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Diseño en el supermercado:  marcas ya no tan blancas

Las marcas propias de los supermercados han pasado de ser la opción barata y casi pirata a convertirse en sinónimo de calidad y abanderadas del diseño para competir con las marcas líder

23/04/2017 - 

VALÈNCIA.- El origen de las marcas blancas (o marcas de distribuidor) se remonta a la apertura de la tienda de alimentación del matrimonio inglés Sainsbury’s, hace ya 150 años, en la que vendían sus productos ya envasados a modo de autoservicio, para lo cual tuvieron que recurrir al diseño para dar con soluciones de envases consistentes, prácticos y también atractivos para los clientes. Tras la Segunda Guerra Mundial, Leonard Beaumont pasó de ser colaborador externo a convertirse en el primer diseñador en plantilla de la empresa, con un ojo puesto en lo que hacían los norteamericanos y otro en la simplicidad tipográfica del diseño suizo. 

En los años sesenta Peter Dixon entró a dirigir el departamento de diseño de estos supermercados, el Sainsbury’s Design Studio, y fue cuando verdaderamente la revolución del diseño de packaging llegó a los lineales ingleses con una nueva identidad de marca propia que a día de hoy sigue siendo un referente. Algo que surgió de forma natural, como un mecanismo para abaratar bienes de primera necesidad, y que hoy en día ha convertido a la segunda cadena de supermercados del Reino Unido en pionera del diseño de envases.

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Esto que los anglosajones llaman private-label o marcas fantasma no llegaron a España hasta finales del siglo pasado, con la cadena Simago como una de las primeras en empaquetar sus productos propios con un diseño tan aséptico que dio nombre a estas marcas (blancas). El argumento que más caló en nuestro país para fidelizar a los consumidores era que al no invertir en publicidad no se repercutía ese coste al cliente. Y así es cómo rápidamente se las relacionó como las segundas marcas de las principales líderes del mercado, marcas decentes y low cost, que a menudo imitaban los diseños de las primeras marcas para pescar clientes confundidos con la estrategia de la trampa que por suerte poco a poco se ha ido abandonando.

(Lea el artículo completo en el número de abril de la revista Plaza)

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