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'SERIES VINTAGE'

La televisión no se muere, la televisión se transforma

La televisión está mutando y el panorama debe adaptarse. Las televisiones comerciales piden por ello unas reglas más equitativas, mientras que en Valencia continúa el debate sobre el modelo de las televisiones de proximidad adaptadas a la nueva era digital

4/06/2016 - 

VALENCIA. Ni el video mató a la radio star, ni internet mató a la televisión, por mucho que algunos seriéfilos saquen ese cuñado que llevan dentro en lugares como menéame o las redes sociales, y afirmen lo contrario. Pese a que en ocasiones escuchamos a alguna persona asegurar que ver televisión es un hábito desaparecido de sus vidas, seguro que en realidad más de uno formó parte de los diez o doce millones de espectadores que vieron la final de Copa del Rey o de la Champions, dónde si no, por televisión; otro nutrido número de estos “desenchufados catódicos” ven series o películas habitualmente a través de sus ordenadores, tablets, videoconsolas o televisiones conectadas, pantallas que también ejercen de televisión, aunque ellos no lo interpreten de esa forma; o, por último, la gran mayoría de ellos, o si no sus hijos, visionen vídeos por Youtube o las redes sociales desde sus teléfonos móviles, la pantalla de tele más pequeñita de todas. Porque en la actualidad, para la industria audiovisual absolutamente todo este universo forma parte de la televisión: la “nueva televisión”.

Estas dos últimas semanas, con varios espacios de debate sobre el estado de salud de la tv, he leído atónita a quienes argumentan que la televisión se muere; he escuchado a los responsables de los canales comerciales pedir una legislación neutral y equitativa, y homogeneizar las obligaciones con el Estado y el marco europeo; y he participado en un debate, durante las jornadas TVMORFOSIS/CONTD organizadas por la Universitat de València, sobre “la televisión de proximidad en el entorno transmedia”. Menos mal que la televisión estaba muerta. Si llega a estar viva hubiera sido tan omnipresente en nuestras vidas como Pablo Iglesias y Albert Rivera. Vaya, en parte otra vez gracias a la televisión. No puede ser, si estaba muerta, como en The Walking Dead.

Porque, mientras que algunos no ven más que zombis, y en todos los sentidos además, y afirman con cierta osadía que “la televisión en España no entiende de medios on y medios off” a la vez que confirman la supuesta muerte de la televisión, páginas webs de televisiones como telecinco.es reciben visitas de 8,4 millones de usuarios únicos al mes; páginas de streaming como mitele.es son utilizadas por 3,8 millones de usuarios únicos al mes, según el medidor oficial Comscore; o series como El Ministerio del Tiempo son vistas por una media de 260.000 espectadores a través de la web de RTVE a la carta, como analiza Concepción Cascajosa en la revista académica Dígitos, demostrando que lo que está ocurriendo es que el consumo de contenidos audiovisuales lo que ha hecho es evolucionar, multiplicar las pantallas, diversificar los hábitos de visionado, en directo o en diferido, por la TDT o por internet. Y que los canales españoles están más on de lo que creen algunos cuñados, ojo.

La televisión, por tanto, no solo no ha muerto sino que se ha transformado, tiene nuevas caras y facetas, y continúa ese camino en un perpetuo work-in-progress. Y las cadenas, no solo de nuestro país sino de todo el mundo, son las primeras conscientes de los cambios de hábitos, y trabajan muy duro bajo este panorama en constante evolución. Solo es necesario recordar las nada despreciables cifras oficiales de consumo online de sus plataformas o producciones audiovisuales que he mencionado en el párrafo anterior, para constatar el trabajo, el esfuerzo por adaptarse, y los buenos resultados.

La distribución de contenidos audiovisuales dispone de más pantallas y más posibilidades de visionado que nunca

Igualdad de trato para todas las formas de distribución de contenidos

El segundo tema jugoso de esta semana ha despertado a los forofos incondicionales de Netflix, que se revolvían esta semana alrededor de unas más que comprensibles declaraciones de UTECA, la Unión de Televisiones Comerciales en Abierto, que solicitaba “igualdad de trato para todas las formas de distribución de contenidos televisivos, sean en abierto o de pago”. Después de leer esta semana a unos y otros en un encendido debate en menéame, me parece necesario repasar su significado.

