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REStorán de la semana

Sucar

Sucar es una oda a la cuchara y a esos platos que forman parte de nuestra memoria

Por | 11/05/2018 | 1 min, 20 seg

Cuando Vicente Patiño anunció que abriría nuevo restaurante en el local que ocupó Morgado, que además se basaría en platos tradicionales y que encima se llamaría Sucar, tuve una sensación parecida a cuando Sabina está a punto de sacar nuevo disco o James Ellroy de lanzar su próxima novela. Nervios. Ilusión. Y la certeza de que muy mal tendría que ir la cosa para que no sucumbiera a la invitación que el cocinero de Xátiva hace en su nuevo proyecto de recuperar esa maravillosa costumbre de mojar el pan en la titaina o en el aceitito de la escalivadada. Y sucumbí, vaya si sucumbí. 

Sucar es una oda a la cuchara y a esos platos que forman parte de nuestra memoria. Platos que no sé por qué, un día desaparecieron de las cartas de la mayoría de los restaurantes. 

En los manuales de buenos modales, esos tratados rancios que ocupan la librería de Tamara Falcó, o en los artículos que hace el Hola sobre etiqueta y protocolo, se considera de mala educación rebañar el plato con el pan.  ¿Mala educación? Ay, desdichados. Para mi, la mala educación es no terminar haciendo barquitos con el pan en la salsa de los caracoles de Sucar. Y si no me viese nadie, acabaría también relamiendo el plato de ese estupendo arroz al horno que prepara Patiño.

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