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Quienes lo padecen tardan una media de 1,7 años en consultar a su médico

Disfunción eréctil, el tabú masculino bajo las sábanas

No ‘dar la talla’ martiriza a muchos hombres que se resisten a reconocer el problema y a pedir ayuda. Sin embargo, vivir en silencio la disfunción eréctil puede acarrear nuevos problemas de salud y sociales. No hay una panacea, pero sí tratamientos. Todo empieza desterrando falsas creencias

11/07/2017 - 

VALÈNCIA.- ¿Cuánto debe medir? ¿Cuánto tiempo ha de durar? ¿Qué pasa si se viene abajo en plena faena? ¿Cuando llegue a viejo ya no se me levantará? Más que la idea de la sexualidad, la auténtica obsesión del hombre reside ahí abajo, entre sus piernas. A pesar de que la moda del macho man entró en declive hace tiempo —aunque los musculitos ‘tronistas’ de Mujeres y hombres y viceversa no acaben de enterarse—, en la mente de muchos varones persiste el arquetipo de la masculinidad de estar siempre potente y dispuesto a dar placer, y si es en muchos encuentros y con parejas distintas, mejor. El miedo al rechazo en caso de no dar la talla ante una mujer cada vez más exigente bajo la sábanas lleva a vivir en silencio una de las patologías más frecuentes en la salud sexual masculina: la disfunción eréctil (DE), la incapacidad de erección en plena efervescente excitación sexual.

En el refranero popular, las referencias y las mofas al miembro masculino y la actividad sexual son innumerables. Sin embargo, reconocer el problema de esta incapacidad, que puede ser recurrente o persistente a la hora de conseguir y mantener una erección suficiente para una relación sexual satisfactoria, se convierte en un suplicio para los hombres que la padecen. 

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«Es un trastorno que suele afectar profundamente tanto al hombre como a su pareja, pero es un tema tabú para muchos hombres, e incluso para algunos miembros de la profesión médica. Los hay que sienten vergüenza y tienen dificultades para abordar temas sobre su salud sexual. La mayoría prefiere que sean los profesionales sanitarios quienes les pregunten sobre las dificultades en la erección. Se estima que un hombre tarda una media de 1,7 años en consultar con su médico», explica la andróloga Ana María Segura, médico especialista en Medicina Sexual y Reproductiva de la Unidad de Andrología en el Hospital General Universitario de Alicante.

Por sus efectos físicos y psicológicos, como la disminución de la autoestima y el aumento de la ansiedad que puede derivar en depresión y generar estrés hasta crear un círculo vicioso que empeore el trastorno, muchos hombres niegan la existencia del problema por vergüenza o miedo a ser estigmatizados. Es un problema multifactorial cuyo origen no es exclusivamente psicológico. Una de las causas más importantes son las enfermedades y hábitos que afectan al aparato cardiovascular: hipertensión, la dislipemia (altos niveles de lípidos), el tabaquismo, la diabetes mellitus o la obesidad.

«La erección es un fenómeno complejo que implica un equilibrio entre un componente neurológico, vascular y varias estructuras anatómicas. A nivel mundial, la disfunción eréctil es muy frecuente, con una incidencia de hasta un 52% en hombres entre los 40 y 70 años. En España se detectó algún grado en el 12% de varones de entre 25 y 70 años, y una prevalencia en el 17,7% de los varones entre los 40 y 70 años. En Estados Unidos se consumieron pastillas de Viagra por valor de 2.000 millones de dólares en el año 2011. En muchos casos se desconoce el porcentaje exacto, ya que muchos pacientes no acuden al médico y su existencia no queda reflejada en las estadísticas», señala el urólogo Enrique Rijo, del Hospital Quirón de Barcelona.

