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cristina durán y miguel Á. giner bou novelan la tragedia del accidente del metro

"El día 3": Cuando los valencianos mirábamos hacia otro lado

Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou presentan "El día 3", la adaptación del libro de la periodista Laura Ballester sobre la tragedia del accidente del metro y cómo la sociedad valenciana prefirió seguir en una fiesta que no se acababa nunca y dar la espalda a las víctimas

7/02/2018 - 

VALÈNCIA.- El jueves 8 de febrero comienza para Miguel Á. Giner Bou y Cristina Durán una etapa maratoniana, la de presentar allí donde puedan su último (de momento) trabajo: El día 3 (Astiberri), un relato sobre el accidente de la línea 1 (hoy línea dos) de Metro Valencia. A las 13.03 del 3 de julio de 2006, cuando enfilaba la última curva antes de llegar a la parada de Jesús, dos vagones volcaban dejando 43 muertos y 47 heridos. Lo que comenzó ese día fue uno de los episodios más vergonzosos de la historia de València. Once años más tarde, la historia sigue sin tener un final. El tandem creativo (y pareja en la vida real) atiende a Culturplaza antes de que su libro llegue a las librerías. En esta entrevista, a veces habla uno en nombre propio y otras en nombre de los dos. No acude a la cita la periodista de Levante-EMV Laura Ballester, que se fue a un lugar mejor (de vacaciones a Chile). Aún así, está presente en la conversación: sus amigos no le olvidan.

— ¿Cómo se os ocurrió trasladar al cómic una historia como esta?

— Cristina.: Vino a nosotros. El accidente nos pilló en un mal momento, cuando nació nuestra hija Laia y nos enfrentamos a todo lo que contamos en Una posiblidad entre mil. Con el tiempo sí que empezamos a conocer lo que pasaba, pero también fuimos víctimas de la estrategia del olvido que se tejió desde la Generalitat. Hasta que un día Laura Ballester vino a Benetusser a presentar su libro Lluitant contra l’oblit. (Sembra, 2014). Miguel Ángel fue al acto y cuando volvió estaba entusiasmado y me convenció en un minuto.

— Y encima os dan el premio Ciutat de Palma 2016

— Cristina.: Sí, eso ha sido fundamental para que hayamos podido dedicarnos casi exclusivamente al proyecto y acabarlo en menos de una año, pero para entonces ya habíamos empezado, hasta habíamos hablado con Astiberri. La diferencia es que sin el premio hubiéramos tardado tres años.

— Además, habrá edición en valenciano.

— Cristina.: Sí, la editorial se ha portado muy bien. Entendieron que mucha gente tiene que leerlo en su idioma, porque también es su historia.

— A nivel creativo ha debido de ser un gran reto. En Una posibilidad… o La máquina de Efrén habíais tocado temas de contenido social, y con una gran carga emocional. Pero aquí los protagonistas son otros. ¿Os obligó a cambiar la forma de trabajar?

— Cristina.: Básicamente, siempre trabajamos igual. Miguel Ángel se encarga de la escritura y el story board, y luego yo hago los dibujos y él acaba por poner el color. Normalmente nos ponemos de acuerdo pero si no, en la parte gráfica mando yo y en la escrita él. Eso no ha cambiado. Aquí la diferencia era esa, que no hablábamos de nosotros y que teníamos una historia con la que nos podíamos identificar pero que no era nuestra historia.

— Miguel Á.: Aquí ha sido muy importante la aportación de terceras personas, como Laura Ballester que tiene toda la historia en la cabeza, Rosa y Beatriz Garrote (presidente actual y expresidenta de la Asociación de Víctimas del metro 3 de julio) y de muchos de los afectados. Por un lado ayudaba con los detalles, pero sobre todo para hacer una historia que no hiciera daño, que se pudiera leer pero sin perder el contenido trágico pero sin hurgar en la herida. También estamos en deuda con Barret Cooperativa Valenciana, cuya web 0Responsables y documental La estrategia del silencio fue fundamental para documentarnos.

