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LA PANTALLA GLOBAL

Festival del humor: el regreso de 'Zoolander' y la nueva comedia americana

Ben Stiller pertenece a un grupo de actores y directores que llevan veinte años dando una nueva vuelta de tuerca al género en Estados Unidos

12/02/2016 - 

VALENCIA. Por su impacto popular y fecha de producción, Zoolander: Un descerebrado de moda (Ben Stiller, 2001), puede ser considerada como la película que hizo entrar a la comedia americana en el nuevo siglo. Contra lo que podría parecer, que su secuela haya tardado quince años en llegar es un buen síntoma: Quiere decir que, durante tres lustros, sus autores han tenido por delante retos bastante más interesantes, por lo que no había sido necesario recurrir nuevamente al top model de la mirada Acero Azul para hacer taquilla. La mala noticia es que resulta inevitable relacionar el regreso de Zoolander con el fracaso de La vida secreta de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty, 2013), la anterior cinta dirigida por Ben Stiller, un innecesario remake actualizado de la película homónima de 1947 dirigida por Norman Z. McLeod y protagonizada por Danny Kaye.

Con Zoolander 2 regresan Derek (Stiller) y Hansel (Owen Wilson), así como Mugatu (Will Ferrell), pero también se incorporan nuevos personajes, encarnados por PenélopeCruz, Benedict Cumberbatch, Kristen Wiig o… Justin Bieber. La trama no esconde sorpresas: Años después de conocerse entre las pasarelas y las sesiones de fotos, Derek y Hansel han sido olvidados y no significan nada, razón por la que se ven obligados a reinventarse. En busca de reeditar su fama y éxito, viajan hasta Europa para enfrentarse a las celebrities que dominan actualmente un mundo de la moda que vuelve a ser despiadadamente satirizado, tal como sucedía en el primer film, poblado de modelos pagados de sí mismos y al borde de la idiocia, rodeados de diseñadores megalómanos y explotadores.

Modernizar la tradición

Stiller es uno de los personajes más importantes de la llamada Nueva Comedia Americana, así denominada con objeto de aglutinar una serie de nombres que se han caracterizado por su fidelidad al género y su afán renovador (aunque raramente transgresor). El propio Stiller había iniciado su carrera como director con el agridulce drama generacional Bocados de realidad (Reality Bites, 1994), pero su segunda película ya fue Un loco a domicilio (The Cable Guy, 1996), protagonizada por Jim Carrey y producida por Judd Apatow, otro de los indiscutibles nombres propios de la comedia estadounidense. En Zoolander se desligó de su patrocinio, abriendo una vía humorística que consolidó con Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra! (Tropic Thunder, 2008), donde cambia el mundo de la moda por el del cine y vuelve a retratar a un puñado de personajes ególatras, infantiles y cortos de miras, al tiempo que parodia conocidas cintas bélicas como Platoon (Oliver Stone, 1986), Acorralado (First Blood, Ted Kotcheff, 1982) o Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979).

En la estela de otros grandes de la comedia de todos los tiempos, y al igual que varios compañeros de generación, Stiller es un artista polifacético, que además de actor y director ejerce a menudo de guionista y productor. En ese sentido, Violeta Kovacsics le considera “lo más parecido que hay, dentro de la Nueva Comedia Americana, a Jerry Lewis. De hecho, Zoolander emula la premisa de Un espía en Hollywood (The Errand Boy, Jerry Lewis, 1961): La industria (de la moda, en el caso de Stiller; del cine, en el caso de Lewis) necesita a un necio para llevar a cabo su misión. Por su estética, Lewis es uno de los estandartes del cine pop; Stiller ha actualizado esa cultura pop, convirtiéndola en el eje de su obra”. Lo dice en Very Funny Things, un interesante volumen colectivo que ella misma coordinó en 2012 para el Festival Internacional de San Sebastián.

