X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información

AQUÍ PARAN LOS TAXIS A ALMORZAR

Ronda por los bares de taxistas de València

Visitamos varios de ellos hasta encontrar un favorito: El Tostadero y su célebre bocadillo de sepia rebozada

Por | 26/05/2017 | 3 min, 18 seg

En los bares de taxistas
por las noches dan comidas.
Y en el de la calle San Bernardo,
coincidimos a diario.
Yo vengo cuando ya no queda donde ir.
Los bares han cerrado, 
y no sé por qué. (Francisco Nixon)


Cualquier animal nocturno de la fauna madrileña sabe cuál es el bar de taxistas en el que discurre la canción de Francisco Nixon. Es un local normal y corriente, ni demasiado cutre ni en absoluto moderno. Se llama Iberia, está en la glorieta de San Bernardo, y tiene dos “secretos”: solo echa el cierre entre las tres y las seis de la madrugada, y la cocina siempre está en marcha. Esto lo convierte en un lugar de peregrinación habitual de muchos taxistas y juerguistas durante los fines de semana. Es un punto y seguido para los currantes –café, tentempié y otra vez al coche-, y un punto y luego ya veremos para el resto. Estos lo mismo zanjan la noche con unos churros como les da por seguir pidiéndole cosas a base de copazos. La coexistencia entre sobrios y beodos en este bar del centro de Madrid puede alcanzar cotas de lo más surrealista. Y –aunque no lo crean-, también es un bar extrañamente propicio para hacer nuevas amistades y ligar. De ahí la canción… 

En Guía Hedonista nos preguntamos esta semana dónde se esconderá el “Iberia” de València, y con esa curiosidad nos echamos a la calle, cual Lope de Aguirre buscando El Dorado. Después de preguntar a varios taxistas, nos encaminamos a dos locales de la Avenida Ausiàs March que -según nos “soplan”- abren las 24 horas del día. Son el Aleixandre y el Papillón, apenas separados 200 metros uno de otro. Entramos en el primero de ellos, y nos embarga la decepción cuando comprobamos que aquí ni hay estética de la decadencia, ni tumultos… ni siquiera buenas tapas. Media ración de morro de cerdo “rompedientes”, un palito de cangrejo rebozado mal descongelado y una croqueta de bacalao que la verdad es que sí tenía un pase. “Mujer, es que ahí vamos más que nada a tomar café”, nos revela al día siguiente un conductor profesional. 

Básico, bueno y barato

Ya a plena luz del día visitamos otros dos clásicos, éstos con horarios de apertura convencionales: San Patricio, ubicado en plena plaza del Ayuntamiento, frente a la parada de taxis. Abierto desde 1936, este bar no tiene ningún plato estrella en la carta, pero los taxistas se sienten aquí como en casa y además disfrutan de precios especiales como prerrogativa gremial.

Nuestro favorito, sin embargo, es El Tostadero, conocido sobre todo por sus bocadillos de sepia rebozada (para muchos, los mejores de la ciudad). Situado en la Avenida Barón de Cárcer –que próximamente será la del Oeste-, debe su nombre a que en sus orígenes, hace medio siglo, se tostaba café en la misma puerta del bar. José Antonio Coloma es uno de los cuatro trabajadores a los que los antiguos propietarios traspasaron el negocio hace décadas. Ellos continuaron la tradición de los “calamares”, y añadieron la de su refrescante café del tiempo, preparado previamente con canela, limón y azúcar. En la vitrina, las tapas de toda la vida, elaboradas con productos del Mercado Central, y unos apetitosos pepitos de pisto, fritos con el aceite de la sepia para “subirles” el sabor. Aquí hay mucha vida; los clientes se conocen entre sí y llaman al camarero por su nombre. Este humilde bar es su bar. El Tostadero no es un after, ni falta que le hace.  


Comenta este artículo en
next