cerrada los domingos a la izquierda y abierta a la derecha, es muy conflictivo, porque puede alterar la configuración comercial y el precio de los locales», observa Marrades.

Más horas, efectos reducidos

Tanto Lozano como Marrades coinciden en apuntar lo tibio de los efectos de la liberalización en la ocupación y el crecimiento económico.

«Muchos pequeños locales han cerrado por la crisis, pero debido a la libertad de horarios no está cuantificado», indica el experto en retail. «La pena es encontrar establecimientos vacíos en calles enteras. No ha habido una preocupación general, aunque sea más urgente. Por ahora, no hay una estrategia global que no dependa del partido que gobierna. El comercio también debe saber adaptarse al nuevo entorno, marcado por la competencia de internet, aunque la mayoría espera a que llegue una oferta de traspaso y alquilarlo a una franquicia o una gran cadena».

Para Marrades, los resultados son ambiguos. «Según un informe europeo sobre la liberalización de los domingos en una treintena de países desde 1999 a 2013, lo más concluyente es que no había una conclusión sistemática para todos los países y que los efectos sobre la ocupación y la cifra de actores eran positivos, pero no había ninguno sobre los precios. En Valencia, cuando se han hecho números,

no parece haber tenido tampoco una influencia importante. Abrir en domingo no es igual para la gran empresa que para el pequeño comercio. La ocupación crece, pero las grandes empresas hacen contratos a corto plazo y el pequeño comercio estira sus horas de trabajo».

Un aspecto positivo destacable para el economista urbano corresponde a la sintonía perdida años atrás entre Ayuntamiento y pequeños comerciales. «La política urbana y comercial de los últimos años no ha sido beneficiosa para el pequeño comercio. La apuesta del PP no fue la ciudad consolidada, sino el urbanismo; los nuevos barrios dormitorio ligados a las grandes superficies de los centros comerciales».

La apuesta del gigante Media Markt por la calle Colón de Valencia significa, según Lozano, una prueba esperanzadora de que el centro seguirá palpitando. «Las grandes superficies se dan cuenta de que ya no usamos tanto el coche para comprar, y compramos más en el centro de la ciudad. El consumidor no busca sólo el precio, sino experiencias y una concienciación local. Las grandes firmas, la locomotora que arrastra al resto de negocios, ven que el pequeño comercio lo hace bien, cuando siempre vemos al gran comercio para ser mejores”.

(Publicada originalmente en el número de octubre de la revista Plaza)

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