El libro, prueba incontestable de que el género no solo cosecha grandes éxitos de taquilla, sino que ha suscitado un sorprendente consenso crítico, traza la línea que va de la comedia gamberra al estilo Desmadre a la americana (National Lampoon’s Animal House, 1978), con John Landis como reconocido padrino, hasta su evolución en pleno siglo XXI, que va desde la mirada reflexiva de Hazme reír (Funny People, Judd Apatow, 2009) hasta el desmelene bizarro de Resacón en Las Vegas (The Hangover, Todd Phillips, 2012), heredero directo de Very Bad Things (Peter Berg, 1998). Todas ellas (y muchísimas otras, entre ellas la mayoría de las firmadas por los hermanos Farrelly) comparten “esa corriente de inmadurez patológica que recorre la historia de la comedia norteamericana hasta nuestros días”, según palabras de Jordi Costa, que sitúa su origen en Sus primeros pantalones (Long Pants), película de 1927 dirigida por Frank Capra y protagonizada por el cómico Harry Langdon.

Una inmadurez que, siguiendo a Costa, “es arma de cuestionamiento de imposturas adultas y aguijón de los paralizantes mecanismos de la madurez”, pero que deriva demasiado a menudo en un síndrome de Peter Pan mal gestionado. En las comedias americanas, “el potencial caótico del inmaduro como agente provocador ha sido contenido en una suerte de parque temático virtual que permite vivir una experiencia por delegación durante, a lo sumo, un par de horas de ficción aparentemente (solo aparentemente) transgresora”. Por eso no sorprende, por ejemplo, y más teniendo en cuenta la tradición, (de ¿Teléfono rojo?, volamos hacía Moscú hasta M.A.S.H.), que la nueva comedia destaque por su apoliticismo. Del mismo modo que, tal como señala Carlos Losilla en otro de los textos del libro citado, “otro signo distintivo y a menudo criticado es el peso de cierto conservadurismo familiar”.

Y si hacemos referencia a la importancia de la familia y su apología como célula básica de la sociedad estadounidense, tenemos que volver a mencionar a Judd Apatow, no solo porque sea uno de los rasgos distintivos de su cine, sino porque es otro de los nombres fundamentales del género en las dos últimas décadas. Su filmografía como productor supera la cincuentena de título en cine y televisión, y va de series como El crítico (animación adulta y cinéfila) o Girls (al servicio del exhibicionismo hipster de Lena Dunham) al citado segundo largometraje de Ben Stiller (a quien también apadrinó en su show televisivo), pasando por películas como Superfumados (Pineapple Express, David Gordon Green, 2008) o El reportero: La leyenda de Ron Burgundy (Anchorman: The Legend of Ron Burgundy, 2004), una de las varias colaboraciones entre el cómico Will Ferrell y el director Adam McKay.

Como realizador, arrancó con los éxitos Virgen a los 40 (The 40 Year Old Virgin, 2005) y Lío embarazoso (Knocked Up, 2007), pero el mismo año que se iniciaba la franquicia American Pie (Paul Weitz, 1999), como si detectara la deriva escatológica que se avecinaba en el género (deudora, en este caso, de Porky’s, La revancha de los novatos y otras aventuras teenagers de los ochenta), rodó Hazme reír, que no recibió la misma respuesta por parte del público y planteaba la muerte de una determinada manera de entender la comedia, personificada en el cómico enfermo de cáncer que encarna Adam Sandler (otro de los rostros del género en el presente siglo). En palabras de Carlos Losilla, “es una metacomedia que quiere analizar la carrera de su autor-rey y el ecosistema en el que interactúa. Y la conclusión dista de ser alentadora”. Posteriormente, tanto en Si fuera fácil (This Is 40, 2012) como en Y de repente tú (Trainwreck, 2015), Apatow ha seguido profundizando en personajes en una crisis adulta.

Mujeres y hombres y viceversa

Frente a la inmadurez congénita de los personajes masculinos de la Nueva Comedia Americana, las mujeres parecían representar la postura opuesta. De algún modo, eran las encargadas de mantener el orden y el correcto funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, y aunque la presencia de hombres sigue siendo mayoritaria, la renovación del género también ha traído consigo una reformulación de sus roles. En casos como el de la divertida La cosa más dulce (The Sweetest Thing, Roger Kumble, 2002), simplemente comportándose como sus oponentes masculinos. En otros más complejos, como La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids, Paul Feig, 2011), producida por Apatow, recurriendo a mostrar “una nueva sensibilidad posfeminista en el ámbito de la comedia mainstream”, como señala María Adell, escritora y profesora de la ESCAC. “Una tendencia que no responde a un sentido esencialista de la mujer, sino que presenta una visión crítica y autoconsciente de la propia feminidad y, sobre todo, de las convenciones de su representación en pantalla”.

