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11 claves para interpretar el abrupto final de Bankia

CARLOS DÍAZ GÜELL (*). 14/05/2012 "La solución adoptada con el BFA viene a cuestionar de forma inequívoca no solo la política de supervisión del Banco de España, sino la lenta y agónica reforma del sistema financiero, iniciada a finales de 2009..."

MADRID. Año y medio después de que se constituyera el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), propietario de más del 45% de Bankia, el Gobierno decidía su nacionalización, convirtiéndose así en el principal accionista de la cuarta entidad financiera española. Culminaba de esa abrupta manera un proceso que algunos han calificado de disparatado, mientras otros han querido ver la sucesión de una concatenación de errores que han terminado por poner en la picota al Banco de España, a su supervisión y a su gobernador, echando por tierra el sólido prestigio almacenado tras muchas décadas de buen hacer, aunque ese buen hacer, en los momentos actuales, está más que cuestionado tanto dentro como fuera de España.

El 25 febrero de 2009, el gobernador del Banco de España, anterior secretario de Estado Economía y mano derecha de Pedro Solbes, esbozaba su sabiduría sobre las crisis bancarias al declarar que "el sistema financiero español ni ha tenido ni tiene problemas... si el sistema funciona, mejor no lo cambies". Habrá que reconocer que la reflexión no le hará merecedor de ubicarse en el frontispicio del pensamiento financiero español junto a personajes como Luis Ángel Rojo, Aristóbulo de Juan o, incluso, Mariano Rubio, exgobernador al que todavía muchos echan de menos y recuerdan que durante su etapa al frente de la entidad tuvo que enfrentarse a una muy grave crisis financiera.

La solución adoptada con el BFA viene a cuestionar de forma inequívoca, no solo la política de supervisión del Banco de España, sino la lenta y agónica reforma del sistema financiero, iniciada a finales de 2009. La opción de la vía lenta elegida por España, lejos de resolver los problemas del sistema financiero española, los ha aplazado y conello agravado, en clara contraposición a la actuación de otros países que como USA, Inglaterra e Irlanda que sufrieron igualmente la burbuja inmobiliaria y optaron por hacerla frente por la vía rápida; es decir, aflorando con rapidez la problemática inmobiliaria de sus balances, mostrando el agujero en sus cuentas de forma inmediata, y afrontando una rápida recapitalización de las entidades bancarias, financiada básicamente con dinero público.

Ese y no otro, es el principal debate de fondo y supera con mucho las funciones y la responsabilidad del Banco de España, aunque sobre sus gestores e inspectores recaiga la grave responsabilidad de gestionar una crisis que hoy, casi cinco años después de iniciarse, sigue abierta y llena de trampas, lo que hace pensar a muchos que todavía no se han escrito los últimos capítulos.

Los textos del Banco de España en materia de supervisión sacralizan demasiadas cosas y puede que muchas de ellas tengan su fundamento. Una de ellas es que en el desempeño de su función inspectora debe girar a la cautela y a la prudencia, "tal como exigen las características del sector supervisado, un sector basado en la confianza, estratégico y sensible". Además, el Banco de España está sujeto al deber de secreto profesional, que le impide revelar a terceros cualquier información que obtiene en el desempeño de su función de supervisión, de acuerdo con lo previsto en el artículo 6º del Real Decreto Legislativo 1298/1986, de 28 de junio.

Así las cosas y como diría un castizo, en el Banco de España "se la atan con papel de fumar". En esta ocasión, se han pasado de largo con las lógicas reservas, lo que ha motivado que se embalse un gigantesco problema, como consecuencia de practicar una política radicalmente equivocada y que ha llevado a algo de lo que siempre se ha tratado de huir: a confundir el todo con la parte, lo que ha llevado a que hoy todas las entidades estén bajo sospecha.

Sin hacer literatura, hay que apuntar una serie de factores para entender correctamente el entorno en el que se ha producido el caso Bankia que, dicho sea de paso, es la octava entidad nacionalizada desde que empezara el carrusel con la Caja de Castilla-La Mancha.

1- El Banco de España, tiene atribuidas por la Ley de Disciplina e Intervención de Entidades de Crédito de 1988 la supervisión de las entidades de crédito, especialmente en lo que se refiere a su solvencia, lo que en ningún caso comporta que el Banco de España pueda convertirse, de facto, en gestor de bancos y cajas. El inspector no tiene nada que decir sobre la aplicación del convenio colectivo de la empresa o sobre a quién se concede un crédito. Sus labores son otras y en ningún caso pasan por sustituir a quienes ostentan la gestión, aunque ahora vivamos las consecuencias de ese respeto reverencial hacia las políticas un grupo importante de entidades como son las cajas de ahorro.

2- Como si formaran parte de sus plantillas, las cuatro mayores entidades de crédito españolas mantienen en su seno de forma permanente a equipos de inspectores de Banco de España, encargados de hacer el seguimiento de todas aquellas actuaciones que puedan afectar a su solvencia. Difícil creer que los desajustes o desfases patrimoniales detectados por Deloitte no hubieran sido reportados a la Dirección General de la Supervisión por el equipo de inspectores "empotrados" en la entidad. Además, en la entrega periódica de la detallada información a la que están obligados todas las instituciones financieras, figura con meridiana claridad esos desfases y desajustes.