Mientras que Youtube, propiedad de Google, cotiza en Irlanda, y Netflix cotiza en Holanda, es decir, ninguna paga impuestos en España, punto número uno, las televisiones comerciales en abierto, que sí cumplen con sus obligaciones fiscales en España, tienen la obligación por ley de aportar un tanto por ciento de sus ingresos para la financiación de la corporación pública RTVE. Además deben invertir obligatoriamente un cinco por ciento de sus ingresos en la producción de cine o series europeas para promover la industria, según la Ley General de Comunicación Audiovisual del 2010. Es decir, a cambio de un hueco en el espacio radioeléctrico se les ha sometido a una serie de obligaciones para equilibrar de alguna forma el tablero de juego.

Estemos de acuerdo o no con este diseño de contraprestaciones que seguramente sea mejorable, lo que no cabe la menor duda es que la televisión ahora es mucho más que los canales que emiten a través del espacio radioeléctrico, como explicaba antes. Ahora existen otras carreteras por las que distribuir y consumir contenido audiovisual y lucrarse con ello, como puede ser el ancho de banda. Todos aquellos actores que juegan y compiten dentro de la industria de distribución de contenidos audiovisuales, ya sea por la TDT o por internet, deberían jugar, por tanto, bajo unas reglas equitativas. De hecho las operadoras telefónicas ya fueron incluidas en las aportaciones a la televisión pública y a la industria del cine, con este mismo argumento. Sin embargo las OTTs, las empresas cuyo modelo de negocio se sustenta bajo el ancho de banda de terceros, como Youtube, Netflix, o Amazon, no están incluidas en estas obligaciones. A eso se refiere UTECA con “igualdad de trato”. 

Antes de sacar la vuvuzela con el logotipo de Netflix y Youtube de prescriptores a ultranza, deberíamos preguntarnos como consumidores si nos parece correcto que una multinacional norteamericana con sede europea en Holanda, con un negocio de suscripción de contenidos online en España, no tenga que aportar como el resto de televisiones a la financiación de la televisión pública ni a la industria audiovisual del país, cuando el resto de canales comerciales que compiten en el mercado por el mismo público, aunque por diferentes carreteras, sí lo hacen. Ramón Colom lo llamaba hace unos meses “discriminación positiva”, con bastante razón. Si fuéramos consumidores o espectadores franceses entenderíamos este debate a la primera. Es más, este debate ya ha ocurrido en Francia, un país donde el proteccionismo a las industrias culturales está mejor visto, y el aterrizaje de Netflix les llevó a hacerse estas mismas preguntas.

Cómo deberían ser las nuevas televisiones de proximidad

Por último hablarles brevemente de las Jornadas TVMORFOSIS/CONTD organizadas la semana pasada por la Universitat de València sobre la televisión de proximidad en esta nueva era digital y transmediática, dentro del marco europeo.

Se debatieron asuntos relacionados con la televisión de proximidad como son los posibles sistemas de regulación, cómo encaja la televisión de proximidad en el espacio europeo, cómo podría ser el modelo de las televisiones autonómicas en esta nueva era digital, con múltiples pantallas y públicos fragmentados, y también se habló sobre el relato transmedia de proximidad, entre otros temas.

En la mesa sobre el espacio europeo, Guillermo López fue el primero en reseñar que los hábitos de consumo de contenidos audiovisuales de las nuevas generaciones de espectadores han cambiado radicalmente, y que nada tienen que ver con los espectadores de la televisión lineal. También lanzó la idea sobre las posibilidades de financiación de los contenidos digitales en algunos de estos nuevos canales, que también es un camino por explorar para las televisiones de proximidad que se apunten a estas nuevas vías de emisión de contenidos. 

En mi caso, tuve el privilegio de participar junto al productor César Martí, y los profesores de la Universitat de València Àlvar Peris y German Llorca en una charla sobre el modelo de una televisión de proximidad. Se puso en común la preocupación de ser capaces de llegar a públicos más amplios, incluyendo a aquellos que no están en la televisión lineal convencional; se valoró la obligación de que sean canales útiles, que reflejen la pluralidad de la sociedad;  cómo no, se habló de la importancia de lograr la credibilidad y ser rigurosos en sus informativos; de la necesidad de generar entretenimiento desde una mirada cercana, y ficción en cuanto a la construcción de un imaginario propio. E insistimos una y otra vez, por si alguien todavía tiene dudas, que la televisión es todo, no solo nuestro viejo receptor del salón, que debemos innovar, que hacerlo no es en absoluto caro, si lo comparamos con grandes series históricas, y que no debemos desdeñar los contenidos para las nuevas pantallas y plataformas, ni tampoco las nuevas narrativas. Lo contrario sería un error insalvable.

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