— A eso, creo, que habría que sumar el reto narrativo. Hay protagonistas colectivos e individuales, distintos niveles de narración, escenas durísimas que se resuelven con metáforas cargadas de simbolismo…

— Miguel Á.: Es evidente que esta es una historia que no hubiera podido haber sido nuestro primer cómic. No habríamos sabido cómo hacerlo. Pero yo siempre le digo a mis alumnos que hay que salir de la zona de confort y eso hicimos. Al principio intentamos seguir el esquema de Laura Ballester, más temático, que avanza y retrocede, pero no funcionaba en cómic. Por suerte sabía que eso podía ocurrir y todas las escenas estaban estructuradas de manera que empezaban y acababan con la página. Un día las cogimos todas, las pusimos sobre la mesa, y las reordenamos.

— Sí, pero pasáis de la intimidad del piso de dos víctimas —ficticias, que son un símbolo de todos los afectados— a desgranar un documento jurídico, luego reconstruís la investigación, os metéis en el sueño de una niña que ha perdido a su madre… Normalmente contáis una historia de manera bastante lineal, que avanza, pero siempre es un punto de vista.

— Miguel À.: Cuando no sabes cómo hacer algo tienes que buscar a alguien que se haya enfrentado a un reto parecido y ver cómo lo superó. Para nosotros la inspiración nos vino con Spotlight (Thomas MCarthy, 2015), y en menor medida con Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976). Por un lado está la historia de los periodistas, luego está la investigación, lo que supone a nivel social, los diferentes estamentos afectados… Así, el primer reto fue entender todo lo que había pasado, no solo con el accidente en sí, sino con las víctimas, la sociedad, los políticos… y luego ya lo pude volcar en el guión.

— Luego está la cantidad de elementos metafóricos. No quiero hacer spoiler, pero el color rojo es casi un protagonista. Y luego los rostros de los personajes que nunca salen.

— Miguel Á.: Eso lo tuvimos claro desde el principio, que no se les viera la cara. La primera idea fue difuminarles la cara, pero no funcionaba.

— Cristina.: Sí, yo no tenía ningunas ganas de dibujarles, ese era mi nivel de indignación. Por eso al final decidimos hacer que sus caras fueran una especie de tentáculos, que ayudan muy bien a mostrar cómo enredaban a la gente. Los tentáculos aparecen también en otros momentos, y como metáfora son muy potentes. También parecen gusanos, que es una metáfora recurrente en la narración.

— A veces, optáis por otra aproximación: que la cabeza esté fuera de la viñeta. El efecto es brutal.

— Cristina.: Eso ya aparecía en Una posibilidad… Cuando los médicos nos explican lo que le pasa a nuestra hija a veces salen como bastas de médicos sin cara, oíamos lo que decían pero no les veíamos. Además, es para distinguir. Cotino, Camps… y los demás no siempre fueron malos, puede que a veces incluso quisieran hacer lo correcto y no supieran. En esos momentos es cuando salen así.

— Me interesa volver a las metáforas. Nunca habían tenido tanta importancia en vuestros cómics.

— Cristina.: Yo cuando dibujo me pongo un tipo de música o radio que me inspira, pero para El 3 día me ponía las comparecencias de las comisión de las Cortes y también escuchaba los testimonios de las víctimas una y otra vez. A veces lloraba y una metáfora era la mejor manera de contar algo que descrito no tenía ni la mitad de fuerza, a veces no era lo que pasaba sino lo que el hecho representaba. Hubo una crueldad hacia las víctimas difícil de explicar con palabras.

— Miguel Á.: Además, una cosa que teníamos clara era que no debíamos ofender ni molestar. ¿Qué sentido tenía recrear la escena del accidente más allá del amarillismo o el sensacionalismo? Ninguno. Las víctimas leían las páginas a medida que salían y nos ayudaban con datos técnicos , corrigiendo errores… pero aceptaron muy bien lo que presentábamos y jamás nos pusieron ninguna pega.

— El título también tiene un importante carga simbólica. Alude al día de cada vez que durante años la asociación de víctimas se concentraba para exigir justicia mientras muchos mirábamos hacia otro lado.