El retraso en el diagnóstico y el tratamiento se debe en gran parte a los mitos que envuelven al tabú. Una de las creencias a descartar es pensar que la disfunción eréctil es algo inevitable con la edad. «Aunque su prevalencia pueda aumentar con la edad, los jóvenes también pueden tenerla por un problema transitorio como las infecciones de orina, el estrés, puede ser secundaria a diversas enfermedades, y debido a efectos secundarios de fármacos o consumo de drogas, por ejemplo», apunta el urólogo Rijo.

Tampoco es lo mismo que la falta de deseo o la eyaculación precoz. «Es imprescindible definir el motivo de consulta. Las alteraciones de la erección, eyaculación, libido y orgasmo son problemas diferentes que afectan a distintas fases de la respuesta sexual. En ocasiones, los pacientes no tienen muy claro qué les pasa y cuál fue el inicio de la disfunción, ya que una disfunción sexual puede llevar a otra», indica la andróloga Segura.

El hombre y sus fantasmas

En València, a la consulta del psicólogo y sexólogo Joan Vílchez llega todo tipo de perfiles para tratarse la DE. «Hombres que arrastran el problema durante años, la pareja está harta y vienen como una especie de ultimátum. Pero también vienen jóvenes con pocas relaciones y acuden con la preocupación de ‘quedar bien’ con una chica, en la intimidad de un coche o donde sea, cuando van de ligue. Otros vienen porque el problema lo tienen con la mujer: ellos evitan las relaciones y la afectividad y ellas piensan que hay otra mujer, que ya no les gustan o que son homosexuales», describe Vílchez. 

Cuando el origen es psicógeno, la ansiedad y el estrés suelen estar detrás de la mayoría de casos de bloqueo funcional de los genitales. «Veo a mucho pequeño empresario que al tener el trabajo en la cabeza y llevárselo a casa, sobreactiva el sistema simpático --—el que actúa en momentos de lucha, huida o paralización— pero inhibe el parasimpático, relacionado con la relajación. La adicción al trabajo se ve como un valor social de éxito, pero no como una patología, por lo que viene preocupado por su pene, pero no por todo lo demás. Le pregunto varios aspectos: si ha sido un hijo deseado, si hubo complicaciones en el embarazo o en el parto cuando él nació, quién lo crió, qué parejas ha tenido y su vida actual. Le toco varios puntos para detectar tensiones en el cuerpo: mandíbula apretada, cuello tenso, diafragma... La sexualidad se vive con el cuerpo. Hay que saber cómo funciona la persona en la cama y fuera de ella», advierte el sexólogo Vílchez.

Un prejuicio que perturba a quien padece DE es si el hombre siempre debe estar dispuesto para el coito. «Es un mito. A diferencia de la mujer, el hombre siempre ha tenido más acceso a la sexualidad y ha encontrado cauces para su desahogo y satisfacción. Le da una importancia desorbitada, como la esencia de la masculinidad o el eje de la persona. El pene está investido de poderes y expectativas sobrenaturales, y aparece el fantasma de no ser suficientemente hombre y se obsesiona por su funcionamiento. Es un mito que el hombre deba dar placer a la mujer. Aquí nos acompañamos los dos, el placer ocurre en el propio cuerpo, que se abandona en la excitación a las sensaciones, en una relación afectiva», recalca Vílchez. 

¿Es impotencia que el pene no aguante lo suficiente hasta que la mujer tenga un orgasmo o la dificultad de erección? Estas consideraciones, señala, son incompletas. «No debe olvidarse que hay mujeres que no llegan al orgasmo con la penetración vaginal. La cuestión es qué representa la penetración para el hombre. En algunos significa comprometerse y tienen miedo. La impotencia es algo más amplia, el no poder sentirte bien con tu sexualidad ni entregarte a las sensaciones sin que la mente esté controlando. A veces está el componente de hostilidad hacia la pareja o el trabajo que el hombre reprime, y en la disfunción eréctil, la rabia se vuelve hacia dentro y la energía no fluye. Los hombres son cada vez más sensibles y temen que no les valoren. Su pene expresa la tristeza que llevan encima, y les cuesta reconocer que eso les pueda afectar. Es una forma de detectar elementos depresivos», apunta Vílchez.

