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cultura / palau de les arts

Maestro Plácido

El mítico tenor y director de orquesta impulsa el Centro de Perfeccionamiento que lleva su nombre en el Palau de les Arts. «En Valencia me siento como en casa», asegura a Plaza

11/12/2016 - 

VALENCIA.  Llega con el tiempo justo a Valencia. Está preparando los actos por su 75 aniversario, el concierto especial que celebrará en el Bernabéu junto a casi una treintena de cantantes y artistas de diferentes estilos. Pese a ello, Plácido Domingo encuentra horas donde no las hay para tomar parte en las audiciones del Centro de Perfeccionamiento del Palau de les Arts que lleva su nombre. Hasta 34 cantantes interpretarán una, dos, y, si es necesario, tres arias, romanzas, canciones, ante un jurado presidido por él.

El premio: una beca de mileurista y la posibilidad de participar en los montajes del Palau de les Arts. No parece una bicoca, pero cada año arriban más cantantes de todo el mundo en busca de una plaza. Entre los motivos que lo explican, la fama de las producciones del teatro valenciano o la garantía de contar con maestros como el director Fabio Biondi, el intendente del Palau de les Arts Davide Livermore, el tenor Gregory Kunde o, por supuesto, Domingo.

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La cita es a las tres de la tarde del último viernes de junio. Es una hora intempestiva para cualquier cosa en Valencia que no sea disfrutar de la playa. Sólo hay dos motivos para estar en ese momento en el Palau de les Arts: asistir a las audiciones y que el edificio tiene aire acondicionado. Domingo llega puntual. Saluda al intendente Davide Livermore y bromea sobre lo bien que encuentra a la soprano Enedina Lloris, jurado en las audiciones y miembro del claustro del Centro. «Aunque nunca se sabe», le reconoce; «yo prefiero no decir nada porque nunca sabes lo que lleva uno dentro», le comenta risueño.

En la sala principal un centenar de aficionados ha destrozado cualquier lógica y se ha aproximado al edificio para asistir a la audición final. Al ver subir las escaleras a Domingo prorrumpen en un aplauso sincero; es la medida de la admiración que despierta entre los melómanos. La audición abierta es un experimento, algo que nunca se había hecho. Los espectadores acuden atraídos por la curiosidad y, claro está, por el nombre de Domingo. Considerado el mejor tenor de la historia por los oyentes de la BBC, el madrileño hace gala de su amabilidad proverbial. Hace honor a su nombre. Con todo, hay que observar unos ritos para hablar con él. «Llámale maestro, mejor que don Plácido», advierten desde el Palau de les Arts.

En el coliseo valenciano lo conocen bien. Desde que se inauguró el complejo valenciano en el ya lejano 9 de octubre de 2005, ha sido fiel al teatro de ópera de la avenida Profesor López Piñero y ha acudido en casi todas las temporadas, ya sea como director o como cantante. Ópera, zarzuela, conciertos... cualquier motivo le vale. «La verdad es que vi crecer desde un principio este teatro», explica a Plaza. «He venido porque tiene una orquesta fantástica. Ella y el coro [de la Generalitat] son de primerísima clase. La compañía trabaja con mucho cariño. El personal del teatro, igual. Me encanta venir. De los diez años he estado siete veces y seguiré viniendo, siempre con gran entusiasmo», asegura.

Director general de la Ópera de Los Ángeles, con Valencia le une un vínculo especial, algo que se percibe en la intimidad, en momentos como el de este día de audiciones donde se le ve moverse con soltura, bromear con el público, explicarles la mecánica de la audición. «En esta compañía me siento como si tuviera algo más», confesará en un descanso de la audición. «Tengo ya una responsabilidad con el Centro de Perfeccionamiento», recuerda; «teniendo mi nombre, en mi país, esto me da una fuerza y una ilusión mayor». Valencia es un sitio donde además se le escucha con atención, se le consulta, se le pregunta, donde se siente querido. «Tanto con Helga [Schmidt, la anterior intendente], como ahora con Davide [Livermore], siempre me han preguntado qué quiero hacer, qué cosas sugiero también... O sea, que me siento como en casa». 

Un país, tres ciudades

No resulta exagerado afirmar que la vida profesional de Domingo durante esta última década no se entendería plenamente sin el Palau de les Arts, y él actúa en consecuencia. Hay ocasiones en las que mientras interpreta en esta ciudad tiene que ausentarse un par de días al extranjero por cualquiera de sus múltiples compromisos publicitarios o profesionales. Es tal su confianza que deja sus maletas en el propio complejo. El teatro de ópera valenciano es casi una residencia para él. En otra ciudad española, Barcelona, tuvo una vivienda entre 1972 y 1980. Y Domingo pertenece a Madrid, a su Madrid querido, al que siempre evoca con una sonrisa. Son su triángulo español.