Tina Fey, Maya Rudolph o Amy Poehler son actrices que han puesto voz, rostro e ideas a esa nueva sensibilidad, aunque quizá la más brillante como performer sea Kristen Wiig, cuya capacidad cómica es directamente proporcional a su talento para radiografiar ciertas insatisfacciones femeninas contemporáneas que nada tienen que ver ni con Sexo en Nueva York ni con Bridget Jones. No es casual que haya salido del programa Saturday Night Live, una de las mayores canteras humorísticas de la historia de la comedia americana desde su primera emisión, en 1975. De hecho, la televisión es parte fundamental del renacimiento del género, como demuestran series de la importancia de Freaks and Geeks (1999-2000), producida por Apatow (sí, él otra vez), la británica The Office (2001-2003), que fue la rampa de lanzamiento de Ricky Gervais y tuvo su correspondiente versión yanqui, o los diferentes vehículos catódicos para comediantes del calibre de Jerry Seinfeld, Larry David, Louis CK o Zach Galifianakis.

Por supuesto, la Nueva Comedia Americana abarca más nombres y líneas temáticas e ideológicas. Por ejemplo, su derivación hacia lo que Manu Yáñez Murillo ha definido como el despliegue cómico que genera “más extrañeza que hilaridad, más asombro que carcajadas, más incomodidad que placer, todos rasgos distintivos de la comedia más vanguardista” y que remiten directamente a ese fenómeno que algunos teóricos han definido como posthumor y que tiene su propio volumen monográfico, Una risa nueva. Posthumor, parodias y otras mutaciones de la comedia, coordinado por Jordi Costa en 2010 para Abycine, el festival de cine de Albacete. [Una digresión, si nos lo permiten: Habría qué preguntarse qué sería de muchos estudios sobre cine contemporáneo si algunos certámenes cinematográficos no se empeñaran en fomentar las publicaciones. Benditos sean]. En aquel libro ya se ponía sobre la mesa el papel de la provocación, la obscenidad y la blasfemia en la comedia actual y se trazaba una cartografía cómica que excedía los límites de la hegemonía industrial norteamericana, para hacer escala en Europa y Asia, considerando el alcance global del fenómeno, que presenta particularidades muy singulares en función de su localización geográfica y sus cultivadores. Porque hay un abismo entre la comedia comercial americana y títulos como Symbol, del japonés Hitoshi Matsumoto.

En el extremo opuesto al posthumor, pero también susceptible de ser considerada como una subcorriente dentro del género, cabría mencionar también cierta tendencia melancólica que, de nuevo, recoge tradiciones precedentes, y que resulta evidente en Hazme reír, pero también en películas como Adventureland (2009), firmada por un Greg Mottola que se puso bajo el ala de Apatow en Supersalidos (Superbad, 2007) y que en este caso proyecta una mirada desencantada sobre el universo postadolescente y el propio género. La interesante lectura del film por parte de Carlos Losilla en Una nueva risa apunta que “Adventureland, como la ‘comedia gamberra’, es un parque de atracciones que en los años ochenta ya simboliza una América más imaginaria que real, pero que, de tanto imaginarla y recrearla, se ha desgastado, se ha convertido en una imagen borrosa de sí misma. Sin embargo, ésa es la América infantilizada donde viven los personajes y gestionan sus pobres recursos para salir de una crisis que amenaza con instalarse en sus vidas y cronificarse”.

Así pues, films que ponen en solfa el medio cinematográfico, que plantean una reflexión sobre el género o que proyectan una mirada crítica sobre su entorno cercano o la industria a la que pertenecen. Películas, en suma, que se hacen preguntas al mismo tiempo que provocan risas. Es la esencia de la comedia, que, como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y aquí llega de nuevo Derek Zoolander para demostrarlo una vez más.

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