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LA CIUDAD Y OTROS VICIOS

Tribunal de las Aguas:
Cómo afrontar los próximos mil años

VICENT MOLINS. 09/02/2013 El Tribunal de las Aguas, institución casi milenaria, plantea su futuro entre una brusca caída de juicios, flirteos políticos y adaptación a la función turística

VALENCIA. Ni "no me consta", ni "sí, hombre", ni papeles apócrifos, ni "todo es falso, salvo algunas cosas". En el Tribunal de las Aguas, un comité de resistencia al tiempo, las expresiones que se escuchan son más frontales.

No caben vericuetos y siempre se ha practicado el arte de ir al grano y de acabar con esto en un rato sin dejar duda ni sospecha. Supone un ejemplo de ejecución de la justicia más o menos compatible con la vida moderna. Los más exagerados le dan una antigüedad de más de mil años. Los más cautos le atribuyen una carga cercana a los ocho siglos.

Asistir a una sesión es como ver caminar de nuevo a un reptil de costra milenaria que sigue estando allí por los siglos de los siglos. Es una boya en la historia clavada para referenciar el paso del tiempo. Y que, quién sabe, dentro de cinco siglos (y poniéndonos optimista) tal vez siga allí, sin cambios, haciendo lo de siempre. De boya en mitad de las aguas.

La llegada de los síndicos, el alguacil y demás grey, es lo más parecido que tiene Valencia a los procesos vaticanos. El reguero de venerables hombres buenos caminando en blusón hacia su reservado ("el corralet" en la jerga) desprende un olor entre consejo de guerra y representación teatral. Desde el Tribunal son firmes en defenderse sólo como próceres de la mediación de las aguas del campo.

Si Endemol comprara el formato y lo llevara a Tele5, las reglas deberían ser las siguientes: convocatoria semanal los jueves a las 12 del mediodía; formación de un cuerpo de justicia compuesto por ocho caballeros síndicos que humanizan las ocho acequias que riegan la huerta de Valencia; cinco minutos de margen antes de la sesión para que demandado y demandante puedan llegar a un acuerdo; 21 días máximo para que un asunto pueda retrasarse. El síndico de la acequia a la que pertenezcan los litigantes no tendrá posibilidad de intervenir en la deliberación. Tampoco existe posibilidad de que los litigantes recurran la sentencia. Son las reglas del juicio agrícola retransmitido en directo.

La oralidad siempre ha sido el único método. Aunque hace unas décadas se introdujeron breves actas administrativas. En la primera queda reflejada la queja formal del Tribunal contra la serie de televisión 'La Barraca', después de que en un capítulo se les ocurriera representar a los síndicos como seres que a veces cometían injusticias.

Un formato de éxito

¿Pero por qué el formato pervive durante tantos años? El presidente del Tribunal para el bienio 2011-2013, Ricardo Belenguer, lo explica con claridad acuática: "Si hubiera funcionado mal ya no existiría". Y quizá todo se reduzca a eso. A la eficacia. Y a la conjunción de varios elementos Ricardo Belenguer, actual presidenteque construyeron su caparazón: el respeto gremial; la transigencia absoluta con las decisiones; y la fidelidad de aquellos hombres hacia su concilio.

La justicia se toma como única horma hasta el punto de que en más de una ocasión el presidente ha sido denunciado. Entonces se levantó, fue hasta el rincón de los demandados, se despojó de su blusón, escuchó su condena, la aceptó, se enfundó de nuevo el blusón y volvió a presidir. Una idílica justicia primitiva.

Curiosamente, los únicos que en alguna ocasión se resistieron al cumplimiento de las sentencias fueron los ayuntamientos, indica Belenguer.

Como consecuencia de la eficacia mediadora, el Tribunal fue el primer miembro de honor de la Asociación de Jueces Europeos por la mediación. Y en 2009 recibió lo más parecido al premio por una trayectoria: la declaración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. El presidente estaba invitado a la ceremonia en Abu Dhabi. Pero no acudió. Tenía una cita el jueves a las 12 frente a una puerta gótica.

Invasiones políticas

En los últimos años el Tribunal ha vivido episodios de invasiones políticas demasiado bastos. Precisamente tras el galardón de la Unesco, y en pleno fuego cruzado por Gürtel, Francisco Camps invadió el corral y, entre piropos populares, asistió sonriente a la sesión provocando un mejunje de simbolismos que remataría el teniente de alcalde Alfonso Grau, en un guiño al futuro judicial de Camps: "Ojalá todos los tribunales se rigieran, como éste, por el sentido común".

