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“He trabajado con Diana Krall o Paul McCartney, pero el objetivo no es que el público me conozca a mí”

Entrevistamos a Steve Genewick, ingeniero de mezclas de Capitol Records, responsable de la calidad de la grabación de los discos de muchos grandes nombres de la historia de la música contemporánea y miembro del equipo de bandas sonoras como Donnie Darko o la sonorización de los premios Óscar

5/10/2017 - 

VALÈNCIA. Dicen de él que es meticuloso, intuitivo y muy rápido grabando. Le apasiona la adrenalina de saber que no puede fallar porque lo que escuche será irrepetible. Y en efecto, muchas veces lo es. Diana Krall, Neil Young, Michael Bublé, Paul McCartney, Barbara Streisand, Stevie Wonder, Ravi Coltrane o big bands como la Clayton-Hamilton Jazz Orchestra entre muchos otros grandes nombres de la historia de la música, han entrado por sus micrófonos. Con más de 150 discos de oro y platino grabados y tres nominaciones a los premios Grammy, Steve Genewick, ingeniero de sonido de Capitol Studios en LosÁngeles (EE.UU.) es uno de los miembros de la industria musical más desconocidos por el público.

Lleva todo el día trabajando en la Berklee School of Music en el campus de València, donde ha venido a dar una masterclass y nos encontramos con él en la cafetería del hotel donde se aloja. Pese al cansancio, sonríe a menudo y se ríe hasta de símismo, con un gesto cercano que le arruga los ojos. Deseando que la ajada grabadora con la que registraremos esta entrevista no le parezca un insulto profesional, grabamos su primera carcajada: “¡Para nada! No estoy obsesionado con eso”.

Su interés por el sonido empezó de muy pequeño. “Me ha gustado la música desde que tengo uso de razón”, asegura. Pero no fue hasta la adolescencia cuando descubrió su vocación y se convirtió en un especialista en cazar al vuelo las oportunidades. También las sonoras. “Con 14 o 15 años, en el instituto, muchos de mis amigos tocaban en bandas. Yo nunca fui un buen músico, la verdad. Así que pensé que podía ser el chico del sonido. Y en ello me convertí”, recuerda.

Empecé grabando a las bandas de mis amigos, luego fui un tiempo a una escuela de sonido que no era muy buena porque eran las etapas incipientes de ese tipo de escuelas”, cuenta. Cuando vio la oportunidad se lanzó en plancha. “Tenía un amigo que trabajaba en el estudio de una de esas escuelas y fue despedido. Así que me planté allí y conseguí yo ese trabajo”, ríe. “Empecé en aquel momento como runner: llevando comida,recogiendo cables, limpiando y esas cosas. Y desde entonces me he dedicado a esta profesión”.

Su motivación es inquebrantable. “Soy ingeniero de sonido, pero nunca estudié ingeniería. Aprendí trabajando. Me pasaba en el estudio todo el tiempo.Preguntando muchas cosas: ¿Eso qué es? ¿Para qué sirve? ¿Y eso otro? Había que empezar por el principio y eso hice”, relata.

No toca ningún instrumento. “Soy, francamente un guitarrista horrible. ¡El peor guitarrista del mundo!”, ríe a carcajadas. No canta. “¡Ay! ¡No, no!”, dice bromeando y moviendo la cabeza con gesto de repugnancia. ¿Ni siquiera bajo la ducha? “No, no, ¡para nada! No me gusta mi voz, para eso, no funcionaría”, se divierte imaginando.

Su profesión es una de las menos visibles en la industria de la música. El público recuerda a guitarristas,cantantes, baterías… pero nadie recuerda a los ingenieros. “Exacto, es que no deberían recordarme. Mi mentor Al Smidtt me dijo un día: “Si eres ingeniero, tu nombre será de los más pequeños en la parte de atrás del disco”. Si nadie se da cuenta que estoy en la habitación, es que he hecho bien mi trabajo”, sonríe. “Al final, como ingeniero, el objetivo no es poner mi opinión en el disco o hacerlo sonar como yo crea, sino estar al servicio de los músicos que tocan delante de mí y hacer que grabado suene igual”. 

Las interminables mesas de sonido plagadas de interruptores, potenció metros y clavijas dan idea de las variables que necesita controlar. “Pues grabamos en el momento que la escuchamos, sin oírla antes ni una sola vez”, asegura. “No es tanto un proceso técnico sino un proceso creativo para mí. Lo preparo todo mientras ensayan. En ese momento estudio los sonidos y pienso cómo tiene que sonar. Instalamos el equipo que sabemos que funciona en la mayoría de casos y aportando la experiencia que tengo vemos lo que pasa”, cuenta. Un verdadero reto cada minuto. “¡Eso es lo que lo hace divertido!”, sonríe. 

