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Fabra y Feijóo,
el juego de las diferencias

A. MOHORTE. 24/10/2012 La victoria del Partido Popular en Galicia ha insuflado ánimos en el Gobierno valenciano, pero el perfil de sus líderes, la herencia que arrastran y la situación de sus rivales difiere sustancialmente

Alberto Fabra y Alberto Núñez Feijóo

VALENCIA. La victoria de Alberto Núñez Feijóo con el Partido Popular de Galicia (PPG) ha sido interpretada como un plebiscito en favor de Mariano Rajoy frente a la movilizaciones contrarias a sus decisiones más polémicas y contra la clase política en general.

En Valencia, a pesar de las inquietantes encuestas sobre la confianza de los valencianos en el Gobierno autonómico, que llegan a plantear la posibilidad de una pérdida de la mayoría absoluta, al PP capitaneado por Alberto Fabra la victoria gallega ha dado un respiro y otorgado cierta confianza, pese a ser Feijóo uno de los líderes del partido que más duramente ha criticado la situación de la Comunitat.

Fue el líder gallego quien afirmó que, gracias a sus medidas en la Xunta de Galicia, no habían acabado "como Valencia" y no dudó en desmarcarse del apoyo del partido a Francisco Camps cuando saltó el caso Gürtel y el entonces presidente fue imputado en la 'causa de los trajes'.

A pesar de haber reducido el número de votos recibidos, la división de la izquierda y la abstención ha facilitado que el PPG haya ampliado la mayoría absoluta que ya disfrutaba y ha reforzado a Feijóo como barón del partido y aspirante a suceder a Mariano Rajoy, si se da la necesidad de hacerlo.

EL HOMBRE CORRIENTE Y EL FÍSICO DE UN GALÁN

Sin embargo, éste no es el único aspecto que distancia a Alberto Núñez-Feijóo de Alberto Fabra. A pesar de ser de una edad parecida, 51 y 48 años, respectivamente. Ni su capacidad oratoria ni sus mensajes fuerza ni el contexto electoral les brindan muchas semejanzas.

En lo físico, a pesar de que en un primer análisis, la presencia de Alberto Fabra es más atractiva que la de Feijóo, el dominio que el gallego tiene de la oratoria y la puesta en escena es superior a la del valenciano. Mientras Fabra es un hombre alto, con buena presencia y un cierto parecido a Bertín Osborne en la forma de los ojos, Feijóo no se puede definir como 'un hombre guapo'.

La nariz larga y aguileña del presidente de la Xunta, unido a las gafas, los ojos pequeños, las cejas arqueadas, la incipiente calvicie en la zona de la coronilla y la voz ligeramente nasal se armonizan con un cabello natural algo largo para redondear la silueta de la cabeza y ofrecer una apariencia más armónica, pero no llega más que a mejorar una discreta 'materia prima'.

Por otra parte, la similitud de Fabra con el cantante andaluz no es una banalización. De complexión física similar y cabello peinado de forma parecida, no es la primera vez que un político se pone en paralelo a un personaje conocido, ya que facilita la familiarización del electorado y resuelve determinadas dudas estilísticas como el tipo de camisas, el corte de las chaquetas, el tipo de cazadoras o el grosor de la corbata. Lo que le quede bien a Osborne, le quedará bien a Fabra.

Aunque fuentes de Generalitat niegan que se haya tomado esta referencia, en casos como el de la alicantina Leire Pajín se llegó a reconocer discretamente que su transformación estética para vestir el cargo de ministra de Sanidad había tomado como referencia a la actriz Patricia Conde, también de frente amplia, pómulos gruesos, cejas finas y favorecidas con el cabello ondulado y rubio.



EL POLÍTICO SATISFECHO Y EL HOMBRE DE LA CALLE

Una vez sobre un estrado y ante un auditorio, hay una diferencia fundamental: Feijóo se encuentra -y lo demuestra- a gusto, mientras que Fabra evidencia una incomodidad que transmite inseguridad incluso en los momentos en que debería crecerse como orador. Feijóo es firme, apenas lee en sus intervenciones, juega con la entonación y las pausas con una calidad poco habitual entre los políticos españoles y transmite naturalidad tanto cuando habla en castellano como cuando lo hace en gallego, clave para ganar en cercanía. Sin ser un galán, consigue ser seductor.

Por su parte, aunque Fabra ha mejorado mucho desde su discurso de investidura y sus primeras apariciones públicas, el presidente valenciano no consigue corregir cierta tristeza en la mirada; levanta muy poco la vista del discurso (incluso en frases clave, como ocurrió en el XIII Congreso del PPCV, cuando leyó su exhortación "Necesitamos el mejor partido para el peor momento" sin levantar la vista del papel tras una frase demasiado enrevesada que le generó inseguridad); su entonación es plana y resulta ahogada cuando intenta darle fuerza; además, padece una marcada falta de naturalidad tanto en castellano como en valenciano. Al final, no incomoda, pero tampoco seduce.

En su descargo se puede apuntar que esta falta de "profesionalidad" como orador político le permite ofrecer un perfil de hombre corriente que contrasta con la actitud de otros destacados oradores valencianos de su partido como Esteban González Pons, que en ocasiones peca de cierta artificiosidad.

