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LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR

Devoción por Patti Smith, la música y la literatura

1/07/2018 - 

VALÈNCIA. Hablando de Devoción, decía Patti Smith en una entrevista que cada acontecimiento importante de su vida está relacionado con un libro. Patti Smith siempre ha vivido sus experiencias artísticas con voracidad, con una pasión tan grande que hace pensar si cada una de esas obras y artistas no se habrá presentado ante ella como una nueva vida.

Esa devoción a la que hace referencia su última obra es real, ha estado ahí desde el principio de sus tiempos. Ha sido la fuerza que la ha llevado a convertirse en la artista que es. Patti Smith quiere tocar la silla donde se sentaba Roberto Bolaño, se conmueve al tener entre las manos un manuscrito de Proust, peregrinó a París para visitar las tumbas de Jim Morrison y Óscar Wilde. Cuando la descubrí, siendo yo un adolescente, me fascinaba esa capacidad suya para admirar. La devoción que la hacía mezclarse con la figura y la obra de sus creadores favoritos con la misma necesidad con la que un adolescente se entrega a sus ídolos. En ese sentido –en otros también-, Patti Smith fue un modelo a imitar. A imitar no porque tuviera que entrenar para ser así, sino para intentar canalizar esa pasión que a mí también me poseía, consciente de que dejándome llevar descubriría quién era.

Foto: Lynn Goldsmith

Libros y música

Los acontecimientos importantes de mi vida no están vinculados a libros, sino    discos y canciones. Los libros son muy importantes pero si seleccionara los que lo son, no sé si el mosaico biográfico reflejaría lo mismo que si lo hiciera con canciones. Mis libros están vinculados sobre todo a personas. Son historias que navegan dentro de una colección de relatos y cada uno de ellos es mi relación con cada una de esas personas. Esteban es Borges y Cortázar, Di Benedetto y Levrero, Landero y Millás. Agustín es su propia obra. Víctor es los libros que él mismo publica, los libros de los que me habla y que no conozco; también es el mío, mi primera novela. Fernando es Felipe Benítez Reyes y Carlos Marzal. Marinela es Murakami, Kawabata, literatura japonesa. Juande es Stefan Zweig y Gil de Biedma. Xavi y Nedi son Colm Tóibín, Jeffrey Eugenides, Chirbes. Mi padre es la Historia Ilustrada del Cine de Renné Jean y Charles Ford. Y Amparo, una amiga de mi adolescencia, unos años más mayor que yo, es Babelogue, el primer libro de Patti Smith editado en España, publicado allá por 1979.

Pequeños cambios químicos

Pero como decía antes, si he de vincular capítulos de mi vida a algo, lo haría a discos o canciones. Y así saldría una recopilación tan inclasificable como mi propia existencia, como cualquier existencia. Es más, hay discos y canciones que le han dado carta de naturaleza, a ciertos momentos que, sin el combustible emocional e intelectual que me ha proporcionado esa música, no habrían sido más que otro pedazo más de rutina. Cambiamos durante el tiempo que escuchamos una canción que nos gusta y nos emociona.  Son cambios pequeños, imperceptibles para el exterior, pero dejan huella. Es maravilloso volver a una canción que llevas cuarenta años escuchando y comprobar que todavía altera tu composición química, y te hace volver al momento en el que la sentiste por primera vez. Recuerdo, por ejemplo, la primera vez que escuché ‘Gloria’, de Patti Smith. El calambre que desde hace cuatro décadas me produce el crescendo de ‘Land’. El estado de éxtasis espiritual al que me transporta ‘Easter’.

¿Por qué escribir?

Patti Smith hace música y escribe, pero lo esencial para ella es escribir. En la citada entrevista comenta como, a lo largo de casi cincuenta años, no ha compuesto más de cien canciones. Yo sólo sé escribir, no tengo muchas alternativas para expresarme más allá de poner sobre papel ese caos que me acompaña desde que tengo uso de razón. En Devoción,  Patti se pregunta, y a continuación se contesta a sí misma, acerca de las fuerzas que nos llevan a escribir. “¿Cuál es el sueño? Escribir algo bueno que sea mejor de lo que soy yo, algo que justificaría mis intentos e indiscreciones. Ofrecer una prueba, a través de un barullo de palabras, de que Dios existe”. Sólo por frases como esta, que condensan en unas pocas palabras lo que uno ha querido decir o escuchar durante años, merece la pena Patti Smith, merece la pena vivir acompañado por un libro. Libros que se sustituyen unos a otros, creando una línea continua de conocimiento, una película protectora como una piel invisible.

Los recuerdos llegan por escrito

Los libros de prosa de Patti Smith siempre son atractivos. Éramos unos niños, la obra más exitosa de cuantas ha hecho en cualquier de sus facetas, nació de una promesa hecha junto al lecho de muerte de Robert Mapplethorpe. Él le pidió a la que fue su alma gemela, la cómplice en sus primeros años de formación como artista, que contara la historia de ambos. Ella lo hizo transformando lo real con naturalidad, diluyendo lo extraordinario en algo aparentemente sencillo. Éramos unos niños es un libro hermoso, una realidad transformada en ficción por obra de la literatura. M Train carece de la vertebración narrativa y el contexto histórico que hizo del libro anterior un clásico, pero también posee momentos de una arrebatadora belleza. Son pasajes que giran siempre en torno al hecho de la escritura como ejercicio redentor de uno mismo, como acto de chamanismo –Patti Smith es el chamán hecho mujer-. Son pasajes que también nos revelan a la autora como guardiana de la memoria de una serie de héroes –Lou Reed, Mapplethorpe, Ginsberg, Sam Shepard…- de una época que terminó mucho antes de lo que pensamos y que con cada nueva muerte, se difumina más hacia el pasado.

Cuando era un crío y escuchaba a Patti Smith y leía sobre ella en Vibraciones o Disco Expres, me contagiaba su pasión por Rimbaud y por los Rolling Stones. Esa determinación por ser artista, por demostrar quién era, la  necesaria vehemencia de su discurso pasó a ser un modelo que entonces nunca seguí. Ahora, salvando siempre las distancias y teniendo en cuenta los tiempos, ese modelo me resulta mucho más fácil de seguir, más lógico. Ni en su caso ni en el mío se han apagado la pasión y la admiración hacia los maestros,  ni el interés por toda aquella novedad que cuente con ese poder transformador. Ahora, toda esa energía tiene otra cadencia, pero es la diferencia entre lo que para mí es lo verdadero y lo falso. El tiempo consigue que al fin sepamos lo que significan ciertas cosas incluso si pertenecen a nosotros mismos. Como dice Patti Smith en Devociones. “¿Por qué escribimos? Porque no podemos limitarnos a vivir”.


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