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TÚ DALE A UN MONO UN TECLADO

Somos una sociedad de ridículos 'hooligans' (o la verdad en los tiempos de Facebook)

4/10/2017 - 

VALÈNCIA. Internet se ha convertido en una especie de panteón politeísta de VERDADES. Sea cual sea tu creencia, seguro que hay una página —o más— que te darán el aval para sentirte apoyado y defenderla. ¿Crees que el hombre no llegó a la luna? Miles de página lo demuestran. ¿Que el hombre llegó a la luna? Miles de páginas lo demuestran. ¿Que el 11M lo perpetró Bin Laden? Claro. ¿Qué lo hicieron los estadounidenses? Claro. ¿Que fue cosa de una raza alienígena? Claro, también lo puedes encontrar. ¿Que la leche engorda? ¿Que la leche  adelgaza? ¿Que la leche es buena? ¿Que la leche es mala? ¿Que la leche produce cáncer? ¿Que la leche es una sustancia alienígena? Solo debes buscar con un poco de paciencia en la red hasta encontrar tu aval: la página o el comentario que te reafirmará en tu verdad, por ridícula que sea esta verdad. Y entonces podrás blandirla contra los otros. Los herejes. Los que tienen la desfachatez intelectual de defender lo contrario. Los otros. El enemigo.

La VERDAD es como ese hombre alto que se nos coloca delante en un concierto y al que pedimos que se aparte, con educación o sin ella, según nuestro talante. Ya hacía tiempo que llevaba pensando en ello, en cómo cada cual cree lo que le dé la gana, pero este domingo de seudoreferendum la cosa fue más que evidente. Qué vergüenza da España, publicaba una conocida en Facebook. Solo TVE y el canal 24h hablan de lo que está pasando en Catalunya mientras las televisiones privadas ni lo nombran, como si no pasase nada. 

"en las redes sociales, Si mis 135 contactos opinan lo mismo que yo, ¿cómo voy a estar equivocado?"

Yo no podía creerlo. Llevaba desde las 9 de la mañana siguiendo los acontecimientos en La Sexta, que como pudimos ver dedicó casi todo el día a ello (a no ser que me haya vuelto loco), y TVE vivía absolutamente ajena, en sus programas inocuos de domingo, como si fuese un día cualquiera y en Cataluña no estuviesen a palos. Solo desconectaron durante las declaraciones de la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría y al acabar fueron directamente a Corazón Corazón, a contarnos que si Bustamante tenía nueva novia y a enseñarnos el insulso menú de la princesa, esa niña de mirada triste (la princesa está triste, qué tendrá la princesa) en su cole pijo. Uno de los comentarios del post de esta chica decía: Claro, las televisiones no sacan nada porque a canales como la Sexta no les interesa que se sepa…  

Seamos sinceros, la gente no tiene mucho interés en demostraciones y pruebas si estas no apoyan sus ideas. Entre un dato objetivo y una habladuría, la mayoría de la gente elegirá la habladuría si esta defiende sus prejuicios. Es similar a lo que se conoce como Efecto Dixon: damos más importancia a las profecías cumplidas que a las no cumplidas. Una beata que reza a la virgen pidiéndole milagros, no tendrá en cuenta las 49 veces que no se cumple su petición sino la única vez que sí se cumple. 

—¿Veis? La virgen me ama…

Los medios de comunicación no ayudan mucho. Estamos en un momento de crisis profunda del periodismo, que ha pasado de ser una profesión seria al servicio de la verdad objetiva y las pruebas, a convertirse en un panfleto tendencioso al servicio de la ideología de sus dueños. Y también al servicio de la tranquilidad de sus lectores, que no los leen para informarse sino para reafirmarse en su razón y en la equivocación de los contrarios. El periodismo se ha separado de la investigación para acercarse al ideario. Cada vez es una profesión más creativa, pues ya no busca llegar a verdades comprobables. Las verdades las tiene de antemano, lo que debe hacer es inventar las pruebas que les den un viso de verosimilitud a esas verdades.

Reconozcámoslo: somos hooligans. El espíritu del hincha de fútbol nos ha poseído en todos los ámbitos de nuestra vida. Defenderemos a nuestro partido político, por ejemplo, aunque no cumpla sus promesas electorales, aunque nos robe, aunque entre en nuestra casa y nos golpee con una barra de hierro… porque es el nuestro y somos fieles a nuestros colores. Oé, oé, oé, oeeeé!

