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el antivideoclub que margina lo comercial

Stromboli: El videoclub que no lucha contra Internet, que convive con el "virus"

Las estanterías de Stromboli han atraído a cinéfilos y aficionados durante más de una década, por lo que este martes celebra su doceavo aniversario con una fiesta en el propio local, desde las siete de la tarde hasta la medianoche

16/08/2016 - 

VALENCIA. Si Donnie Darko despertase en Valencia y dejará atrás las predicciones de Frank sobre le fin del mundo, iría directo a despejarse entre carátulas. Se escondería en Stromboli, un videoclub legendario en la capital del Turia que guarece rarezas cinematográficas como Following, la primera película de Christopher Nolan, o Szamanka, de Andrzej Żuławski. Hace 12 años, Dani y Almudena Gascó se embarcaron en este proyecto para unir a personas curiosas y al cine, una idea que no tenía espacio físico en la ciudad y que ha sobrevivido a una crisis económica, a la piratería y a las plataformas streaming multimedia. Dani reivindica la ignorancia y reconoce que "lo hicieron porque no sabían que era imposible", como escribe Francis Ford Coppola en Apocalypse Now. Este 16 de agosto, el reducto de pasión y películas insospechadas conmemora su nacimiento en un encuentro que invita a clientes habituales e inquietos y que alojará un catering de comida tailandesa a cargo del chef César Bermúdez.

Foto: Pepe Domínguez.La ensoñación de Dani se materializó cuando compartió la idea con su hermana, un videoclub plagado de singularidades y "conducido por personas que aman y saben de cine", al día siguiente le dijo a Dani: "Lo haremos y se llamará Stromboli". Escondido por Ruzafa, en la calle Centelles número 17, el local se ha convertido en un encuentro para cinéfilos y aficionados que quieren bucear entre los más de 10.000 títulos que alberga en su interior. Cine de autor, underground, independiente, extranjero o películas descatalogadas son los actores principales de un emplazamiento donde el cine comercial pasa a ser marginal, la antítesis de las pantallas de hoy en día. Esta exclusividad y el factor humano es quien le ha mantenido a flote. Siempre han buscado diferenciarse de la red, que ya existía cuando abrieron en 2004. Dani combate la vox pópuli que es Internet con recomendaciones hechas a medida, "eres recomendado por una persona que te conoce". Un trabajo psicológico que ahorra al cliente tener que navegar, una búsqueda que no daría con el catálogo de Stromboli, definido por la particularidad. Es una empresa con ambición de archivo, que adquiere novedades, pero huye de la clásica idea de videoclub. Hacen una tarea de investigación, normalmente semanal, para dar con clásicos, ediciones especiales o firmadas. 

Stromboli no quiere arrebatarle el puesto a Internet, sabe que no puede destronarlo. Sin embargo, la réplica que da es el trato con el visitante, una tienda especializada y de culto que regala tiempo al aconsejar de manera subjetiva a cada usuario. Además, alquilar en Stromboli es una experiencia completa, "cabe la posibilidad de consultar filmografías, descubrir referencias y disfrutar una de las citas que incluimos en cada carátula". "Luchar contra Internet es una equivocación", explica Gascó, "necesitas convivir con el virus, vivimos de ese trato humano". De 11 horas a 14, o de 6 a 10 de la noche, quien atraviesa la puerta puede enfrascarse en una conversación con los propietarios y poner a prueba sus conocimientos, hacer peticiones de compra o recibir muchas sugerencias según sus estados de ánimo, su personalidad o su necesidad. Tienen Facebook, Twitter y también un blog, que aunque está descuidado permite consultar reseñas y el catálogo del local. 

