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 Primer Encuentro de Arte Contemporáneo 

Conexión Valencia-Lanzarote, islas de artistas

A propósito del Primer Encuentro de Arte Contemporáneo de Lanzarote repleto de gestores culturales surge un debate sobre las similitudes de Valencia con la isla y es que tal vez somos dos periferias muy vinculadas, en especial por jóvenes artistas

15/11/2016 - 

VALENCIA. No os que nos hayan entrado ganas a todos de volver a coger las maletas y volar en temporada baja con las nuevas ofertas de compañía lowcost que conectan desde hace un mes Valencia con Lanzarote en vuelos directos de pocas horas… No, la idea de estar tumbados en una playa paradisíaca con arena volcánica, nubes algodonadas y aguas azul turquesa seguro que no seduce lo suficiente porque, caray, está bien lejos ¿no? Y cuesta moverse. Siempre hemos tenido la idea de que las Islas Canarias, tan postizamente acopladas a la península en los mapas de meteorología, son de complicado acceso, billetes caros y largas escalas, cuando todo eso ya ha pasado y lo mejor es que viajar hasta ellas no es un mero ejercicio de piscina, toalla y playa. No, en absoluto. Precisamente en Lanzarote se reivindica cada vez con más ahínco la vida cultural de los isleños, sus centros culturales autogestionados, que luchan contra viento y marea –nunca mejor dicho- por conseguir pequeños apoyos, ayudas munincipales, para sacar adelante una programación expositiva, un festival, o sea, tienen nuestros Sporting Club Ruzafa e Intramurs, nuestro entusiasmo, mismas ganas y mismo talento, desde luego, cuando uno habla con los lugareños y conoce el tejido artístico se marcha con la idea de que en efecto allí hay talento a raudales que a menudo no llega trascender. 

Se quejan, los más jóvenes y los no tan jóvenes se quejan sobre todo de lo difícil y caro que es moverse hacia donde se supone que están los centros neurálgicos del arte. Eso es, pecan del mismo complejo provinciano que lleva a algunas personas a creer que por ser valencianas son menos o disfrutan menos que si fueran de, por ejemplo, Madrid. Recordemos la obsesión de los artistas recién licenciados hace unos años por trasladarse a la capital como fuera, pasando penurias, de cualquier manera, con tal de poder decir que tenían un estudio allí, que su base no era periférica si no central, a mucho honra. Luego pasó con Berlín, aunque lo de Berlín fue otra historia, porque los estudios eran relativamente baratos y parecía que además las obras se impregnaban de un glamour vaporoso que atraería a los mejores coleccionistas e instituciones, los hubo desilusionados con ellos, entonces y ahora. Pues exactamente los mismos razonamientos de agentes resistiendo desde lo periférico con cierto miedo a nunca dar un salto geográfico es lo que podía palparse en el ambiente. ¿Por qué? En gran medida porque están hartos, como aquí, de recibir un turismo con paupérrimo interés cultural, que duda ante pagar la entrada a un museo que en su ciudad valdría tres veces más; que viene a bailar, beber y soltarse la melena como no lo hace en casa, no a consumir arte.

Durante estos días se ha estado celebrando en Lanzarote un encuentro sobre arte contemporáneo, organizado desde el área de Cultura del Cabildo de Lanzarote, que dirige el consejero Óscar Pérez, con la colaboración del comisario de arte Adonay Bermúdez, lanzaroteño que de hecho acaba de aterrizar por primera vez en la Comunitat Valenciana para recorrer sus museos y galerías antes de comisariar una de las secciones de la feria MARTE de Castellón a partir del jueves. Dicho evento reunió a profesionales del sector artístico con jóvenes artistas cuyos portfolios vieron y comentaron, entre ellos, Fernando Gómez de la Cuesta, director de la Fundació Palma Espai d'Art del Ayuntamiento de Palma de Mallorca; Javier Díaz-Guardiola, periodista y director de la sección de arte, arquitectura y diseño de ABC Cultural; Marisol Salanova, colaboradora de Valencia Plaza que escribe estas líneas, crítica de arte y comisaria de exposiciones; Carlos Delgado Mayordomo, director de exposiciones de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Las Rozas y profesor de la asignatura "Práctica de crítica de arte" en la Universidad Nebrija, así como Yolanda Peralta Sierra, conservadora jefa en TEA Tenerife Espacio de las Artes (desde 2008) y Profesora del Departamento de Historia del Arte y Filosofía de la Universidad de La Laguna; y Frasco Pinto, director de la Galería Artizar (La Laguna).

Entre los artistas que participaron y mostraron su obra para recibir comentarios y recomendaciones se encontraba Daniel Jordán, nacido en Valencia, contaba que  cuando solo tenía dos años su familia se trasladó a la isla de Lanzarote, así que por su acento y su trayectoria se le considera más bien lanzaroteño. En 2002 llegó a Tenerife para comenzar los estudios de Bellas Artes en la universidad de La Laguna por motivos más relacionados con vivir la experiencia universitaria que por interés en el arte, según explica. En 2006 regresó a Valencia para seguir “explorando la vida universitaria en un sitio más grande”, aclara. Dos años más tarde obtuvo la licenciatura. Seguidamente, realizó en esta misma universidad el Máster Oficial de Producción Artística. “Sin darme cuenta el arte ya ocupa un espacio importante en mi vida. Los siguientes cuatro años transcurren profundizando en mi práctica artística, al mismo tiempo que trabajo de varias cosas para mantenerme. Durante este tiempo participo en exposiciones colectivas y obtengo algunas becas y premios sin mucha relevancia. En septiembre de 2014, tras un par de ventas esporádicas, decido dejar mis otras ocupaciones y trasladarme a la casa que tenían mis abuelos en Teresa de Cofrentes (un pequeño pueblo en el interior de la Comunitat Valenciana) para dedicarme únicamente a la producción de obra”, al relatar estos orígenes que lo vinculan de manera tan directa a la ciudad de Valencia algunos de sus compañeros apostillan su visión de este como un entorno que les ha sido también en algún momento familiar, que han pasado por aquí y lo han sentido como Lanzarote.

