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sandra gómez / ¿la próxima alcaldesa?

«Ribó ha de entender que tiene que llegar a acuerdos conmigo»

La edil esquiva la pregunta sobre si será la próxima candidata pero no oculta que quiere ver al PSPV con la vara de mando del Ayuntamiento

23/12/2016 - 

VALÈNCIA.–Suele ocurrir que cuando a alguien se le cuelga el sambenito de 'sucesor', automáticamente queda apeado de la competición. Quizás por eso Sandra Gómez prefiere no precipitarse, pero todos los dedos en el PSPV le señalan como una posible alternativa al actual alcalde Joan Ribó

—¿Piensa ya en disputarle la alcaldía a Joan Ribó en las próximas elecciones municipales?

— Eso es una decisión de los militantes. A mí se me ha encargado llevar el liderazgo del grupo municipal y del proyecto que representan los socialistas en el Ayuntamiento. Mi tarea ahora es que nuestro grupo cumpla el contrato con nuestros votantes.

— Pero llegado el momento, ¿se presentará a las primarias para ser candidata a la Alcaldía?

— Es importante que esas decisiones se tomen cuando llegue el momento. El Partido Socialista tiene el mejor proyecto, lo que hay que ver es si yo soy la mejor persona para representarlo. Que el Partido Socialista tiene que tener la Alcaldía, claro que sí.

— En cualquier caso, antes se celebrará el congreso de la ciudad y usted tendrá que decidir si se presenta a la secretaría municipal del PSPV o apuesta por una bicefalia.

— No digo ni que no, ni que sí. La reflexión la quiero hacer con muchos compañeros y compañeras. Tomar una decisión en ese sentido implica ser la mejor opción para el partido y para ello tenemos que dejar a un lado las batallas orgánicas y elegir un proyecto para la ciudad.

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— ¿Qué opina de las bicefalias?

— El partido es el instrumento para cambiar la vida de la gente. Cuando se abre el debate sobre si Ximo Puig ha de dejar la secretaría general del PSPV porque es presidente de la Generalitat, creo que hay que preguntarse si el proyecto que lidera se ajusta a los valores del partido y no si el partido necesita una estructura más independiente del Gobierno. No entiendo que el liderazgo en el PSPV vaya desligado del proyecto político real, que se impulsa desde la Generalitat. 

— Con ese razonamiento, debería ser Secretaria General del PSPV.

— Ximo Puig fue elegido primero Secretario General del PSPV y después ganó las elecciones. Yo iba de número dos en la candidatura municipal y ahora tengo que convencer a mis compañeros, si me presento, de que me voten. 

— Desde su llegada se ha esforzado por marcar un perfil propio frente a Compromís. 

—Éste es el gobierno del pacto, del diálogo, en el que hay que sentarse a hablar antes de tomar determinadas decisiones. Antes la figura de la alcaldesa era muy fuerte, con un liderazgo indiscutible. Ahora se trata de impulsar un cambio colectivo, con decisiones compartidas.

— Se estrenó en el cargo marcando el territorio y negándose a una redistribución de competencias como proponía el alcalde Ribó.

— Nosotros nos comprometimos en un pacto que establece las reglas de juego de la coalición y el reparto de roles de los tres partidos. Lo que se dijo es que había que respetar ese pacto realizado por el interés general y basado en el diálogo. 

— Pero usted enfatiza el perfil propio para el PSPV.

— Claro que sí. Cada partido tiene su propia visión y lo bonito de esta etapa es que, por primera vez, se debate y se habla de política. A mí me votaron en base a un programa político que no es el mismo que el de Compromís y València en Comú. Ribó ha de entender que no puede aplicar su programa electoral porque no ha sacado la mayoría y tiene que llegar a acuerdos conmigo y con mi partido. No tenemos que dramatizar las diferencias, tenemos que trabajarlas. Cuando dicen que se rompe el acuerdo digo: ¡No! Estamos haciendo política, hacer política es llegar a acuerdos.

— El Consell lleva año y medio de gobierno y ya ha revisado l’Acord del Botànic. ¿Ustedes van a revisar el pacto municipal? 

— Estamos dispuestos a hacer cambios si es en interés de la ciudadanía. No nos cerramos en banda a una revisión, pero si se abre ese tipo de debates habrá que hacerlo en el momento oportuno, sin imposiciones y siempre que sea para mejorar lo que no funciona bien.

— ¿Qué relación tiene con el alcalde Ribó?

— Mi relación con el alcalde es muy buena. Los dos estamos aprendiendo a gobernar juntos y cuando hemos tenido diferencias las hemos resuelto con un abrazo. 

— Usted se estrenó al mando de la Policía Local y los Bomberos de València con 29 años. ¿Qué valoración hace de esa etapa?

— El haber pasado por el departamento de Protección Ciudadana me ha dado mucha experiencia. Era como llevar un Ayuntamiento paralelo. Es un departamento que tiene la mitad de la plantilla, de los recursos materiales, el parque automovilístico, un personal que tiene su propia estructura... Fue como un máster intensivo en función pública del que sólo guardo buenos recuerdos.