En julio pasado el ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón estaba invitado y se disponía a acudir, pero una maraña de manifestantes se lo acabaría impidiendo.

Las nuevas amenazas

El Tribunal, que ha resistido aboliciones de fueros, guerras y dictaduras, tiene ahora una amenaza que desconocía: la falta de casos que juzgar. Ya sólo se juzgan una decena de litigios al año y es usual que pasen varios meses sin que aparezca nadie reclamando justicia. Los síndicos se reúnen, pero cierran la sesión de inmediato. Quedan atrás momentos prolíficos, como cuando durante muchas semanas dos vecinos acudían a denunciarse mutuamente. Hasta que se les acabó multando a los dos por hacer mal uso del Tribunal. Y por pelmas.

La reducción de la huerta y más todavía la pérdida de la cultura agrícola, lo dejan en peligro de fosilización. En riesgo de quedar ya sólo como un reclamo turístico. Tal es así que decenas de turistas protestaron cuando, en un último jueves del año, con los síndicos de vacaciones, el Tribunal no concurrió. Los turistas y observadores querían su ración de espectáculo. Desde la institución, quizá revolviéndose ante su destino, aclararon que no son un teatrillo para turistas.

¿Cuántos pasos más le quedan al reptil de costra milenaria?

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3 comentarios

Vicent Molins escribió
10/02/2013 17:21

Gracias, Andrés, por tu opinión. Un saludo.

SO. ANDRES CASTELLANO MARTI escribió
09/02/2013 20:27

VICENT MOLINS. HOY EL TRIBUNAL DE LAS AGUAS, INSTITUCIÓN CASI MILENARIA, PLANTEA SU FUTURO ENTRE UNA BRUSCA CAÍDA DE JUICIOS, FLIRTEOS POLÍTICOS Y ADAPTACIÓN A LA FUNCIÓN TURÍSTICA. Al Señor Molins le hago unas correcciones, y no por que le falte acierto en su opinión, por lo mal informado que está, y lo mal que informa. Pues lo que le ocurre al Tribunal de las Aguas es mucho más grave de lo que apunta. En primer lugar, el señor Molins, quienes le dan los datos, y los propios jueces del Tribunal, todos cumplen función escénica. Ninguno vive la realidad de Tribunal, ninguno sabe muy bien lo que dice, e ignora lo que debe hacer. Y todo por la sencilla razón de que nuestro dos veces milenario Tribunal de Valentia, ha perdido su realidad espiritual, y funciona y es un mero espectro de lo que fue. Ha perdido gracias a los Cansalá valencianos y no valencianos, ha perdido su gracia espiritual. Gracia que aquellos que lo manejan hoy no tienen ni la conocen. Pues siendo elegidos los jueces de entre los de su Sequia, siendo elegidos por la Ombra, por su Buena Sombra, y juzgando ellos con esta gracia, hoy dicha Ombra no existe; no se ve, se ignora. Y siendo todo lo que al Tribunal compete, todo realizado en la gracia, sin escritos ni secretarios, ni letrados. Hoy el tribunal es una organización se secretarios, de escritos, de letrados. Personas que deciden en la sombra, cuando si de la sombra hablamos no son necesarios. Hoy la huerta y sus leyes ha sido todo anulado. La ciudad de Valencia con su mala sombra ha anulado lo que más la honra. Pues ha desaparecido su huerta, sus leyes, su sombra. Valencia está apunto de convertirse en un ciudad fantasma, pues el tribunal que le daba su gracia ya no la tiene. So. Andrés castellano Martí. Ver: http://e-valencia.org/index.php?name=News&file=article&sid=6063

Boro Inot de las Marismas escribió
09/02/2013 12:11

Al menos estos dan espectáculo, los turistas se van contentos y las representaciones no salen demasiado caras, no requieren de grandes despachos ni coches oficiales. Intereses turísticos aparte (que no es poco), los resultados son como los del resto de instituciones de la Comunidad Valenciana: ninguno, puro marketing y apariencia de que se hace algo. En Valencia no queda huerta (son solares cultivables en manos de grandes empresas, esperando mejores tiempos), no corre más agua que la de las alcantarillas y ¡por Dios! no quedan ni 4 agricultores.

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