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los actores, menores de 14 años

Una representación de San Vicente con violencia machista crispa a los valencianos en las redes

Un elenco infantil representó la semana pasada esta pieza teatral, escrita en 1968, como parte de las festividades del patrón de la ciudad

28/04/2017 - 

-¡Socorro, auxilio!

-Huye, huye, que no te escaparás, mala lengua!

-¡Vecinos, vecinas, venid!

-Grita, grita, que no te salva ni la caridad.

-¡Venid todos, que me mata!

-¡Toma bruja, para que aprendas!

-¡Barrabás, borracho, perdido!

-¡Tú calla!

 

VALÈNCIA. Por extraño que parezca, esta discusión no ha sido extraída de un drama cinematográfico, ni forma parte de un anuncio gubernamental contra la violencia de género. El fragmento pertenece a uno de los milagros de San Vicente Ferrer que, como cada segundo lunes de Pascua, se representan en diversas calles de València para conmemorar al santo patrón de la ciudad. 

Concretamente, esta escalofriante escena –titulada L’ últim sermó y firmada por Ernesto Peris-Celda Puchades- fue representada en dos ocasiones (el domingo 23 y lunes 24 de abril de 2017), por niños de no más de catorce años, en el altar del Ángel Custodio, ubicado entre el cruce entre la calle Salamanca y Reina Doña Germana. Según el testimonio del ciudadano que a título particular grabó con su móvil la representación, el público estaba compuesto por cincuenta o sesenta adultos y menores del barrio. Uno de estos videos se difundió el pasado martes por las redes sociales, levantando de forma inmediata una corriente de indignación hacia esta tradición vicentina, originada a raíz de la canonización de San Vicente Ferrer en 1455.

Cultur Plaza se ha puesto en contacto con el profesor José F. Ballester-Olmos, autor de numerosas publicaciones sobre la vida del predicador valenciano, entre ellas el libro Los miracles de San Vicent Ferrer y sus valores etnológicos, que publicará la institución Lo Rat Penat en los próximos meses. En opinión de este experto, “este milagro, como tantos otros, no tiene ninguna base histórica, y debemos contextualizarlo dentro del teatro humorístico costumbrista valenciano del siglo XIX, que era muy similar al de los sainetes castellanos. Por aquel entonces los personajes se describían de forma caricaturesca: la mujer parlanchina y celosa, el fraile gordo y comilón, el marido borracho y malfaener No debemos interpretarlo desde la perspectiva sociológica actual”. “Otra cosa –matiza- es que este milagro esté estratégicamente bien elegido. Puede ser que hoy en día un niño malinterprete determinadas visiones que fueron humorísticas hace doscientos años, pero que ahora tienen otro sentido”.


En realidad, el texto de E. Peris-Celda Puchades fue escrito en 1968 para el Altar del Carmen, cuando España todavía vivía bajo el régimen de Franco. Se estrenó ese mismo año en la Casa de los Obreros, donde hoy se erige el teatro Talía. El autor, nacido en 1917, compaginaba su gusto por la poesía con su profesión como perito mercantil. Fue también un libretista fallero reconocido con varios premios. El argumento de L’ últim sermó tiene como protagonistas a un matrimonio mal avenido formado por Bernat y Concepció, al que el predicador presta sus consejos. El dominico, por ejemplo, ordena a la mujer que beba una gran cantidad de agua y la retenga en la boca, para garantizar que se queda callada mientras el marido descarga insultos contra ella. Según aclara Ballester, en aquellos años “ese tipo de humor arquetípico todavía tenía buena acogida”, lo que nos trae a la memoria inevitablemente aquel desafortunado sketch de Martes y Trece sobre una mujer que llama a la radio para quejarse de que su marido le pega. En 1991, ese tipo de bromas hacían reír a todo el país.


En la actualidad, en Valencia existen catorce asociaciones vicentinas, aunque no todas ellas instalan en la calle altares de teatro infantil durante la Semana Santa. La responsabilidad de escoger el milagro que ha de representarse cada año recae habitualmente en el director de la asociación, que tiene a su disposición un enorme catálogo de milagros, escritos desde mediados del siglo XV hasta la actualidad. Siempre según Ballester, algunos de ellos tienen “rigor histórico”, entendiéndose por ello que son escenas relatadas por amigos, familiares o terceras personas contemporáneas a San Vicente Ferrer, que declararon como testigos de sus milagros durante el proceso de canonización. “Existen cientos de ellos, algunos de los cuales estaban inspirados por un exceso de voluntariedad hacia el santo”. En otros casos más contemporáneos, como L’ últim sermó, la intención del texto “no es el rigor sino recrear un marco histórico que no altere demasiado los rasgos de la personalidad de San Vicente. Un milagro no es una tesis doctoral”, añade Ballester.

Quan jo li diga: “O me crecs o me obeixes com Déu mana, o en este precís moment te trenque una cama, quatre costilles i el cap (…)”. Ella es posarà a plorar, perquè en el fons, no és mala, i em dirà: “Fernan, jo te vull, no me deixes abandonada. No puc viure sense tu”

Sea como fuere, el anacronismo moral que evidencia este texto (del que reproducimos otro extracto más arriba) no parece tener encaje en una sociedad inmersa en un proceso de sensibilización hacia un problema, el de la violencia de género, que se detecta cada vez a edades más tempranas. Según todos los expertos, los colegios y los institutos deben ser, de hecho, la punta de lanza de la lucha contra esta lacra, que acabó con la vida de 871 mujeres entre 2003 y 2016.

“Partiendo de la base de la libertad de expresión, un texto como este no me parece preocupante, siempre y cuando se utilice como herramienta educativa y se establezca un debate previo o posterior. Por desgracia, los niños tienen acceso a muchas cosas similares, como las letras de algunas canciones de reggaeton”, opina Juanvi Fortea, profesor de instituto en Valencia.

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