Pero ser el responsable de sonido de la gala de los Óscars o de conciertos internacionales en directo no es tan sencillo como Genewick lo pinta. “Algunas sesiones o directos son más difíciles que otras. Hay artistas muy perfeccionistas, pero las peores sesiones son aquellas en las que el artista no sabe lo que quiere. Es muy difícil darles algo que ni ellos saben. Pero soy una persona muy afortunada porque no suele pasar. Trabajo con grandes artistas, consagrados, en un gran estudio y soy muy afortunado por la gente con la que trabajo también”, dice. “Sí, es verdad… un par de veces he trabajado con músicos que no me gustan absolutamente nada, ¡pero no diré nombres!”, confiesa finalmente con picardía. 

A veces la diversión que vive en su trabajo se puede transformar en terror: “Tenemos que estar preparados siempre para cualquier cosa”, suspira profundamente levantando la cabeza. “Recuerdo la grabación del concierto de Kisses on the bottom de Paul McCartney que se emitía en ‘streaming’ en directo para todo el mundo desde Capitol Studios. Vídeo, audio… de todo. Al Schmitt, el ingeniero, y yo, que era su asistente, lo habíamos preparado y probado todo un par de días antes. Pero justo dos minutos antes de que empezase el directo… uno de los ingenieros dijo: “El piano no funciona. Está apagado completamente”. Yo pensé:“Oh no…”, dice alargando la o y negando con la cabeza.

“Teníamos un montón de cámaras allí y pensé que alguno podría haber desconectado cualquier cosa.Estaba el público en la habitación, la banda estaba ya allí, Diana Krall estaba tocando el piano… y me las apañé para cruzar silenciosamente la habitación hasta el piano y agacharme. Allí tuve el presentimiento de que podría ser el micrófono. Lo desconecté y lo volví a conectar y cuando me giré tenía a Paul McCartney y a Diana Krall mirándome. Me puse de pie y ella me dijo con esa voz que tiene: “¿Va todo bien, Steve?”. Y justo en ese momento vi cómo desde el control mis compañeros me enseñaban las manos con sus pulgares hacia arriba y respondí: “Sí, todo perfecto, solo estaba comprobando una cosa. Que tengáis un buen show, ¡luego nos vemos!”. Y volví al control”, cuenta divertido. “Aquello pudo haber sido un desastre… Cuando terminó el concierto se lo conté a los dos”, ríe aliviado. 

Para alguien que asegura decodificar la realidad en sonidos descansar el cerebro es casi un regalo. ¿Existe el silencio? Suspira largamente y calla unos segundos antes de responder. “Sí… y es fantástico...Pero no tengo mucho porque ¡tengo tres hijos y dos perros! ¡Y además crecí en una familia con 5 hermanos!”, bromea. Pese a ello, consigue no obsesionarse. “Cuando escucho música para divertirme intento no ser el ingeniero, sino el fan musical. ¡Aunque a veces es complicado!”, reconoce.

“La verdad es que no escucho mucha música fuera del estudio, pero cuando pongo, me gusta el jazz,los Beatles, AC/DC, o Miles Davis, o Motorhead… depende. Lo que no oigo nunca es pop, ni electrónica. Pero bueno, tengo una hija así que no estoy exento de eso… a veces me pasa”, sonríe. “¿Qué pasaría si ella quisiera ser dj? Pues que papá lo tendría que resolver”, ríe. 

Para él la música significa “todo”. “Toda mi vida está basada en ella y la sigo disfrutando muchísimo. Además de mi familia, la música es lo mejor que tengo en la vida, de lejos”, reconoce. Transmitir su pasión es uno de sus objetivos: “Intento mantener también el compromiso con las escuelas y me divierte mucho estar con los estudiantes, tenerles en el estudio o viajar a las escuelas para trabajar con ellos”. 

Ha grabado a orquestas con decenas de músicos, sonorizado grandes espectáculos en directo, trabajado con muchos de los nombres de la historia de la música contemporánea…Si Steve Genewick sueña en grande ¿qué proyecto le quedaría por hacer? “Es una pregunta difícil… Hacer lo que he estado haciendo hasta ahora. Hacerlo más, hacerlo mejor. Ya soy muy afortunado. Aunque sí me gustaría grabar a Bruce Springsteen o a Van Morrison”. 


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