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Precariedad, pero de buen rollo

Ni la precariedad la han traído las ‘startups’ ni todas aplican los mismos criterios, pero los nuevos servicios bajo demanda y ciertas fórmulas de la economía colaborativa requieren una solución legal para las nuevas formas de consumo y la fuerza laboral naciente

15/02/2017 - 

VALÈNCIA.- Cuenta Juan Gil que cuando vio el anuncio en Facebook le pareció una oportunidad, si no la de dejar definitivamente el trabajo en el bar de su padre, sí al menos la de obtener ingresos extra en los ratos muertos. Él ya era autónomo, tenía un teléfono móvil y una bicicleta. Poco más le hacía falta para que le admitiesen como repartidor de comida a domicilio. En junio de 2016, casi coincidiendo con el desembarco de Deliveroo en Valencia, se incorporaba a la plantilla de repartidores. Seis meses después la abandonaba emitiendo una última factura de 75 euros con la correspondiente retención del 15% del IRPF.

«Como al principio éramos pocos, podíamos elegir la cantidad de repartos y horario. El primer mes cobré entre 900 y 1.000 euros trabajando algo más de 40 horas a la semana. Pero conforme aumentó la plantilla, la posibilidad de elección se redujo y las condiciones empezaron a empeorar. Además de que los servicios eran menos, nos obligaron a pagarnos la ropa y sustituyeron las mochilas que utilizábamos para trasladar la comida por unos cajetines, mucho más inestables y peligrosos en la bicicleta. Cuando comprobé que la factura bajaba a 500-600 euros decidí dejar la empresa. Lo anuncié con quince días de antelación. No me dijeron ni adiós».

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El testimonio de Juan Gil (23 años) sobre su paso por Deliveroo podría ser el de muchos otros. «De los que entramos al principio, quedarán tres o cuatro», dice. Una visión bastante alejada de lo que puede leerse en el apartado «nuestro ambiente de trabajo» de la web de la compañía británica: «Horario de trabajo flexible, lo último en equipamiento y la cuota de gimnasio subvencionada». «Gimnasio, no sé, pero seguro de accidente, desde luego que no teníamos. Cada cual el suyo, y eso que te la juegas, sobre todo los días de lluvia», continúa.

(Lea el artículo completo en el número de febrero de la revista Plaza)

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