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David Dolcini: «En València no se da una interconexión entre diseño, arte y moda»

| 16/06/2017 | 5 min, 27 seg

VALÈNCIA.- Su vida y su estudio se mueven entre València y Milán. David Dolcini nació en Italia y tras finalizar sus estudios en el Politécnico de Milán (2004) trabajó en Shanghai para luego regresar a la ciudad italiana y abrir su propia firma (2007). En 2012 abrió una nueva oficina en València, donde recibe a Plaza

­— Trabajas a caballo entre València y Milán, ¿resulta sencillo compatibilizar vida y profesión?

­— En Italia mantengo un estudio con dos personas y una de ellas es la responsable de desarrollo de producto. A primera hora de la mañana charlamos por skype y planificamos la jornada. Además, València es una ciudad muy bien conectada. Tal vez en otro lugar no podría gestionar mi trabajo igual.

­— Vives, por tanto, el diseño en ambas ciudades. 

­— Con ciertas diferencias. En Milán hay un desarrollo de la cultura en torno al diseño. Hay una interrelación entre el diseño y otras disciplinas como el arte. Milán no es una ciudad de producción, de cultura de proyecto. El tejido industrial se sitúa al norte —Porada o Riva están a 50 km— y Milán actúa como centro de una telaraña creativa que toca Suiza. Es un núcleo que genera ideas que se desarrollan posteriormente. En València, en cambio, el diseño, el arte, la moda... viven sus realidades de un modo más independiente.

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— Pero en Milán esa cohesión no surge de forma autónoma.

­— Claro, las instituciones públicas tienen un papel muy importante. Las empresas privadas, pese a que no estén relacionadas de forma directa, creen en el diseño y apuestan por él; igual que hace la prensa, que tiene un papel fundamental. En Milán las interconexiones son fértiles, cualquier éxito es fruto de la unión. Pero es necesario previamente conocer el valor del diseño.

­— Llegas a València en un momento complicado, en plena crisis.

­— En 2011 y 2012 València sufre mucho y el sector del diseño también, por supuesto. Mi trabajo tenía ya entonces una vertiente internacional por lo que no tenía tanta dependencia. Percibo, y en Milán también, que el diseño en la Comunitat Valenciana está creciendo por encima de otros polos de España.

­— ¿Te resultó fácil insertarte dentro del tejido creativo de València?

­— Vivía una frustración, la del extranjero que quiere trabajar aquí. Después me di cuenta de que estaba equivocado, se trataba de una situación temporal. Ahora no hago una labor intensa de promoción porque realmente no la necesito. La posibilidad de realizar más proyectos en la Comunitat Valenciana depende más de un trabajo de networking en el día a día, que admito, debería trabajar más.

­— ¿En qué proyectos estás embarcado?

­— Tengo un planning muy cerrado. Están los nuevos proyectos para Porada y Luceplan y voy a comenzar a trabajar de forma continua con el Instituto Europeo del Diseño. La agenda comienza a estar colapsada.

­— Trabajas con firmas de prestigio en Italia, ¿existen rasgos en común entre ellas?

­— Hablemos de Luceplan, por ejemplo. El hecho de que sea una marca muy conocida no implica que sea una empresa gigante. Todas tienen en común que trabajan como un mecanismo integral. Tienen una estructura interna muy clara, en la que cada engranaje trabaja de manera perfectamente coordinada para que el mecanismo no se resienta. No puedo hablar con detalle de las empresas españolas pero tengo la impresión de que hay un extraordinario talento que permite solucionar problemas rápidamente. En cambio, los roles no están tan delimitados.

­— Trabajas el diseño de producto pero también el expositivo o la dirección de arte.

­— He tenido la suerte de que mi formación ha sido muy amplia, trabajando, por ejemplo, con Roberto Palomba la dirección de arte. Enseguida te das cuenta de que todo está conectado. Hay proyectos en los que desde el producto alcanzas el espacio o la dirección de arte. En otros, como Arlexitalia, falta el producto y acabas por diseñarlo. Son vasos comunicantes. 

­— En muchos de tus proyectos se aprecia un interés por el trabajo artesanal con la madera. 

­— Es un interés generacional. Mi bisabuelo era carpintero y el mercado italiano de su época demandaba ataúdes. Mi abuelo transformó la compañía en una fábrica de puertas y ventanas, en la reconstrucción de Italia tras la II Guerra Mundial. Mi padre empezó en la empresa familiar —la dejó para trabajar con colectivos de minusválidos— pero mi tío sigue siendo carpintero y en mi estudio de Milán conservo herramientas con las que hago prototipos. En la empresa familiar aprendí el valor del trabajo artesanal. La madera hay que conocerla muy bien para trabajar con ella porque es un material que muta día a día.

­— ¿Tienen los proyectos de iluminación una complejidad añadida?

­— Como decía Bruno Munari, el proyecto es proyecto. Si la metodología es fuerte puedes aceptar cualquier reto. El aspecto tecnológico es más complejo, pero en iluminación he aprendido con referentes como Alberto Meda. La forma en la que te acercas al proyecto es similar —las preguntas que te haces al comenzar son las mismas—, aunque el cliente siempre tiene una identidad diferenciada. 

­— El mueble de baño permanece un tanto a la sombra, cuando es una opción muy interesante de desarrollo profesional.

­— Es una cuestión histórica, aunque está cambiando. El diseño ha consagrado objetos icónicos (mesas, sillas) aunque ahora adquieren importancia objetos relacionados con la tecnología. Respecto al baño, la intimidad en el hogar ha ganado valor: importa la bañera, las mamparas, la luz, la grifería... Citterio o Palomba entendieron este cambio de concepto hace diez años. El Design Export Lab italiano ha seleccionado a diez diseñadores para promocionar la marca Italia ante dealers internacionales. ¿Cuál es el tema? El agua. Este ejemplo te puede dar una idea clara de ese cambio.  

* Esta entrevista se publicó originalmente en el número 32 de la revista Plaza

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