«Los hombres no lloran, eyaculan»

Pese a ser un trastorno frecuente y a tener información accesible, la DE no aparece en las charlas de amigos, ni siquiera bajo la típica excusa de que le pasa «al amigo de un amigo». «En una sociedad competitiva, piensa que no puede contar sus problemas con una mujer porque le mirarán mal o aprovecharán su debilidad. Se debe a la educación. La idea de que los hombres reprimen sus emociones se resume en lo que me dijo un día un amigo: «Los hombres no lloran, eyaculan», evacuan las emociones y las tensiones por el pene sin enterarse. Conocerse a uno mismo es muy importante. Hay mucho de actuación y poco de conexión con el otro. Es necesario el contacto real con los temores, la empatía y el diálogo con la otra persona. Antes el sexo era feo, y ahora parece un fracaso no acostarse en la primera cita. Los cuerpos necesitan un tiempo para acoplarse y sincronizarse, pero normalmente se hace una huida hacia delante», lamenta este psicólogo. Pero la disfunción eréctil no representa solo un problema psicológico. «Tiene múltiples factores de riesgo. La parte psicológica afecta como en cualquier otra enfermedad, lo cual agrava el problema, pero no es siempre la causa. El estrés, la ansiedad y la depresión también pueden ser una consecuencia de la DE», subraya el urólogo Enrique Rijo

Los mitos envuelven también a los tratamientos para combatirla. «Existe la idea generalizada de que solo se trata con Viagra u otros fármacos cuando hay múltiples tratamientos según la causa y el grado de disfunción. Muchos pacientes consultan al médico de familia o al especialista para solicitar la prescripción médica de una pastilla, sin saber que lo más importante es el diagnóstico y un tratamiento personalizado. También es falso que los que padecen hipertensión arterial u otras patologías cardiovasculares no pueden tomar medicamentos orales como el Cialis o la Viagra, cuando no aumentan la frecuencia de infartos de miocardio ni genera adicción. La cirugía de próstata tampoco produce disfunción sexual eréctil. Existen dos grupos de pacientes con patología prostática: la benigna (crecimiento benigno de la glándula prostática) y el cáncer de próstata. El riesgo está en el segundo grupo, pero el porcentaje depende del tipo de cáncer y de la técnica quirúrgica o terapia empleadas», describe Rijo.

La aparición de los fármacos vía oral ha favorecido la sensibilización y el conocimiento sobre la salud sexual, unido a los esfuerzos de sociedades científicas en animar a los hombres a consultar su disfunción eréctil. Sin embargo, la automedicación por internet se ha convertido en una de las vías para la población masculina, especialmente entre los jóvenes, a la hora de tratarse la DE. «Debería estar mucho más regulado. Es preocupante. El peligro está en no saber qué compran. Existen muchas imitaciones o falsificaciones, por lo que el principio activo lo desconocemos. Estos fármacos solo son efectivos si realmente se necesitan. La toma indiscriminada, sin una indicación adecuada ni asesoramiento médico de andrógenos, puede conducir a alteraciones como disfunción sexual y esterilidad, no siempre reversibles con el cese del consumo», advierte Segura. 

El uso de esteroides y otros anabolizantes puede producir un efecto antagónico y empeorar la disfunción eréctil. «En la población joven existe un grupo de pacientes que presentan hipogonadismo, una condición en la cual existe un déficit de la hormona testosterona que puede producir disfunción eréctil», explica el urólogo Rijo.

Pero ¿hay cura? Depende de la etiología —las causas del trastorno—. «En aquellos casos de causa fundamentalmente psicógena, generalmente secundaria a problemas laborales, familiares o culturales, la disfunción eréctil puede suponer solo un problema temporal con resolución completa. Cuando existe una lesión orgánica establecida, la resolución completa del síntoma no suele ser factible, pero es posible el tratamiento sintomático con éxito», concluye la andróloga Segura.  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 33 de la revista Plaza (julio / 2017)

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