«Lo que me gusta es allá donde voy a hacer que haya un buen ambiente», explica. «Yo en todas partes me siento bien; en Valencia, Madrid, en Barcelona, en España... me lo paso de maravilla. Cuando llego a este teatro sé que voy a crear un ambiente, una facilidad. Hay cantantes que llegan y les gusta crear dificultades. Yo no. Yo lo que quiero es ayudar a ese teatro en el que estoy y ser parte de ellos, inmediatamente, como si fuera uno más de la compañía», asegura.

En general Domingo se destaca allá donde va por ser el antidivo, un mito que desmitifica. No es de extrañar que participara en Los Simpson doblando su propio personaje. De su bonhomía dan fe hasta en la misma cantina del Palau de les Arts. A ella van llegando los cantantes que participan en las audiciones conforme concluyen sus intervenciones. Mientras los aspirantes comentan las actuaciones, el responsable de la cantina evoca cómo le gusta el café a Domingo. «Descafeinado con leche hecho como un capuccino», recita. «Es muy amable. Si no estuvieran los chicos [comenta señalando a los cantantes allí presentes] él seguramente habría pasado hoy por aquí. Siempre vienen él y su señora y son muy agradables».

Su obsesión por acercar la ópera al gran público a veces no ha sido bien interpretada por los más puristas, pero el paso de los años ha puesto a cada uno en su sitio y ha acallado muchas voces. Miembro de Los tres tenores junto a sus buenos amigos José Carreras y el llorado Luciano Pavarotti, Domingo es el cantante de los Guinness, con cerca de 4.000 actuaciones, más de 140 papeles diferentes, récord de presencias en los principales teatros y una fuerza inagotable. También en el nuevo milenio. Su página de Facebook, por ejemplo, tiene más de 1,13 millones de seguidores.

2015: su Annus Horribilis

Aunque no todo es color de rosa en su vida. 2015 fue horrible para él. En otoño le operaron en Nueva York, donde le extirparon la vesícula. Antes, en el mes de junio, sufrió la muerte de su única hermana, un deceso que le produjo un infinito dolor como confesó entonces a su paso por Valencia a principios de julio. «Han sido los dos meses más difíciles de mi vida», admitió; «mi única hermana, queridísima», la evocó triste. Aseguró también que no veía «camino más fácil para seguir adelante que la música». «El entusiasmo y la pasión por este mundo de la música, que es una locura o una enfermedad o una mezcla de los dos, es lo que me mueve», dijo. 

Era tal su pesadumbre que, por ejemplo, a la hora de hablar de los problemas legales de la intendente Schmidt, que está siendo investigada por irregularidades en la gestión de les Arts, hizo votos primero porque se recuperara de su salud, ya que la austriaca está en tratamiento por un cáncer. También dijo que en 48 años que la conocía no había visto nada raro, y abogó por que se resolviera lo antes posible el pleito para que se le pudiera hacer en Valencia el homenaje que dice que merece, pero fue muy significativo que lo primero que mencionase fuera su preocupación por su enfermedad, que subrayara lo obvio. 

Hijo de dos cantantes de zarzuela, de quienes aprendió a amar el género chico hasta hacerlo grande, entre las virtudes que le han convertido en una leyenda del bel canto se encuentran su versatilidad, que le ha permitido actuar como tenor o barítono, su solidez, su voz firme segura en los graves... y que Domingo siempre responde. Incluso en su peor noche, su técnica y su talento interpretativo emocionan porque él encarna los personajes, los vive con una fuerza y un talento al alcance de muy pocos actores. El no menos mítico Laurence Olivier dijo de él que interpretaba Otelo tan bien como él, «y además canta».

Van llegando más aspirantes a la cafetería del Palau de les Arts. Ya son tantos que se distribuyen por países o regiones geográficas. Quedan unos minutos para que la cantina del teatro de ópera valenciano cierre. Aún queda una hora de audición. A Domingo se le ve asentir en diferentes ocasiones antes de tomar nota. El público aplaude. Se oyen algunos ‘bravos’. Tras las actuaciones llega el reparto de diplomas. Haber llegado hasta allí es un premio. Domingo, Livermore y el resto del jurado suben al escenario para dar a los participantes este reconocimiento a su talento. 

