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¿coleccionas o especulas?

Cómics para millonarios

Los tebeos siempre han sido el hermano pobre de la cultura, pero ahora son objeto de deseo de los inversores. ¿Una nueva burbuja?

31/12/2016 - 

El cómic ha llegado a los museos para quedarse, demostrando que el largo y sinuoso camino del reconocimiento cultural y artístico de la historieta ha sido, finalmente, exitoso. El noveno arte forma ya parte obligada de la oferta cultural e incluso se puede decir que los tebeos están de moda: más allá del ruido mediático de las adaptaciones de famosos cómics a la gran pantalla, las novelas gráficas han ido poco a poco ganando espacio en las estanterías de las librerías para establecer un territorio propio sin marcha atrás posible.

Nadie duda ya del prestigio social del cómic, pero es posible que el mejor termómetro de este momento feliz de la historieta provenga, paradójicamente, de las salas de subastas más famosas del mundo: la certificación de que ya es un arte que se codea de tú a tú con el resto de disciplinas artísticas es su presencia ya habitual en los catálogos de subastas de Sotheby’s o Christie’s, que junto a pinturas, esculturas o valiosas antigüedades incluyen ya con normalidad originales de historieta que alcanzan cantidades que pueden llegar a millones de euros en el caso de autores como Hergé, el padre de Tintín.

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Es cierto que el cómic siempre ha estado presente como objeto de colección en los catálogos de las empresas de subastas americanas. El delirio del coleccionismo favoreció que las copias de los primeros números de los comic-books donde aparecían por primera vez personajes icónicos del género de superhéroes alcanzasen cifras millonarias ya en los años 90, llegando a romper todas las barreras con la popularización de las subastas por internet en el siglo XXI, donde un ejemplar en buen estado del primer número de Action Comics —donde debutó el personaje de Superman — alcanzó los 3 millones de dólares.

En paralelo, el coleccionismo de originales de historieta en Estados Unidos se movía con fluidez, pero desde números muy inferiores: durante los años 80 y 90 era fácil encontrar originales de autores famosos como Jack Kirby por menos de 300 dólares. Por un lado, el coleccionismo de originales era una afición muy reducida y, por otro, la oferta de originales era amplísima. Sólo hay que tener en cuenta que muchos de estos autores produjeron decenas de páginas mensuales durante décadas: miles de páginas al acceso de cualquier interesado no favorecían precisamente el que los precios se disparasen.

La Guillotina, la pionera

Mientras, al otro lado del Atlántico el coleccionismo se desarrollaba más lentamente, concentrado fundamentalmente en Francia y Bélgica, los dos grandes productores de cómic en el viejo continente. Las cifras que se movían eran superiores a las americanas por una simple ley de oferta y demanda: la producción de un autor europeo era generalmente muy inferior; además, el concepto de autoría más estricto de los europeos no favorecía la venta de originales, lo que hacía difícil que llegasen a un mercado cuyo mayor interés se centraba en las obras de los grandes clásicos como Hergé o Franquin, pero con suficiente entidad como para que comenzasen a aparecer iniciativas como la de Daniel Maghen, reconocido coleccionista que abriría las puertas de su galería especializada en bande dessinée en 2003 en París. En España, el coleccionismo de originales era más reducido si cabe, pero paradójicamente había sido pionero: en 1997 abría sus puertas en Valencia la primera galería de venta de originales de cómic, La Guillotina, un proyecto del ubicuo MacDiego junto a Julio Sánchez Telio que tuvo una vida breve en un mercado que no estaba preparado para su propuesta.

Poco a poco, el mercado de originales fue creciendo y la generalización de las subastas por internet favoreció que empresas fuertemente ligadas a este canal como Heritage o Artcurial focalizas en parte de sus esfuerzos en un naciente mercado que crecía con lentitud pero de forma sostenida, todavía centrado en los dos grandes mercados del cómic, Francia y EEUU. Los originales de los autores de la época clásica del cómic de prensa americano como Alex Raymond, Winsor McCay o George Herriman aumentaban sus precios en una progresión geométrica, al igual que los de sus colegas europeos, pero esta progresión se vuelve exponencial en el siglo XXI con una subasta que pasará a la historia: en 2012, Artcurial pone a la venta 700 objetos relacionados con Tintín, incluyendo bocetos de Tintín en el país de los Soviets o Tintín en el Congo, que llegan a alcanzar cifras por encima de los 50.000 euros. Pero será otra pieza de esa exposición la que dispare todos los records: el original de la portada de Tintín en América alcanza la escalofriante cifra de 1.338.500 euros. En 2015, Christie's recaudó 5,3 millones en un jornada en la que salieron a la venta 456 lotes.

