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de modas

Eurovision 2018: Guía de anti estilo para participantes

El festival de Eurovision ha creado un sello propio, no solamente en lo musical presentando canciones “eurovisivas” que puedan conquistar al público europeo, sino también en cuanto a estilismos. Edición tras edición siempre se repiten los mismos patrones estéticos difíciles de digerir. Del brillo y la purpurina al estilo gótico pasando por el disfraz y otras rarezas. Así es el (anti)estilo de los participantes de Eurovision 

15/05/2018 - 

VALÈNCIA. Sin brilli-brilli no existiría Eurovision, eso es así desde sus comienzos. Es marca de la casa. Y cuantos más, mejor. Nos quejamos pero no podríamos entender un festival en el que no hubiera un destello cegador o un vestido bordado con exceso de pedrería. Es la fiesta europea de la música y todos sabemos que no hay fiesta sin brillos o purpurina. El tema se hace extensivo también al maquillaje con el riesgo de acabar pareciendo una maravillosa drag queen, como ocurre en cada edición. Este año, deslumbraron la representante de Australia y Eleni Foureira de Chipre con su mono cuajado de cristales de Swarovski.

Beyoncés de Europa

Muchas representantes se dejan llevar por la influencia del estilo Beyoncé mostrando estilismos donde hay más piel que tela y moviendo la melena a golpe de ventilador. Es un clásico eso de intentar rascar votos con escotes generosos y faldas cortas. Un clásico que resulta bastante casposo, sobre todo, en estos momentos. Aunque quizás casposo sea un adjetivo bastante eurovisivo, no sé. Lea Sirk, representante de Eslovenia intentó vender sensualidad aunque no llegó tampoco a eso y salió al escenario con sus bailarinas vestida con un body y unas transparencias difíciles de entender.

Góticos y vikingos

A los países nórdicos les encanta el estilismo gótico-heavy-vikingo. Si es todo a la vez acompañado de canciones con sonidos guturales o mucha guitarra eléctrica todavía más. Suelen actuar en grupo aunque siempre hay algún solista que arrastra su oscuridad por el escenario. Totalmente de negro con grandes botas, muchas capas de ropa y un abrigo largo. A rematar con ojos perfilados en negro y melena aparentemente descuidada. El gótico nórdico de manual lo lucieron este año el grupo Rasmussen de Dinamarca.

Los patinadores artísticos

Son cantantes pero por su modo de vestir parecen más patinadores artísticos. Ya saben, mucha lycra, colores brillantes y pantalones de dudoso corte para ellos. Además para aumentar la confusión suelen acompañar sus actuaciones con coreografías bastante absurdas, sobre todo, porque en su caso, al contrario que los patinadores,  no se deslizan con gracia sobre el escenario.

Disfraz, para qué intentar disimular

Es un planteamiento muy respetable cuando alguien decide elegir vestuario para participar en Eurovision. ¿Para qué disimular intentando vestir adecuadamente si van a acabar igualmente disfrazados? Por eso, muchos deciden actuar directamente disfrazados. No hace falta disimular, que es Eurovision. Además muchas veces su disfraz colabora en catapultarlos a los primeros puestos de la lista. Incluso logran ganar como el caso este año de Netta representante de Israel que disfrazada de geisha se hizo con la victoria. Chiquilicuatre, en su día, lo intentó como muchos otros pero a pesar del disfraz no tuvo tanta suerte como Netta.

Rarezas de festival

Son muchos los participantes y la premisa es llamar la atención, preferiblemente con una gran calidad musical o una canción pegadiza. Si no se puede, siempre nos quedará la moda para intentarlo. Es el caso, por ejemplo, de Estonia que apostó por un impresionante vestido-mapping de 65000 euros con una falda blanca de larguísima cola en la que se proyectaban diferentes imágenes y efectos.

Crónicas vampíricas  

En todos los festivales de Eurovision siempre se cuela algún vampiro o vampiresa. Esta vez vino desde Ucrania y se volvió sin haber podido incar el colmillo dejando un estilismo para olvidar. Quizás lo de los vampiros tuviera su gracia hace 20 años pero en la actualidad queda un poco de atracción barata de feria. Ellos acabaran por provocarnos ternura pero su forma de vestir sí que es aún motivo de terror. 

Futuristas del pasado

Venir del futuro hasta Eurovision es un viaje complicado que muy pocas veces acaba bien. Los participantes que apuestan por vestir un estilismo de inspiración futurista consiguen la mayoría de veces justo el efecto contrario pareciendo que llegan desde los años 80 o 90. Otros, directamente parecen sacados de aquel anuncio de detergente o de una película del espacio de serie B. No entienden que Eurovision ya es en sí mismo un viaje en el tiempo y no precisamente al futuro. Un buen ejemplo fue este año SuRie la representante de Reino Unido.

Drama en grupo

Se considera agravante en delito ante la moda que si el estilismo es espantoso se multiplique en el escenario repetido en todo un grupo. El exceso se sube al escenario de Eurovision con bastante frecuencia y no solamente en un único representante sino en todos los componentes del grupo o en un cuerpo de bailarines multitudinario. Es lo que se llama un drama eurovisivo en grupo. Si ya es difícil acertar con un único vestido, imaginen cuando hay que vestir a más de tres o incluso de cinco personas.

Eurososainas

Cuando no pueden destacar por ninguno de los extremos nadie los recordará los siguientes minutos a su actuación. El término medio no existe en Eurovision. Muchos de sus participantes intentan alejarse de los tópicos eurovisivos optando por una mal llevada sobriedad que acaba por convertirlos en eurososainas facilmente olvidables. Eso unido a una canción poco destacable es lo que convierte a sus participantes en los candidatos perfectos para el 0 points. Es lo que les ha ocurrido a Amaia y Alfred. Ella y su vestido correcto de Teresa Helbig y él con su traje -olvidando el salpicón de strass de su manga-.


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