— Un departamento difícil con el que obtuvo notoriedad...

— El primer mes fue complicado. Se iba un hombre muy conservador del PP [Miguel Domínguez, que dirigió el departamento dieciséis años] y entraba una mujer joven y de izquierdas. Las primeras semanas hubo expectación, incredulidad e incluso malestar, pero creo que les vino muy bien que llegara alguien con una visión fresca de las cosas.

— Usted fue quien decidió subastar las Harley compradas por el PP para la visita del Papa a Valéncia. ¿Resistió la tentación de subirse a la moto?

— [Risas] Me subí, pero no la arranqué. Me hice una foto. Aprovechamos la iniciativa para visibilizar el papel de la Policía Local que es tremendo.

— Desde la tenencia de alcaldía usted tiene que pensar la ciudad de una manera más global. ¿Qué modelo de ciudad tiene?

— Definir el modelo de ciudad requiere una reflexión porque no se trata de que un iluminado nos diga el modelo a adoptar. La política hay que compartirla con la ciudadanía. Desde hace años no hay un relato sobre la ciudad, ni sobre el modelo que queremos.

— ¿Se refiere a los años de gobierno de Rita Barberá?

Rita Barberá tenía un modelo muy claro, que nosotros no compartíamos, y su resultado ha sido un fracaso. Era un proyecto de cartón piedra, de proyectos efímeros que dejaban detrás despilfarro y corrupción. Cuando las Administraciones entraron en crisis a partir de 2011, el proyecto de Barberá basado en grandes inversiones públicas para eventos efímeros se agotó y su relato también. En los últimos cuatro años no ha habido nada.

— ¿Y su proyecto cuál es?

— Nosotros tenemos muy claro que queremos una ciudad dinámica, emprendedora, justa, donde las inversiones lleguen a todos los barrios, una Valencia consolidada, que genere empleo y que desarrolle la zona del puerto y la huerta. Pero yo quiero algo más que eso. Quiero un pacto social.

— ¿Qué clase de pacto?

— Un pacto de desarrollo económico que trascienda, en algunos puntos básicos, a los gobiernos municipales. Queremos una València cuyo principal motor económico sea el turismo, con un segundo punto de apoyo en la actividad económica que genera el puerto y que vuelva a recuperar su tejido industrial. Por eso vamos a convocar un congreso en 2017 con todos los agentes sociales y económicos para definir el modelo.

«El problema del PSOE es que estamos dando bandazos. No nos acabamos de ubicar en España y en una ciudad como ValÈncia la marca del partido pesa mucho»

— El PSPV tenía un modelo de ciudad con Ricard Pérez Casado en el gobierno y lo tuvo en la oposición con Ana Noguera, Carmen Alborch o Rafa Rubio. ¿No piensa aprovechar ese trabajo?

— Lo mejor del PSPV es el tremendo know how que tenemos. Yo no acabo de llegar para inventarme lo que se me ocurra en cada momento. Mi programa electoral era el mejor que se presentó en 2015 porque estaba trabajado al detalle, calle a calle. El modelo de la València socialista está hecho. 

— ¿Y en qué pilares se basa?

— Se basa en una València igualitaria urbanísticamente, que se traduzca en barrios consolidados con sus propios servicios públicos. 

— Hablando de barrios, ¿qué opina de la política de movilidad que tanta polémica ha generado?

— Nosotros apostamos por la peatonalización del centro histórico porque entendemos que determinadas zonas han de estar salvaguardadas. Estoy a favor de un modelo donde la prioridad sea el peatón y, sobre todo, el transporte público, pero el coche va a existir siempre. Tenemos que incentivar el transporte público y, a medida que lo incentivemos, avanzar en las restricciones al tráfico del vehículo privado.

— ¿Cuál es su referente de ciudad?

— Mi referencia son el resto de ciudades españolas. No puede ser que València tenga la línea 2 del metro —que nunca ha entrado en funcionamiento— hecha un desastre y que en ciudades como Santa Cruz de Tenerife, Sevilla o Málaga el metro lo pague el Estado. 

— Quizá para cambiar esa situación tendrían que gobernar España. Y el PSOE todavía no ha salido de su desorientación ideológica. 

— El problema del Partido Socialista es que estamos dando bandazos. No nos acabamos de ubicar en España y en una gran ciudad como València la marca del partido pesa mucho. 

— ¿Cómo vive la pugna entre Susana Díaz y Pedro Sánchez en el seno del PSOE?

— No podemos seguir encastillados en estos debates de liderazgos. El PSOE tiene un problema de proyecto político, de coherencia y de discurso. ¿Alguien está hablando del modelo federal del PSOE? ¿De qué nos pasa en territorios como Cataluña, Galicia o País Vasco donde tenemos resultados de fuerza minoritaria? ¿Alguien está hablando de por qué hemos desconectado de los jóvenes? Nadie. El partido tiene que dejar atrás la etapa de los enfrentamientos personales.

— ¿A quién prefiere de los dos?

— Creo que hay que buscar una línea de consenso. En política hay que ser generoso.