No era la primera vez que la casa de subastas alcanzaba cifras millonarias con el cómic (un par de años antes las ventas de originales de Bilal habían superado ese montante), pero sí que lo conseguía con una sola obra. Un hecho que rápidamente atrae las miradas de las casas de subasta más reconocidas, como Christie’s, que se alía en 2014 con el galerista Daniel Maghen para sacar a puja 364 obras entre las que se encuentran las firmas de autores tan reconocidos como Franquin, Bilal, Pratt, Peyo, Tardi o Uderzo. El resultado no puede ser más exitoso, alcanzando casi los 4 millones de euros de recaudación. Casi simultáneamente, la otra gran casa de subastas, Sotheby’s se alía con otros reconocidos especialistas en originales de cómic como Bernard Mahé y Eric Verhoest para poner a la venta un impresionante paquete de obras que incluye autores clásicos y modernos como Winsor McCay, Frank Miller, Milo Manara, Crepax, Moebius o Schulz con resultados también millonarios. El interés por el cómic crece sin parar y comienzan a 'salir del armario' famosos coleccionistas de originales, como Steven Spielberg, Nicolas Cage, Guillermo del Toro o Santiago Segura

Fondos de inversión

En los últimos cinco años el mercado de originales no ha hecho más que crecer. Para el coleccionista español Jaume Vaquer, uno de los más reconocidos y colaborador con su colección de las exposiciones de casi todos los eventos de cómic que se realizan en España, el cambio no es súbito: «Las casas de subastas se interesan por cualquier tipo de coleccionismo. Ha habido subastas desde los años sesenta, la verdad. Pero lo que sucede no tiene tanto que ver con que participen casas de subastas como con fondos de inversión y similares. Cualquier buena pieza de coleccionismo ha visto dispararse los precios. Hay ahora mismo un montón de gente que prefiere invertir dinero en materiales de coleccionismo antes que en según qué obras de ‘arte’ o valores teóricamente más seguros. Sobre todo desde la crisis».

Una opinión compartida por otros especialistas que relacionan este auge también con un hecho sencillo: el arte moderno se ha dirigido hacia las grandes instalaciones, de precios desorbitados y muy difíciles de acoger por los coleccionistas privados en sus casas. El original de cómic devuelve la sencillez de un cuadro enmarcado en la pared y resulta más cercano para el coleccionista. Pero como indica Vaquer, este incremento de los precios puede tener un final dramático: «Si este auge de precios se mantiene o, como sospecho, llegará a un punto en que esta burbuja explote, es algo que tendremos que esperar para ver qué pasa», afirma el coleccionista. De momento, es la obra de los autores europeos la que marca el paso: «Los originales de autores franceses siempre han sido más caros que los americanos o los españoles», comenta Vaquer.

«Ahora sigue siendo un poco en la misma línea. Los resultados de los últimos Hergé son muy significativos. Los americanos eran mucho más baratos y el material actual sigue siéndolo. Lo que se ha encarecido de manera notoria son las piezas buenas de los autores más destacados. Un Little Nemo, un buen Flash Gordon de Raymond, una página potente de Los 4 Fantásticos de Kirby con acción a tope... Todo este tipo de piezas son las que se han disparado. Los grandes ejemplos de los grandes nombres».

En nuestro país la afición por los originales de cómic comienza a despegar, aunque, como reconoce Vaquer, «de momento, el mercado español está en pañales. Todo funciona de autor a coleccionista o de coleccionista a coleccionista. Poco más. Las subastas han sido más testimoniales que otra cosa». Un interés que se ha podido constatar en los diferentes salones de cómic que pueblan la geografía española, donde los stands dedicados a la venta de originales de cómic comienzan a ser habituales, con precios muy alejados de los que se mueven en las casas de subastas, pero con un número cada vez mayor de aficionados, que comparten su afición a través de portales especializados como ComicArtFans. Es más, en apenas unos meses han abierto sus puertas dos galerías especializadas en cómic en nuestro país: la madrileña El Arte del Cómic y la valenciana Pepita Lumier, que recoge veinte años después el testigo de La Guillotina. Junto a ellas no se puede olvidar otra iniciativa valenciana que se apunta a la venta por internet de originales, Yojimbo Comics. 

¿Será una nueva burbuja o es tan sólo la constatación de la entrada definitiva del cómic en el circuito del arte más reconocido? Es difícil hacer cualquier predicción, pero por una vez el optimismo parece invadir el mundo de la historieta: el cómic está de moda y lo está para quedarse.

(Este artículo se publicó originalmente en el número de agosto de la revista Plaza)

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