El maestro les ofrece entonces un corto discurso lleno de contenido. «He visto en alguno de vosotros que habéis estado ya un año. ¿Por qué es tan importante el tener una clase donde podáis venir? El perfeccionamiento no lo entiendo en sentido estricto porque yo llevo muchos años (sonríe) y puedo deciros que nadie es perfecto. Hay que buscar lo mejor de cada uno. Hoy he escuchado algunas voces que escuché hace un año y el progreso es increíble. La ópera es un mundo en el que los cantantes somos privilegiados. Es un trabajo muy duro, pero es maravilloso por poder hacer a la gente feliz». Y entonces se detiene y señala a los palcos para recalcar una idea: «El público es el que te descubre y es el que marca nuestro futuro. Son ellos, los que vienen a las audiciones, los que nos descubren», advierte. Sin público no hay nada. 

Esta breve alocución es un ejemplo de lo que intentan con el Centro: transmitir la experiencia, dejar un legado que salte continentes, generaciones, preservar una tradición de cuatrocientos años que se inició con Monteverdi. «Es para continuar con el eslabón de la cadena, para que podamos pasar a estos jóvenes lo que hemos recibido antes», resalta Domingo a Plaza. «Nosotros, los mayores, no tuvimos la suerte de trabajar con los grandes artistas de aquella época». 

Más ‘plácidos’ momentos

Sus ambiciones con el Centro de Perfeccionamiento son muchas. Así anuncia un proyecto para internacionalizar la escuela. «El de Valencia es mi tercer grupo de jóvenes cantantes. Empecé en Washington; después fuimos a Los Ángeles, y ahora aquí. Lo que queremos ver es la posibilidad de hacer un intercambio. Queremos llevar cantantes de Valencia a Los Ángeles y de Los Ángeles a Washington», revela.

Devoto de México («el cariño que le tengo a ese país es grandísimo; mi mujer y mis hijos son mexicanos», recuerda) y amante incondicional de España («soy español 100%», se enorgullece), con una maleta que ha recorrido varias veces el mundo, su memoria le permite recordar todos los vínculos con los sitios a los que va y anuncia nuevas presencias en Valencia. La más inmediata, la próxima temporada. «Voy a cantar La Traviata [entre el 9 y el 23 de febrero de 2017, dirigido por el valenciano Ramón Tebar], y siempre estamos planeando algo, que dirija algo, hacer algo con los jóvenes cantantes», adelanta.

—¿Hay Plácido, pues, para rato? 

—Esperemos que sí —sonríe.

Su sueño, crear cantantes

VALENCIA.- Entre las ideas para dotar de contenido al Palau de les Arts Reina Sofía, la anterior intendente Helga Schmidt creó una suerte de escuela de cantantes que sigue los modelos de otras experiencias del propio Domingo, como su concurso Operalia, con ya 24 ediciones a cuestas, o los centros que ha abierto en Los Ángeles y Washington con el mismo fin. Fue inevitable que el madrileño diera nombre a este centro de perfeccionamiento y él aceptó encantado. «Es algo que me enorgullece», afirma. De hecho, dice que descubrir voces, formar como una cantera de nuevas figuras para la ópera es para él un «sueño». «Y ya lo tengo en parte cumplido», asegura a Plaza, «porque si usted coge un programa de cualquier teatro de ópera del mundo verá cuántos triunfadores de Operalia encuentra en ellos. Ésa es mi gran felicidad», apostilla.

En el jurado de las audiciones presidido por Domingo, además de Enedina Lloris y Davide Livermore se encontraban el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, y el director general de la Royal Opera House de Mascate de Omán, Umberto Fanni. Se ofertaban 15 plazas. La selección se inició el 17 de junio con tres jornadas de audiciones eliminatorias, a las que se presentaron más de cien cantantes de 34 países de América, Asia, Europa y Oceanía. De estos cien se seleccionaron para la audición final a 26. Junto a ellos, ocho que optaban a su segundo año en Valencia. Los 34 finalistas antes de la audición definitiva participaron en un taller con Livermore para evaluar también otras cualidades como la actitud ante el trabajo individual o en equipo. La criba es tal que el nivel final es alto, altísimo. Una exigencia que el propio Domingo defiende.

«Tienes que ser muy exigente con la elección», explica a Plaza. «No puedes traer elementos que no van a resultar de la altura», añade. Esta ambición la comparte el intendente Livermore, director artístico también del Centro de Perfeccionamiento, quien sostiene que «el nivel de este año no es casualidad; es el resultado de muchos años desde que fue creado por Schmidt». Los cantantes que han elegido son diamantes en bruto que se pulirán en Valencia. Pero no es una mera academia; es un estadio superior, apunta Livermore. Su fin es que «un teatro de la calidad del Palau de les Arts» les pase «la memoria histórica de la interpretación». «Queremos que no piensen sólo en su carrera, su voz, sino en que forman parte de una historia que se inició hace cuatro siglos», asegura.

(Este artículo se publicó originalemente en el número de agosto de la revista Plaza)

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