3- La pregunta obligada es qué hacer con esa información. Todo menos denunciarla públicamente, ya que la teoría del supervisor es que ello puede generar pánico y la huida de la clientela, lo que convertiría el problema en algo de más dimensión y con ello vendría lo que se da por llamar "riesgo sistémico" del que se verían afectados todas las entidades sin distinción de sexo y condición.

4- El Banco de España, cuando detecta irregularidades en la gestión de una entidad, se limita a dar un aviso a esta o a obligar a más elevadas provisiones para distintas coberturas y riesgos e, incluso, a reformular sus cuentas para aflorar las pérdidas no declaradas, lo cual no es garantía de que dichas anomalías se vayan a corregir, dada la cada vez más mermada credibilidad de la entidad supervisora. Como diría un banquero, la tendencia es a "pasar" del Banco de España, algo que no pasaba con Mariano Rubio o Luis Ángel Rojo.

5- Todo inspector cuando ingresa en el Banco de España tiene grabado a fuego el riesgo que entraña su actividad y tienen muy presentes a quienes tienen enfrente. Los casos de inspectores, buenos profesionales, que han tenido que enfrentarse a serios problemas con la Justicia, por querellas o demandas de la parte contraria, son relevantes y casos como los del jefe de inspección, Núñez de la Peña o Urdiola (caso banco de Navarra) siguen estando presentes y van en el ADN de todo inspector. El que un Juzgado de Madrid admitiera a trámite una querella presentada por un directivo de la Caja Mediterráneo (CAM) contra el jefe del Grupo I de Inspección del Banco de España, y contra el director del Departamento de Inspección I de la misma institución, es un buen ejemplo.

6- Las cajas de ahorro han sido siempre un territorio comanche para la supervisión, en donde al común de los inspectores se le ha engañado, ninguneado y escondido información, haciendo imposible una labor eficaz. La existencia de una legislación sobre Cajas en la mayoría de las comunidades autonómicas, ha elevado el oscurantismo de estas entidades a niveles estratosféricos. Y el gobernador, se ha cuidado muy mucho de tener un conflicto con los poderes políticos autonómicos...por lo tanto, barra libre.

7- La reforma financiera ha consistido básicamente y dicho con trazo grueso, en localizar y propiciar parejas de baile entre cajas, con independencia de su idoneidad y en este sentido, el pasteleo del gobernador del Banco de España ha sido clamoroso, según denuncian en el sector. El caso de unir a Caja Madrid, Bancaja, Banco de Valencia y variopintas cajas de dudoso balance, podría tener un sentido geográfico, pero era un mayúsculo disparate financiero, ya que ahí, precisamente, la solvencia brillaba por su ausencia.

8- Lo de las autorizaciones para salir a Bolsa por parte del Banco de España, es directamente calificado de aurora boreal y el daño infringido a los miles de accionistas tiene un único responsable: el gobernador del Banco de España.

9- Guiados por un cierto afán corporativista, una parte de los inspectores del Banco de España, como lo hicieron otras inspecciones de otros países, denunciaron ya en 2006 el crecimiento desordenado del crédito -especialmente, en la parte dedicada a la financiación de la actividad inmobiliaria- , la falta de determinación demostrada por el gobernador para exigir a las entidades el rigor en la asunción de riesgos exigible a gestores de recursos ajenos y la concesión de operaciones cuya rentabilidad esperada no justificaba en modo alguno el riesgo asumido al concederlas.

Posteriormente, los inspectores también cargaron contra el actual gobernador, reivindicando la creación de un cuerpo específico dentro del Banco de España, algo que, en su opinión, les daría mayor independencia sobre el superior jerárquico al poder firmar los informes, hecho que en la actualidad no sucede. Muchos entendieron que ello llevaba a la Supervisión a una especie de "justiciero" forgiano.

10- La solución dada a Bankia al día de hoy, es la misma que Bankia requería hace un año y de ello era consciente tanto el Ministerio de Economía, el Banco de España como la propia entidad. Los analistas políticos apuntan al hecho de que Rato y su mundo "no se cortaban un pelo" a la hora de criticar a Rajoy, formando una especie de corriente de opinión en el seno del PP. Lo que pueda hacer Rato y su gente, "sin nada que hacer", preocupa a más de uno dentro del Partido Popular.

11- El fallido proceso de fusión entre Caixabank y Bankia, surgió desde el lado catalán, siendo Fainé el que le presentó un cuaderno de ruta a Rato cuyo final contemplaba la presidencia para el banquero madrileño, tras la jubilación del presidente de la Caixa. Tanto el inicio como el final del proyecto hay que buscarlo en el lado catalán.
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(*) Carlos Díaz Güell es periodista y autor del blog 'Tendencias del dinero' 

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