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GRUPO PLAZA

la familia batalla reduce su participación en obinesa al 45% tras la entrada de atitlán

Esto es lo que se queda Atitlan con los 60 millones que aporta para hacerse con la antigua Lubasa

9/08/2017 - 

VALÈNCIA. La entrada de Atitlan en el accionario de Obinesa Grupo Industrial con una participación del 55% permite al grupo inversor de Roberto Centeno y Aritza Rodero hacerse con el control de la que en su momento fue una de las constructoras de obra pública más grandes de la Comunitat, la antigua Lubasa, pero también del resto de sociedades del holding que la familia Batalla construyó en torno a ella, con ramificaciones en diversos sectores como la cerámica, la automoción o la gestión de residuos y participaciones conjuntas en negocios que van desde la sanidad al turismo. 

Tal y como adelantó este martes Valencia Plaza, la operación implica una quita de 360 millones de euros de la deuda financiera del grupo, que roza los 430 millones de euros. La firma inversora fundada por el yerno de Juan Roig adquiere esa deuda a cambio de aportar garantías por valor de 60 millones de euros. Ello le permitirá gestionar a partir de ahora un conglomerado que el año pasado facturó más de 350 millones de euros, dio empleo directo a más de 2.500 personas y que, sobre todo, ve reforzada su solvencia de cara al futuro al reducir su ratio de deuda sobre ebitda.

Con el acuerdo para la reestructuración de la deuda y la financiación de circulante, que este martes fue rubricado ya por entidades como Santander, BBVA, Popular o Bankinter, Atitlan tendrá una mayoría de control y la familia Batalla verá reducida su participación hasta el 45%, especificaron fuentes de la operación. Hasta ahora, el capital se repartía en idéntica proporción (32,13%) entre los tres hijos de Luis Batalla, fundador de Lubasa: Luis Enrique Batalla Reigada –a través de la firma Inherba del Mediterrani–, Otilia del Rosario Batalla Reigada –Unanimitas Cinco Capital– y Gabriel Alberto Batalla Reigada –Ivernumber–.

Según las mismas fuentes, este nuevo escenario permite cambiar el chip de una compañía que en los últimos ejercicios, como consecuencia del impacto de la crisis en su actividad principal, ha estado más centrada en negociar refinanciaciones con sus acreedores que en acometer nuevos proyectos. En verano de 2009 ya llegó a un acuerdo con las entidades para refinanciar 1.100 millones de euros de deuda.

En la actualidad, según explica Obinesa Grupo Industrial en la memoria que acompaña a sus últimas cuentas consolidadas, está vigente un plan de negocio hasta 2020 aprobado como parte de la renegociación de la deuda con un sindicato de entidades financieras cuyos hitos se estaban cumpliendo.

Atitlan, por su parte, subrayó que esta compra implica para ella redoblar su "apuesta por los sectores industriales y de servicios" y deslizó que seguirá contando con José María Martínez, el exdirector corporativo de Negocio de Empresas de Bankia en la Comunitat que los Batalla ficharon a principios de este año para pilotar el grupo empresarial como director general corporativo.

El grupo inversor destacó que aterriza en Obinesa "sin restricciones temporales de permanencia, siendo su apuesta participar de manera estable en el accionariado implicándose en la gestión". "El acuerdo alcanzado con la familia Batalla, propietaria del grupo Obinesa, permite a nuestro proyecto impulsar su apuesta por los sectores industriales y de servicios y aportar nuestra experiencia y conocimiento para acelerar el desarrollo de este grupo empresarial del que ahora formamos parte", aseguraron los cofundadores de la firma, Aritza Rodero y Roberto Centeno.

Roberto Centeno. Foto: EVA MÁÑEZ

Recuperación de las ventas

Aunque lejos del nivel alcanzado antes del estallido de la crisis, la cifra de negocios consolidada del grupo Obinesa se ha ido recuperando paulatinamente en los últimos ejercicios. Según especificó la empresa, las ventas de 2016 rebasaron los 360 millones de euros, muy por encima de los 291 millones de euros que facturó apenas dos años antes.

Según las últimas cuentas del holding familiar disponibles en el registro, correspondientes a 2015, el resultado de explotación volvió a arrojar beneficios, 22 millones de euros, en contraste con las pérdidas de 27 millones en 2014. Con todo, la carga financiera aún le hizo tener algo más de 6 millones de pérdidas. 

El ladrillo sigue siendo el motor del grupo a través de Becsa y de Durantia Infraestructuras –nueva denominación que adquirió Lubasa– tanto por cifra de negocio como de activos. A pesar de la caída de actividad en este sector, el negocio de la construcción sigue aportando prácticamente la mitad de los ingresos del grupo: 158,4 millones sobre 315, según las últimas cuentas disponibles. Esta rama del grupo centra su actividad en el desarrollo de infraestructuras y la prestación de servicios a través de sus actividades de construcción, materiales y concesiones.

Además de la construcción, las áreas de negocio fundamentales son la cerámica, a través del fabricante Saloni, uno de los mayores fabricantes internacionales de pavimentos y revestimientos cerámicos; y las concesiones de automoción, donde es propietario de varios establecimientos en Castellón de las marcas Opel, Mercedes Benz, Toyota, Smart, Honda y Lexus. Esta última rama aporta cerca de una quinta parte de los ingresos totales del holding.

Al margen de estas tres grandes divisiones, las sociedades dependientes del grupo operan en otros sectores como el medio ambiente (Tetma y RPB), los materiales para la construcción (Origen y Cementos Elite) o los aparcamientos (Lubasa Aparcamientos).

Obinesa y sus filiales también mantienen participaciones en decenas de negocios en UTE con otras empresas, principalmente concesiones administrativas en el sector de las infraestructuras y la obra pública. Una de ellas es Ribera Salud II UTE, donde Durantia conserva una participación del 2% heredada del paquete que se quedaron las constructoras del primer hospital que se construyó para funcionar con el conocido modelo Alzira. Dragados SA mantiene idéntico porcentaje en el accionariado.

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