— ¿No cree que el PSPV debería posicionarse para ganar influencia en el PSOE?

— Creo que Ximo Puig hace bien en centrarse en su proyecto político.

— Usted es joven, un colectivo que hoy no conecta con los socialistas.

— Es normal, porque España ha vivido una época de cambio. La crisis económica creó una desafección política en la gente joven que, con una tasa del paro del 51%, veía con desconfianza el sistema. ¿Cómo vas a creer en algo que te ha dejado al margen del contrato social? 

— ¿Cuál cree que es la solución?

— Yo también he sido joven, becaria, precaria y parada y por eso pedía en mi partido que hiciesen cosas para la gente joven o no nos votarían. Yo misma pensaba que todo era una mierda: he estudiado dos carreras, dos másteres y ha habido épocas en las que, trabajando doce horas al día, no llegaba a fin de mes. Para recuperar la confianza de la gente hay que hablar de lo que realmente les importa, de desarrollo, de empleo, de bienestar, haciendo discursos para las mayorías. Es una reflexión que debe hacer la izquierda si quiere seguir en las instituciones. Si quiero proteger a las minorías tengo que hacer discursos de mayoría.

— Ya, pero ustedes son corresponsables de alimentar debates como el de los festejos taurinos.

— El PSPV apoyó en el pleno la decisión de la Concejalía de Bienestar Animal de abolir los festejos con toros. Yo amo a los animales, estoy en dos protectoras y tengo dos perros, pero es una decisión personal. Si en mi agenda política sólo coloco este tipo de cuestiones y me olvido de hablar de empleo la mayoría dejará de escucharme. Tengo que hablar de más cosas.

— ¿Y cómo piensa atraer a los jóvenes al partido?

— Hay que hablar de sus problemas. Yo me afilié al PSOE porque Zapatero era el presidente de los jóvenes y puso en marcha la renta de emancipación y nuevas becas. ¿Qué nos preocupa a los jóvenes? Nuestra salida laboral, volver a tener expectativas de trabajo. La gente joven hemos entrado en un estado de ansiedad porque no tenemos oportunidad de demostrar a la sociedad lo que valemos. Tenemos que hablar de esas cuestiones.

— ¿Lo mismo vale para las mujeres?

— El PSOE introdujo avances importantísimos con la ley contra la Violencia de Género o la ley de Igualdad, con un discurso claramente feminista del presidente del Gobierno. Hemos de volver a un discurso mayoritario. Hemos de dejar de poner el acento en cuestiones religiosas, festivas, emocionales o simbólicas.

«La izquierda tiene que reflexionar si quiere seguir en las instituciones. Para proteger a las minorías hay que hacer discursos de mayoría»

— Usted cobró notoriedad política como acusadora del PSPV en el sumario del caso Nóos. 

— Con independencia de que hiciera el trabajo profesional, a quien hay que reconocer el mérito es al anterior portavoz, Joan Calabuig. Él tomó la iniciativa política y la decisión de seguir con ese caso hasta el final, hasta la dimisión de Alfonso Grau [vicealcalde del PP]. 

— ¿Recibió muchas presiones para dejar el caso?

— Hubo mensajes, pero Calabuig hizo de parapeto y llevamos el caso adelante.

—¿Qué espera ahora de la sentencia?

— Creo que tomamos una buena decisión. Entonces ya estaba claro que algo no olía bien en la Generalitat gobernada por el PP, pero el Ayuntamiento de València había conseguido aislarse de esa percepción de que había corrupción y nuestra demanda lo puso todo en duda. El caso Nóos, para mí, ha tenido un efecto dominó. La dimisión de Alfonso Grau es la que precipitó el origen del caso Taula. Los asesores del PP contaron que se llevó la caja B que tenía preparada para la campaña municipal de 2015 y que, precipitadamente, la tuvieron que llenar con las transferencias de 1.000 euros de los concejales. El portazo con el que se fue Alfonso Grau también lleva a que se destape cómo funciona el PP y es su mujer la que lanza  la primera denuncia sobre la financiación irregular del PP. Creo que la denuncia del caso Nóos sirvió, sobre todo, para destapar que el PP en València era una organización que defendía el interés particular de sus dirigentes y no los de la ciudad.

— ¿Rita Barberá se tenía que haber sentado en el banquillo del caso Nóos?

— Claro que sí. Fue ella la que se reunió y acordó con Iñaki Urdangarin los contratos del Instituto Nóos. Eso no lo he dicho yo, eso lo contaron con todo lujo de detalles Iñaki Urdangarin y Diego Torres y un fiscal y un juez dictaron que eso era motivo para que se sentara en el banquillo. El Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat sabrá por qué no la sentó en el banquillo.

— ¿Qué opina de los que piden una calle para ella?

— Un fallecimiento tan repentino siempre provoca un choque emocional y es normal que surja ese tipo de debates y se pidan memoriales. Lo siento mucho por su familia y las personas que la querían. 

* Este artículo su publicó originalmente en el número 26 (XII/2016) de la revista Plaza

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