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Línea y color en la colección del museo

Rojo, amarillo, verde, azul: la ‘sinrazón’ abstracta irrumpe en el IVAM

20/07/2017 - 

VALÈNCIA. “Queremos llamar la atención de esos caballeros sobre el hecho histórico de que, por aproximadamente cien años, solo el arte avanzado ha hecho una contribución significativa a la civilización”. Este es solo un fragmento de la dura carta que, en mayo de 1950, un grupo de artistas abstractos de Estados Unidos remitieron al entonces director del Metropolitan de Nueva York, Roland L. Redmond, denunciando el “desprecio” de la institución a su obra. Conocidos como ‘Los 18 irascibles’, la portada que protagonizaron en la revista Life popularizó su trabajo, dando un espacio histórico en el mar mediático al debate. Casi 70 años después, dos de los dieciocho firmantes de la carta –Hans Hofmann y Adolph Gottlieb- abren la exposición La eclosión de la abstracción. Línea y color en la colección del IVAM, una de las grandes apuestas de la pinacoteca valenciana para este año y el que viene, pues podrá visitarse hasta septiembre de 2018. La muestra compila aproximadamente 150 piezas de arte no figurativo de los fondos del museo, una carta de amor escrita en la segunda mitad del siglo XX.   

“A menudo escucho la pregunta: ¿qué significan estas imágenes? Sencillamente, esta no es la cuestión adecuada. Las imágenes visuales no tienen por qué conformar un pensamiento verbal o unos hechos visuales. Una pregunta más acertada sería: ¿transmiten estas imágenes alguna verdad emocional?”. Con esta frase de Gottlieb se da el pistoletazo de salida de la muestra, una declaración de intenciones de proyecto que, en última instancia, quiere conectar con el público desde un punto de vista “visceral”. Así lo explicaba ayer el director de la pinacoteca, José Miguel García Cortés, durante la presentación de la exposición, comisariada por MªJesús Folch y Josep Salvador, una intención que se explicita en el título de la muestra, que referencia a una frase de Charles Boudelaire: “Tanto la línea como el color inspiran pensamientos y sueños; los placeres que derivan de ellos son de naturaleza distinta, aunque perfectamente iguales y absolutamente independientes del tema de la pintura”.

Salpicada de distintas frases de los autores representados, que sirven como añadido a la experiencia artística y también como tranquilizante para aquellos visitantes que se enfrenten por primera vez a este tipo de obra, la muestra recorre temática y cronológicamente las gran evolución de las distintas tendencias artísticas a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, desde la emotividad contenida en los grandes lienzos hasta la tactilidad de la visión advertida en las instalaciones artísticas. Si de remover las sensaciones del público se trata, y aun a riesgo de hacer spoiler de la exposición, el recorrido finaliza con Porterville, de James Turrell, una pieza que invita a sumergirse en un cuarto oscuro, al que hay que entrar a tientas, para descubrir a pocos metros una obra que juega con la luz y el espacio. La instalación juega con la profundidad a partir de la luz, rompiendo con los límites físicos de la obra, con la que el autor quiere invitar al visitante a conectar “a un pensamiento sin palabras”.

“[Esta exposición] muestra el trabajo de nombres muy señalados de la historia del arte, tanto artistas valencianos, como Eusebio Sempere, nacionales, como Antoni Tàpies, e internacionales, como Richard Serra […] Casi ningún museo de España puede mostrar obras como las que se ven es esta exposición”, señaló Cortés durante la presentación. De esta forma, el IVAM plantea una ‘sinrazón’ en sus salas, un proyecto basado en la emoción que parte de un objeto pictórico que funciona como un organismo autónomo alejado de toda influencia figurativa proveniente de la naturaleza, , de los objetos físicos o de las relaciones sociales. Entre las piezas se expone por primera vez en el museo, habiendo sido mostrada únicamente en la galería Soledad Lorenzo de Madrid en 1996, la serie La luz que se apaga, de José María Sicilia. La serie la forman once lienzos de intenso color dorado, generados a partir de cera de abejas y óleo, que dota a la obra de una naturaleza viscosa y termodinámica que convierte a las obras en entes mutantes donde quedan grabadas todo tipo de marcas.

La exposición revisa los nuevos planteamientos que eclosionaron durante el periodo postbélico unidos a las teorías de los filósofos existencialistas, reivindicando la subjetividad e individualidad por encima de cualquier principio o pensamiento político. No son pocos los primeras espada representados en el recorrido, de las pinturas geométricas del valenciano José Mª Yturralde a las acuarelas de Henri Michaux realizadas después de consumir drogas alucinógenas, o la experimentación de Lucio Fontana y sus lienzos a los que realizaba cortes. De esta forma, Josep Salvador, comisario y responsable de la colección del IVAM, hizo referencia al trabajo del museo a la hora de conformar los fondos del museo, y de “prestar atención al trabajo de artistas que se han demostrado fundamentales, pero que en su momento no eran tan reconocidos, como el caso de Lucebert”. Antoni Tàpies, Helmut Federle, Tony Smith, Richard Serra o Gilberto Zorio son algunos de los artistas presentes en La eclosión de la abstracción, que también una reciente incorporación a la colección del museo, como anunció el propio director, una pieza de Ángeles Marco titulada Palanca (1987).

Preguntado por la importancia de la figura de Vicente Todolí –ahora vinculado a Bombas Gens como director de la colección Per Amor a l’Art y exdirector artístico del IVAM-, José Miguel García Cortés quiso destacar que esta tercera lectura de los fondos del IVAM es el fruto de un “trabajo colectivo” de cerca de 30 años en los que se ha ido conformando una rica colección, que cuenta hoy en día con más de 17.000 piezas. “Antes de que el museo se inaugurara se compraron muchas de las obras fundamentales […] Ningún museo es de nadie”, concluyó el director. La muestra ocupa las galerías 4 y 5 del IVAM tomando el relevo así de Perdidos en la ciudad, muestra con la que la pinacoteca también recorría sus fondos. Si el espacio de exhibición y el objetivo de divulgar el patrimonio de la pinacoteca son los puntos en común entre las exposiciones, hay un tercer pilar: la colaboración de la Fundación Banco Sabadell. La entidad confirma con una aportación de 60.000 euros su apuesta por el museo valenciano, con el que colaboró por primera vez el pasado año.

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