Pachi Vázquez y José Blanco (PSOE) en la pasada noche electoral

DISCREPANCIA DE MENSAJES

Respecto al discurso, las claves utilizadas por Feijóo en Galicia son de difícil encaje en Valencia. El relato del PP gallego en 2012, para revalidar la victoria sobre el PSG-PSOE de 2009, se puede resumir en una sola exhortación: "No volver para atrás". De este modo, se explota el rechazo que se mantiene en el electorado a la gestión realizada por los socialistas tanto en la Xunta (con el apoyo del BNG) como en el Gobierno de España.

Por contra, Fabra debe asumir públicamente como propia la gestión de su partido en la Generalitat los últimos 17 años, lo que hace imposible abusar del concepto de cambio, ya que exige ser matizado y corre el riesgo de poner en un brete a otros compañeros de partido que aún cuentan con fuerza orgánica en la formación y pueden no encajar bien las críticas.

Igualmente, el presidente gallego ha hecho gala de poder ofrecer resultados en la contención del déficit y otros aspectos económicos que están vedados a Fabra, enfrentado a una presencia de la Comunitat Valenciana en los medios nacionales marcada por las dificultades económicas, los impagos a las farmacias (los más epidérmicos y conocidos por los ciudadanos) y a otros proveedores o la necesidad imperiosa de liquidez por medio del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) solicitado al Estado.

Aunque ambos han tenido que aplicar recortes en aspectos fundamentales, como la sanidad y la educación, la ausencia de un chivo expiatorio fácilmente definible complica en el caso valenciano la emisión de mensajes sencillos y claros.

CONTEXTOS POLÍTICOS DIVERGENTES

Otra de las diferencias más significativas es la situación en la que se encuentra su oposición. En Galicia, tanto el PSG-PSOE como el Bloque Nacionalista Galego (BNG) siguen purgando el resultado de su gestión (coincidente con el inicio de la crisis) y no han conseguido frenar la desmolización de su electorado.

A su vez, el voto de derecha y centro no termina de encontrar una propuesta alternativa, como demuestra el estancamiento de Unión Progreso y Democracia (UPyD) y el fracaso de la propuesta de Mario Conde con Sociedad Civil y Democracia (SCyD).

La única fuerza que ha resultado ascendente ha sido Alternativa Galega de Esquerda, capitaneada por el antiguo líder del BNG, Xosé Manuel Beiras, puesta en marcha en un tiempo record y que, a pesar de ello, ha entrado en el parlamento como tercera fuerza política.

En el caso de Fabra, las encuestas hacen prever un nuevo hundimiento del PSPV-PSOE, que carga además con la resaca orgánica del último congreso y todavía busca su estrategia de cara a las próximas elecciones; pero se enfrenta a una fuerza ascendente como Compromís, que no tiene que responder a los efectos de la gestión realizada al no haber gobernada más que algún ayuntamiento y ha personalizado socialmente las protestas a través de su diputada Mónica Oltra.

Una incógnita resulta la evolución de UPyD, en la que el papel de Toni Cantó puede ser muy significativa, bien como candidato bien como refuerzo de la candidatura autonómica. Otro tanto se podría decir de SCyD, que está generando interés especialmente en Alicante, aunque tiene que digerir los malos resultados en Galicia.

DISPAR ACCESO AL PODER

Por último, está la relación con Madrid y la percepción pública del liderazgo tanto político como social y de partido, en el que parten de una situación muy diferente, según muestran sus biografías y distintas fuentes dentro y fuera del partido y del Gobierno.

El líder gallego suma nueve años en primera liga de la política autonómica, primero como consejero de Obras Públicas (2003-2005), vicepresidente de la Xunta de Galicia (2004-2005), presidente del PP de Galicia (2004-2005) y presidente del Gobierno regional desde 2009, con un protagonismo destacado en la política nacional por su condición de gallego (como Rajoy), su presencia en Madrid (donde despacha semanalmente en la Casa de Galicia) y su capacidad demostrada para desbancar del poder a los socialistas en una cita con las urnas.

Por su parte, Fabra está implicado en el poder autonómico de forma directa desde su designación como presidente del PPCV y de la Generalitat desde julio de 2011, tras ser alcalde de Castellón durante seis años. Heredar el cargo de un político apunto de sentarse en el banquillo significó que su ascenso estuviera rodeado de una imagen controvertida de la formación en Madrid, lo que explica que el presidente nacional del partido Mariano Rajoy no acudiera a su investidura al frente del partido ni del gobierno.

Esta diferencia en el acceso al cargo también ha permitido a Feijóo hacer limpieza y formar su propio equipo en torno a su liderazgo, mientras que Fabra ha mantenido a buena parte del equipo de Camps en el Consell y en el partido, donde está teniendo que asentar su liderazgo, partiendo de un grupo muy reducido de fieles que está ampliándose paulatinamente con las luchas (y el riesgo de desgaste y enfrentamientos) que esto lleva aparejado.
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Alvaro Mohorte es periodista de ValenciaPlaza.com y autor del blog Habla por ti 

 

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