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CASI FAMOSOS

Eric Jiménez (Los Planetas y Lagartija Nick): la verdadera historia

2/12/2017 - 

VALÈNCIA.  El teléfono móvil altera mi profundo sueño y vibra desde la mesilla de noche. ¿Quién coño osa llamar a las 5 de la mañana?

- ¿Sí? 

- Quique, soy Eric, estoy en València y no me quiero ir a dormir todavía, ¿sabes de algún sitio abierto a estas horas?

- Vete a la cama amigo, que mañana es el concierto.

Esto es verídico. Pasó. Y, claro, leyendo ahora el fabuloso libro de memorias que ha escrito el granadino, todo encaja: “Me gusta pillar un pelotazo veinticuatro horas antes de cada concierto, porque, como bien dice mi gran amigo Antonio Arias de Lagartija Nick, así toco como ‘toro apuntillao’, más calmado”. Efectivamente, 5 de febrero de 2010: ese mismo día tocaban Los Planetas, La Habitación Roja y Nacho Vegas en el Tinglado 2 de La Marina de València por los fastos de la segunda edición de la Copa del América. Después de aquel concierto nos liamos bastante. Se nos ocurrió montar una fiesta con todos los grupos a pocos metros de allí, en lo que por aquel entonces se llamaba 39º27N y hoy es Panorama. Precisamente Eric y yo hicimos todo aquel camino juntos y, claro, hubo varias paradas a respostar. Uf, vaya que si nos liamos. Pero, como de costumbre, eso ya es otra historia. 

Yo conocí a Eric (supongo que como muchos) enamorándome de él. Musicalmente hablando, claro. Me hice fan desde el minuto uno. Y es que, si amor es quedarse prendado de un desconocido, no apartar la mirada de alguien, lo mío fue (y sigue siendo) un flechazo. Diría que fue en un concierto de la Feria de Julio en los Jardines de Viveros, allá por el año 2001, cuando lo experimenté por primera vez. Aquella figura monumental, aporreando con decisión y certeza la batería desde la retaguardia de Los Planetas; ya me quedé loco. ¿Qué pasaba ahí detrás? ¿Quién era esa bestia que elevaba los brazos de esa manera, que golpeaba con esa contundencia, que hacía vibrar el esqueleto de la batería de semejante manera? El músico cuenta que a los 14 años -por aquellos días militaba en las filas de un grupo llamado KGB- comenzó a imitar a Budgie, el batería de Siouxsie and the Banshees, “copiaba sus movimientos y actitud. No llegué a alcanzar su técnica hasta después de muchos años”.

Luego, además, la cuadratura del círculo: viví en directo Enrique Morente y Sonic Youth en el añorado Greenspace en el año 2005. Sí. Yo estuve allí. El sonido del espacio fue imperfecto pero el espectáculo imperecedero. Y allí estaba él, contribuyendo con sus golpes a esa fusión eterna del flamenco y el rock que es Omega. Solo un genio puede acompañar la voz del Maestro con esa rabia, derramando todo el alma. Pero eso, hasta entonces solo era un admirador más. Luego, lo conocí, y lo admiré más…

Sucedió en un contempopránea

Fue en un Contenpopránea. Lo recuerdo como si fuera ayer porque en aquella edición, la de 2006, una guapa gaditana pasó (literalmente) por debajo de mis piernas. Hoy es mi mujer, pero eso también es otra historia. Aquel año, compartían cartel, entre otros, Tarik y la Fábrica de Colores (donde Eric también ejercía) y Sidonie. Acabar, ya de día, en el bar de la plaza de Alburquerque es uno de los encantos del festival extremeño. Y no me pregunten cómo, pero desemboqué, ya con el sol arriba, en la barra del vetusto lugar, entre Axel Sidonie y el bueno de Eric. Cada cual más pedo y locuaz. Sin duda dos de los mejores percusionistas del rock español. Gente luminosa con y sin baquetas. Transcribir lo allí conversado sería imposible, pero sé que fuimos felices, que hubo fraternidad y cariño, que comimos ancas de rana y bebimos cerveza hasta el mediodía. 