 Por ejemplo, Nicolás Laíz Placeres, también original de Lanzarote, reflexionaba sobre el exotismo y la construcción que hacemos de la naturaleza en las costas que reciben tanto turismo, de hecho, es lo que trata de transmitir con su producción; reflexionar a través de diferentes técnicas como el dibujo, la pintura, la escultura e instalación de conceptos como el paisaje, el exotismo y la construcción de la naturaleza como concepto cultural y social. Durante la conversación abordó el tema de los turistas que vienen a practicar algún tipo de deporte como los deportes acuáticos interpretando el acto tal que si fuese un cierto tipo de colonialismo. Ese turismo en sí no es malo, no es nocivo, pero tiene nulo interés por la cultural del lugar y mucho menos va a interesarse por el arte contemporáneo que se esté produciendo o dejando de producir en la zona. 

Cuando Daniel Jordán regresó a Valencia pensando que iba a un lugar más concurrido o con mayor proyección por el mero hecho de estar ya con un pie en la península no lo tuvo nada fácil. Es cierto que los costes de transportar obra desde las islas son mayores, desde cualquier isla, aunque estés en Baleares también es más difícil si tenemos mar de por medio… No digamos si existe la distancia geográfica que tenemos con Islas Canarias. Jordán regresó con la intención de terminar la carrera. “A partir de ahí, como suele ocurrir en estos casos, una serie de coincidencias (amistades que fui haciendo, sintonía con compañeros de la facultad, cursar algunas asignaturas determinadas, exposiciones que iban saliendo, etc.) han determinado que me haya quedado por aquí trabajando”, señala, y cuando dice “por aquí” no cae en la cuenta de que se refiere a Valencia pero estamos en Lanzarote mientras responde a la improvisada entrevista.

Le preguntamos qué diferencias y similitudes encuentra entre el contexto lanzaroteño y el valenciano en materia cultural. “La diferencia principal es que en Valencia -a pesar de que la gestión política haya hecho tanto daño al circuito artístico en los últimos años, hay más oportunidades para mostrar tu trabajo”, sentencia. “Sus condiciones en cuanto a ubicación, cultura galerística, museos y convocatorias no pueden compararse con las que ofrece Lanzarote, dónde son prácticamente inexistentes. Sin embargo, estamos al inicio de un momento muy esperanzador; en la isla últimamente han coincidido algunas personas en el ámbito institucional como Pepe Betancort y Oscar Pérez, o en la gestión cultural independiente como Adonay, que están dinamizando un panorámica artístico que estaba muerto”, añade con rotundidad. 

Iniciativas como un stand del Cabildo de Lanzarote en la feria “Justmadʼ16”, la reapertura del emblemático espacio “El almacén” o el “I Encuentro de Arte Contemporáneo de Lanzarote” eran impensables para los lugareños hace apenas un año. Tal vez exista un nexo entre periferias que podría llevarnos a unir fuerzas pese a la distancia geográfica, pero Jordán, pese al optimismo de algunos de sus compañeros, explica: “No creo que exista una conexión natural entre las diferentes periferias que rodean a las ciudades más importantes. Pienso que las colaboraciones surgen puntualmente, dependen de que coincidan en el tiempo dos o más personas ocupando cargos de relevancia proponiendo iniciativas que generen vínculos. 

 

De Valencia solo tiene buenas palabras. Guarda un bonito recuerdo de haber mostrado su trabajo en espacios como Centre del Carmen o la Fundación Chirivella Soriano. “También fue una alegría participar en el último “Call” de la galería Luis Adelantado; cuando llegas a Valencia y te dedicas al arte, esta convocatoria internacional se convierte en un objetivo”, su afirmación lleva a deducir que un artista encuentra, probablemente, más facilidades al mover su obra desde la península, la respuesta está en la cuestión aduanera: “En Canarias hay un grave problema con las aduanas, donde las obras son consideradas mercancías comerciales. Es mucho más fácil enviar una obra a cualquier ciudad de Europa que al archipiélago. En una gestión tan esencial para nosotros como mover nuestro trabajo, al artista canario se le penaliza mucho. Creo que esta falta de certezas es algo que ha caracterizado desde siempre esta profesión, aunque quizá nuestra generación se vea afectada por singularidades propias de esta época que nos estén volviendo más escépticos. Por lo pronto, yo voy a estar seis meses en Colombia para realizar una residencia artística en el espacio “Lugar a dudas”, donde espero seguir profundizando y explorando nuevas formas de dialogar con el público”, concluye, sin duda, de nuevo esperanzado ante un futuro que solo vislumbra en horizontes lejanos. 

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