Según Gascó, alquilar en su local no es un lujo, tampoco en comparación con plataformas como Netflix, que por una cantidad mensual reducida tienes opción a ver en streaming miles de películas y series. Han mantenido el precio durante muchos años, dos euros y medio cuesta cada alquiler y el precio se reduce con los bonos de 10 películas, dos euros cada una, o bien con el de 25, por 1,40 euros cada título. Gascó asegura que el porcentaje de morosidad es nimio, pero prefiere no pensar en ello, puesto que es algo a lo que están expuestos y no pueden remediar. Se arriesgan comprando cintas extrañas veneradas como tesoros porque piensan en el bien común. Tampoco piensan en el ocaso del DVD, pero si ocurriera, tendrían que reinventar su formato. Al tratarse de un punto de referencia y de reunión, han pensado alguna vez la posibilidad de añadir al Stromboli una cafetería temática con proyecciones y debates. "Si esto fuera un lugar de copeo, ya me habría tomado algo", le han dicho algunos clientes a Gascó. Aún así, se han centrado siempre en la especialización referente a las cintas y han evitado servir comida y bebida, así como la instalación de máquinas expendedoras con películas, lo que les permitiría abrir las 24 horas, pero sería una atención fría y metalizada.

Venden emociones y erotismo

Cuando abrió la tienda, Dani estaba convencido de que vendería imágenes, pero los más de 10.600 socios saben que vende llanto, amor, risas o reflexión, más que cine a secas. Stromboli ha recibido a huéspedes como José Sacristán, Tristán Ulloa, Ana Álvarez, Bárbara Lennie, Javier Rebollo o Fernando Trueba. De hecho, la mejor joya del videoclub llegó a las manos de los Gascó gracias a Trueba. La Maman et la Putain es un largometraje del francés Jean Eustache de 1973 que solo está editado en Japón y es muy cara y difícil de conseguir. En el programa Mi película favorita de Canal+, Trueba contestó que esta era la suya y años después una amiga china le regalaría una copia de la cinta. El hijo del director, Jonás, le pidió a Dani que la subtitulase, y casualmente, también es la favorita del propietario. Se trata de un filme emblemático que simboliza el fin de la Nouvelle vague y que retrata la derrota de mayo del 68. "Jóvenes que se encuentran en el mismo callejón sin salida que vivieron sus padres", explica Gascó, "una película muy filosófica, romántica y llena de monólogos". Un proyecto con bajo presupuesto, con planos entre paredes blancas, buenos actores y buenos diálogos; que sirvió de ejemplo a Trueba para ilustrar que con muy poco, pero con mucha imaginación, se puede hacer una gran película.


El videoclub ha dado un beneficio humano intangible a la ciudad y ha conocido a todas sus generaciones de cinéfilos, desde los más jóvenes que entran en el mundo tímidamente, hasta los coleccionistas más longevos. Se ha generado una cultura en torno a directores y cintas emblemáticas, extranjeras e inaccesibles en la red o en otros locales de alquiler. Las filias y las pasiones de los aficionados han encontrado una casa en Stromboli, un hogar que aún tiene "muchos rincones por barrer, por rastrear y por compartir", tal y como describe Gascó. Les gusta darse a conocer por el bocaorella, por la recomendación de algún cliente que se ha quedado satisfecho con probar el cd original y sentir el contacto de una carátula que la red no puede ofrecer. Hace poco compraron la cinta más cara, la edición especial de Szamanka por 72 euros. Una edición limitada a 2000 ejemplares con la firma del director, un folleto y postales; aterrizó desde Inglaterra y es considerada una pieza de coleccionista, capturada por Stromboli para que no escape de Valencia.

Al margen de dar este servicio de alquiler, también colaboran asiduamente con diversas instituciones: IVAC Filmoteca, MuVIM, IVAM, Aula de Cinema de la Universitat de València; y festivales como Russafa Escènica, Valencia Negra y Cineuropa, en Santiago de Compostela. De hecho, Dani ha subtitulado numerosas películas, para instituciones, como La puerta del cielo de Michael Cimino (1980), y para añadir a su oferta.


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