Por cierto, qué bonito grupo fue Tarik y la Fábrica de Colores. En 2008, a su paso por la Sala Wah Wah, les entrevisté y también guardo una bonita anécdota que define bien al personaje. Llegó el momento de hacerles una foto para ilustrar la entrevista y aparté a Álvaro Muñoz (líder del grupo) y a Eric a un lado de la calle Campoamor, junto a contenedor. El baterista se percató de una maleta abandonada y se le ocurrió cogerla y posar con ella para la foto. Lleva un niño dentro. Ya lo cuenta él en la novela: “Creo que jamás he vivido la edad que me pertenece, y esa es la razón por la que dentro de mí hay un niño que llevaré conmigo hasta que me muera”. Y, seguro, de todo ello también deriva ese amor sin mesura hacia su hija, Gabriela, a la que le corresponde su corazón y la preciosa dedicatoria del manuscrito. 

El espacio entre Los Planetas

En febrero de 2013 me asocié con Raúl Tamarit para traer a Lagartija Nick en los fastos del 7º Aniversario Vinilo Valencia. Antonio Arias, Lapido, Eric… era el aniversario del Inercia y para nosotros una ilusión, toda una consecución. Además, abrirían los nunca suficientemente valorados Doctor Divago. Noche redonda que acabó con todas las entradas vendidas y dos directos que jamás olvidaremos. 

Pero retrocedamos unas horas antes, a las pruebas del grupo andaluz. Eric llegó nervioso, había perdido el iPhone la noche anterior. Y, tras chequear sonido, me preguntó por la tienda Apple en Valencia. Quería otro igual ya. Me ofrecí a acompañarle, pero no sin advertirle que ese día había una manifestación de “La marea blanca” en todo el centro. Eso no le echó para atrás, así que decidí que fuéramos en metro. Se le veía muy alterado, algo más pasaba. Y fue en el interior de un vagón de la línea 5 que me contó que había tenido un desencuentro con otro componente del grupo, que las cosas estaban tensas. Peligraba, incluso, el concierto especial homenaje a Una semana el motor de un autobús que debían dar en unos meses después en el Primavera Sound. Alguna pista de ello da también en el libro: “Voy un poco dolido. Por cuestiones internas de la banda he estado a punto de no tocar en este concierto, lo que me habría producido una gran tristeza, pero pesaban mucho más las razones para estar en Barcelona interpretando las canciones de este álbum y sentir el calor del público”.

Ahora mismo todavía hay distancia, las cosas como son. No hay más que verlos como se mueven en esta última gira, la de 'Zona Temporalmente Autónoma'. Pero es que un grupo de rock no es tan diferente a una familia, hay temporadas que te apetece hablar más con tus hermanos y otras que necesitas espacio. Mucha “mili” juntos, mucha carretera. El mérito, en todo caso, es aguantar tanto tiempo (pocos grupos como ellos) y seguir despachando álbumes tan valiosos. Porque luego, suceden conciertos (o cenas familiares) y, aunque cada uno se siente en un lado de la mesa, surge la armonía. Incluso la rabia puede ser bien canalizada. Ahí están sus impecables directos de esta temporada. Porque al final triunfa el cariño, el respeto y la profesionalidad. Y aunque ya no salgan juntos a meterse “cuatro millones de rayas”, Los Planetas es un grupo ejemplar, ya historia, al que le queda mucho que decir.

No dejen por favor de leer el libro de Ernesto Jiménez Linares (su verdadero nombre), Cuatro millones de golpes (Plaza y Janés). Se enterarán, entre otras cosas,  de por qué comenzaron a llamarlo Eric. Pura frescura, muchos golpes y alguna que otra hostia. El viernes 15 de diciembre lo presentará en València (Go Bar). Luego actúa con Lagartija Nick -presentan nuevo disco, Crimen, sabotaje y creación- en Rock City. Ah, y sí, el gran Eric cerrará la noche valenciana pinchando en el George Best. Se avecina una larga y memorable jornada. Otra.

 


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