"Me contaba un conocido que en la sede de España 2000 de Valencia últimamente salen a cantar el Cara al Sol con banderas preconstitucionales sin ninguna vergüenza"

Estamos en un cambio de época más que evidente y esto siempre provoca etapas de crisis existencial. Los viejos paradigmas han dejado de servir y los nuevos todavía no se atisban. En esta tierra de nadie donde no sabemos muy bien a qué atenernos florecen los fanatismos: ante la incertidumbre, abrazamos la fe. La fe en cualquier cosa, porque no importa la cosa, importa creerla, ampararte bajo su paraguas, refugiarte en el orden que te propone donde hay buenos (nosotros) y malos (los otros). Además, los buenos son muy buenos y los malos son muy malos, como en Star Wars, El señor de los Anillos, Braveheart o cualquier historia épica que se precie.

Por culpa de las redes y de los medios de comunicación, estamos perdiendo la capacidad de empatía y de diálogo con los otros. El 1-O es el ejemplo más reciente. Ya no importa entender al otro para llegar a consensos: importa insultarlo y machacarlo. Como esos hinchas de fútbol descerebrados que son capaces de agredir a jugadores de otro equipo, hemos confundido nuestras ideas con nosotros mismos. Atacan nuestras ideas y nos sentimos atacados, como si nosotros fuésemos nuestras ideas. Y no, señores, las ideas están a nuestro servicio, no nosotros al servicio de ellas. Y están ahí para debatirlas, para ponerlas en entredicho, para discutirlas, para cambiarlas cuando sea necesario. Porque, seamos honestos: solo las máquinas se mantienen fieles a lo que les han programado. Pero nosotros somos personas, y las personas se supone que evolucionan, matizan, se adaptan a las circunstancias, cambian. Mantenerse fiel siempre a algo, ocurra lo que ocurra, por los siglos de los siglos, es absolutamente inhumano y se le llama fanatismo. Fanatismo futbolero, político, religioso, xenófobo, conspiranoico… me da lo mismo: fanatismo. 

Todo está avalado hoy en día. Cualquier idea. Me contaba un conocido que en la sede de España 2000 de Valencia últimamente salen a cantar el Cara al Sol con banderas preconstitucionales sin ninguna vergüenza. Lo mismo ocurre en Estados Unidos con el Ku Klux Klan, que de pronto emerge de la sombra donde estaba recluido para hablar tranquilamente como si unos racistas declarados fuesen interlocutores normales y corrientes. Pero las redes sociales producen en nosotros esa sensación de tener la razón. Si mis 135 contactos opinan lo mismo que yo, ¿cómo voy a estar equivocado? Me imagino a uno de esos supremacistas blancos del Ku Klux Klan pensando: cada vez que pongo en Facebook que los negros son inferiores tengo 65 me gustas y, además, todos los blogs que sigo (matanegros, whitepower, vivahitler…) dicen cosas muy parecidas a lo que pienso. O sea, que tengo la razón, ¿no? ¡Es de cajón!

Hace años estuve en la India y me di cuenta que en el hinduismo, una religión con cientos de dioses, todo el mundo encuentra apoyo. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, creas lo que creas, siempre hay un dios que te avala. Hay dioses de la destrucción y de la construcción, del día y de la noche, de la vida y de la muerte, de los ricos y de los pobres, de la sanación y de la enfermedad. Solo debes elegir en su panteón el que más te interesa cada vez y listo.

Pues en estas estamos, cada uno bailando con su verdad. Pegados, claro, que bailar de lejos no es bailar. Cada uno cocinándose con su verdad en papillote, sin salir apenas de su círculo, con medios de comunicación que han dejado de informar porque nadie quiere información, sino un masajito en la espada de sus creencias, por radicales que estas sean.

Durante ese viaje a la India me hice un tatuaje en la muñeca donde pone MAIA (ilusión). El mundo es una ilusión, dicen los hindús. Porque todo es mentira. Y si todo es mentira, pues todo puede ser verdad, ¿no? Y ahí está la parte constructiva, la que no estamos viendo. En un mundo con miles de dioses distintos, donde cualquier verdad tiene su divinidad, podemos elegir la que más nos conviene. ¿Y si nos damos cuenta de que las viejas verdades han caído y eso supone la oportunidad de crear un nuevo mundo? Pero no un mundo de grupos radicalizados y sordos, sino un mundo en el que asumamos que todos estamos parcialmente equivocados porque la verdad, ya lo sabemos, jamás existió. ¿Nos quitamos el velo de Maia, como dicen los hindús, y aceptamos la realidad de una vez? Que tenemos que escucharnos, que debatir, que hablar. Que nadie tiene razón. Y no, tú tampoco, a pesar de lo que dicen tus amigos de FB y tu abuela.

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