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Mostra de València

Mostra: El desafío de recuperar el tiempo perdido

En 2011, con la crisis como telón de fondo y una trayectoria cada vez más errática, el festival bajó el telón. Ahora, después de tres años de gobierno de La Nau, el Ayuntamiento ha decidido revivirlo tal y como prometió. Las perspectivas son buenas, aunque las dificultades no han desaparecido

9/10/2018 - 

VALÈNCIA.- «Un festival internacional nacido para ser referente cultural de la ciudad de València, escenario de encuentro cinematográfico entre los países de las dos riberas del Mediterráneo; un festival de cine para estrechar lazos de amistad y profundizar en la idiosincrasia cinematográfica mediterránea». Rita Barberá, a la sazón alcaldesa de València, prologaba así el libro conmemorativo XXV Mostras [sic] de Cine. Valencia, 1980-2004, coordinado por Miguel Tejedor Sánchez. ¡Qué cosas!, porque siete años después solamente, entre el 7 y el 14 de abril de 2011, y todavía con la popularísima señora de rojo blandiendo la vara de mando municipal, el festival celebraba su última edición, la trigésimo segunda, con la muy rubia actriz estadounidense Daryl Hannah como homenajeada, y con el subtítulo de Festival Internacional de Acción y Aventura... La crisis, dijeron entonces los firmantes de la defunción. Aunque poco después se pudo comprobar (porque saber, ya se sabía de largo) que el dinero sucio desbordaba numerosas y malolientes alcantarillas político-empresariales. La crisis, insisten muchos todavía hoy...

Desde entonces hasta ahora, seis años de oscuridad total si no hubiera sido por la asociación ciudadana Mostra Viva del Mediterrani, impulsada por unos amigos liderados por Vicent Garcés —presidente de honor—, quien saluda efusivamente y festeja como objetivo alcanzado el regreso de una iniciativa cultural que él mismo puso en marcha en 1980, siendo concejal de Cultura del alcalde Ricard Pérez Casado. Con el lema Un espacio de libertad, fue la primera y única vez que el certamen se llamó Mostra de Cinema Mediterrani i Països de Llengües Romàniques. La cita, como seguramente no podía ser de otro modo, se inauguró aquel ya lejano 6 de noviembre, en la pantalla de los desaparecidos cines Martí, con la proyección de Bienvenido, Mister Marshall, una de las obras maestras del realizador valenciano Luis García Berlanga. «Aquí os traigo esta morralla», dijo entonces el añorado y socarrón cineasta, según se recuerda en el citado libro.

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En fin, que será el próximo día 18, jueves, cuando se materialice ese objetivo que Garcés celebra con igual, si no más intensidad que su vicepresidenta en Mostra Viva, Giovanna Ribes, alma inquieta del feminismo, el cine y la docencia, y que, con él, suspira por un Mediterráneo unido, en movimiento continuo y solidario a través de la cultura. Una Mostra de València, la número 33, recuperada por voluntad del tripartito (PSPV-PSOE, Compromís y Podemos) que gobierna desde hace tres años el consistorio del Cap i Casal, con Glòria Tello a la batuta del área de Cultura.

Tres años ya con Joan Ribó como alcalde. Tres años durante los que no se materializó  la promesa electoral de recuperar la Mostra de València. Se cumple ahora y en plazo, es cierto, pero con la fecha de las próximas elecciones ya marcada en rojo en el calendario. Y he aquí, precisamente, uno de los posibles talones de Aquiles del festival. Porque, si otros partidos ganan en las urnas, ¿tendrá continuidad la Mostra? Tampoco el tiempo juega a favor. La nueva dirección del certamen se presentó en público agonizando ya abril, y, no nos engañemos, seis meses largos no son el lapso idóneo para organizar un festival de cine comme il faut, sin prisas, esas fatales consejeras. Son dos importantes estorbos. Pero ni mucho menos los únicos que algunos sectores de la sociedad valenciana oponen al regreso del festival, cuando menos en estas circunstancias. Por ejemplo, el abultado número de citas cinematográficas con que cuentan ya València y la Comunitat (¿no sería mejor —se preguntan— dedicar todo el esfuerzo a Cinema Jove o, en su caso, fusionar ambas propuestas?). ¿Y qué ocurre con el perdido posicionamiento internacional del festival? ¿Hay, en 2018, público suficiente para películas que no serán precisamente de lo más comercial? ¿Por qué era necesaria una dirección bicéfala? Preguntas y discrepancias. Bienvenidas sean, que la unanimidad embota.

* Este artículo se publicó originalmente en el número de octubre de la revista Plaza

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