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la última superviviente de chernóbil

Imágenes del día después del fin del mundo

El fotógrafo Borja Abargues (Gandia, 1982) ha obtenido dos menciones de Honor en los International Photography Awards, que en la presente edición recibió unos 14.000 originales de 192 países. En sus instantáneas refleja el actual estado de Chernóbil

21/11/2017 - 

VALÈNCIA.- Más de treinta años después del peor desastre nuclear conocido, Chernóbil y la extensa área contaminada que la rodea ha quedado congelada en los años ochenta. Una zona abandonada por sus habitantes que ha dejado ciudades fantasma en medio de una frondosa vegetación y en la que los animales merodean a sus anchas, como si nunca hubiese habido más vida que esa. Un paisaje casi olvidado que ha sido retratado por el fotoperiodista Borja Abargues y que le ha llevado a obtener una Mención de Honor en los International Photography Awards. No es la única, también la ha obtenido por su proyecto Nazareth, the last days, sobre la alegoría que en Semana Santa hacen en el distrito gandiense de Santa Anna —conocido también como Nazaret— de los últimos días de la vida de Jesucristo. 

En su proyecto documental Raysa, Survivor of Chernobyl no sólo retrata un espacio desértico de 30km2 —denominado Zona Muerta— sino que traslada la historia de Raysa, una de los 46 sobrevivientes que viven en Chernóbil treinta y un años después de que ocurriera el mayor desastre nuclear de la historia. Con cierto pesar Borja Abargues traslada que la mujer fue abandonada por su familia y hoy vive con la única compañía de los perros callejeros. En su humilde hogar, situado a tan solo dos kilómetros del fatídico reactor, tiene lo básico para alimentarse: gallinas, una cabra y campos de verduras «con altos niveles de radiación». En un cubo de la cocina almacena esas cebollas y patatas que son la base de su alimentación y que se complementa con las viandas que una vez al mes le traen de la ciudad. 

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Raysa, al igual que otros supervivientes, cree que la santidad de la iglesia ortodoxa de San Elías la salvaron de morir aquél sábado 26 de abril de 1986, cuando un aumento súbito de potencia del reactor cuatro de la central nuclear de Chernóbil provocó un desastre nuclear con una magnitud incluso 200 veces más fuerte que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki (Segunda Guerra Mundial). Tanto es así que a sus 78 años acude todos los días a vigilar el templo, de color azul tuquesa y blanco, y una vez al mes se reúne con otros habitantes de la zona para celebrar una eucaristía. «Incluso en los días más difíciles de 1986 el área de la iglesia de San Elías estaba limpia de radiación», llegó a declarar Yury Andreyev, presidente de la organización Unión Chernóbil de Ucrania. Raysa es de la misma convicción y por ello no cesa de agredecer a San Elías su divina protección. 

* Lea el artículo completo en el número de noviembre de la revista Plaza

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