— Cristina.: Sí, pero hay que recordar que no todo el mundo miró hacia otro lado. Desde la asociación nos pidieron que incluyéramos un recordatorio a todos los que, en mayor o menor medida, les acompañaron a lo largo de todos esos años. Ahí están Xavi Castillo, Pau Alabajos, la Fundación Valencianista y demócrata, Barret Producciones, la asociación de vecinos de Patraix, la federación de vecinos de València… Y también hubo gente que cambió de actitud con el tiempo ¡Hasta en Canal 9 pidieron perdón! El problema de Consell no es que se equivocaran, es que jamás quisieron rectificar.

— En algunos momentos, tanto la Generalitat como Ferrocarriles de la Generalitat demostraron una miseria moral y humana difícil de entender. A veces, en lugar de extenderos, os basta una simple viñeta, una simple alusión, para que salga una mano de la viñeta y le de un tortazo al lector que le deja con las orejas haciendo palmas.

— Cristina.: Es que fue tan fuerte lo que pasó que si fuera un relato de ficción no funcionaría, nadie te creería. Es, por ejemplo, cuando celebran el aniversario un día antes y no invitan a algunas de las familias de las víctimas. Acuérdate de que en cada aniversario la firma HM & Sanchis [cuyo consejero delegado era Jorge Feo] sacaba una nota de prensa para ocultar las reivindicaciones de las familias de los afectados.

— Miguel Á.: O cuando Camps pidió perdón… ¡A los usuarios de Metro Valencia

— Es curioso que todo el mundo se acuerda de lo que hizo el PP, pero se nos ha olvidado el papel del Arzobispado de Valencia, cuyo titular era Agustín García-Gasco. El arzobispado ha conseguido quedar casi al margen de toda la corrupción que rodeó la visita del Papa, como si no hubieran tenido nada que ver, y mucha gente ha olvidado también su papel en la tragedia del metro. Vosotros no.

— Cristina.: El arzobispado se portó fatal. García Gasco acudió con Rita Barberá a la inauguración del famoso monolito dedicado a las víctimas que se levantó sin consultar a nadie, y no solo se negó a oficiar una misa por los muertos, sino que tampoco dejó que Honori Pascual, un sacerdote que se había volcado con los afectados, lo hiciera.

— Miguel Á.: Acuérdate también del Papa, que fue a rezar cinco minutos, a razón de cuatro segundos por muerto. Al principio, íbamos a incluir más cosas sobre el Arzobispado pero nos alejaba un poco de la narración y lo dejamos.

— ¿Os imagináis que algunos de los aludidos se leen vuestro cómic?

— Miguel Á.: La verdad es que me cuesta imaginarlos leyendo

— Cristina.: Hombre, tampoco es eso [se ríe].

— Miguel Á.: Bueno, no digo que no lean informes o cosas de esas, pero no me los imagino consumiendo cultura, la verdad. Y menos leyendo un tebeo.

— Pero ¿no sería la venganza perfecta que un día, aburridos en la cárcel, encuentren en tebeo y lo lean por curiosidad?

— Miguel Á.: La verdad es que no lo había pensado; por si acaso voy a mandar una docena de ejemplares a Picassent.

— Ahora os toca defender vuestro cómic urbi et orbi. Pero esta vez hay algo más en juego, ¿no?

— Cristina.: Sí, no se trata solo de presentar el libro sino de que la gente conozca lo que pasó y que no lo olvide. Hay que seguir luchando contra la estrategia del olvido que tan buen resultado dio. Además, la historia todavía no se ha acabado. Todavía hay un recurso en la Audiencia Provincial contra el último decreto de archivo.

— Para terminar. Igual es prematuro pero ¿algún proyecto en mente?

— Cristina.: La verdad es que sí. Es lo que hablábamos antes de salir de la zona de confort. Yo estoy en conversaciones con un guionista y Miguel Á. también tiene un proyecto con otro dibujante. Nos separamos temporalmente como equipo creativo… pero no como pareja.

 * "El día 3" (Astiberri) se publica el día 8 de febrero en castellano y valenciano y se presentará en el MuVIM el próximo 16 de febrero (19 h.).

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