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LA CIUDAD Y OTROS VICIOS

Tecnología urbana:
¿qué se hace con los datos de las ciudades?

VICENT MOLINS. 29/03/2013

Con la proliferación de aplicaciones y páginas para interactuar con la urbe se abre una nueva línea de negocio. Y un nuevo debate: ¿deben las instituciones ceder los datos de sus ciudades?

VALENCIA. En el pasado nos prometieron que las ciudades serían ítacas del futuro y que ya no necesitaríamos ver capítulos de Futurama porque la tendríamos al descorrer la cortina. Nos mintieron. Las ciudades, en lo esencial, no han cambiado demasiado.

Sí ha cambiado, y en ello estamos, la forma con que nos relacionamos con la urbe. Antes vivíamos en la ciudad. Ahora, a través del smartphone -que es mejor que un juguete sexual-, directamente nos frotamos con la ciudad y obtenemos datos de ella a cada paso.

Gersón Beltrán es especialista en geolocalización, profesor de la Universitat de València y conferenciante habitual cuando se trata de hablar de las nuevas formas de interacción geográfica. Define así el nuevo rol del ciudadano: "estamos pasando de generar información de nuestro entorno y subirlo a la nube, a lograr que sea la nube la que está sobre la ciudad, interconectando el mundo físico y el digital".

La nube es un barullo de datos ordenados por aplicaciones y servicios web. Más allá de 'google maps' o localizadores con extra de información como Foursquare o Yelp, existen multitud de ejemplos para ilustrar este cambio en la relación ciudadano-ciudad.  

SFPark es una aplicación nacida en San Francisco para consultar al momento plazas de parking libres y su precio.Premio a Max Stoller

DontEat.com alerta en vivo de los restaurantes de Nueva York que han infringido alguna norma sanitaria en la última inspección. Su fundador, el imberbe Max Stoller, dio con la información revisando los datos abiertos de la ciudad. Hoy los ciudadanos de Nueva York no necesitan a Alberto Chicote para saber a qué restaurantes no deben ir.

BusGuru fue una aplicación pionera para informar segundo a segundo sobre cuándo llegará un bus a un punto concreto de Londres, cuál será el tiempo del recorrido, qué interrupciones están previstas...

El caso Valenbisi

La mayoría de estos servicios utilizan datos abiertos que las instituciones -por desconocimiento o voluntad- han dejado en los túneles de internet al alcance de cualquiera. El debate en torno a si las ciudades deben abrir sus datos forma ya parte de la agenda. En lugares altamente desarrollados no sólo se abren las compuertas, sino que incluso se fomenta la búsqueda de nuevas estadísticas.

La municipalidad de Boston abrió a concurso la búsqueda de una app que ayudara a resolver un problema incontrolado: los baches de la ciudad. El resultado fue Street Bump, que mediante geolocalización y buena dosis de algoritmos permite al teléfono detectar movimientos bruscos, registrar y enviar la posición de los baches.

Programas europeos como Open Cities promueven la libertad de datos y la necesidad de que, en un momento de escasez en las arcas municipales, sean desarrolladores independientes los que busquen aplicaciones que mejoren la vida en la ciudad. Amsterdam, Barcelona, Berlín, Helsinki, París, Roma y Bolonia ya se han unido.

¿Y qué ocurre a nuestro alrededor? Un caso paradigmático es el de Valenbisi, cuya gestión está en su totalidad en manos del gigante francés de publicidad exterior JCDecaux. También los datos. Al poco tiempo de la puesta en marcha de Valenbisi, aparecieron las primeras fricciones entre JCDecaux y algunos usuarios que habían decidido ofrecer mejores soluciones para informar sobre la disponibilidad de bicicletas.

El inglés Oliver O'Brien, investigador de análisis espacial, incluyó a Valencia en su Bike Share Map, pero pronto recibió en Inglaterra una llamada de Francia. Un empleado de JCDecaux le pedía que retirara a Valencia de su mapa de información en directo sobre "bicis públicas".

Muy parecido fue lo que le ocurrió en 2011 al informático valenciano Alex Barros, fundador de BiciV. Desde Hong Kong rememora el episodio: "al ver la aplicación que ofrecía JCDecaux me llevé una enorme desilusión, iba en contra del usuario. En pocos minutos, utilizando programas sencillos de rastreo obtuve la fuente de datos y puse en funcionamiento BiciV".

Entonces también recibió una llamada desde Francia: "unos meses después denegaron el acceso a los datos y me pidieron que cerrara la web". Convertido en un mini Kim Dotcom, Barros se opuso y hoy continúa reflejando en vivo el estado de Valenbisi. "Era una necesidad y estaba mal cubierta por JCDecaux. Y lo sigue estando..."

Iván Sánchez Ortega es un ingeniero geomático madrileño trabajando en Valencia. Desarrolló la solución 'Cuánto tarda mi autobús' en cuatro fines de semana, tras intentar usar sin éxito la app de la EMT de Madrid. Aprovechando que la EMT sí tiene abiertos los datos sobre su servicio, decidió hacer "huelga a la japonesa" y protestar por un mal servicio inventando algo mejor. Define con contundencia las iniciativas tecnológicas de la mayoría de ayuntamientos: "las aplicaciones no se hacen para el usuario, sino para que el político se ponga medallas".

En el último Movile World Congress, celebrado en febrero en Barcelona, el ayuntamiento de Valencia presentó su aplicación Valencia aumentada, que facilitará información de equipamientos y servicios municipales a través de la realidad aumentada, con edificios en 3D.

Fuente de negocio: el ejemplo Mobilendo

Pero más allá de aliñar la vida al ciudadano, las aplicaciones urbanas son también una buena línea de negocio. En una de las casillas del Parque Tecnológico de Paterna tiene su oficina Mobilendo, una empresa nacida en 2010, fundada por el autodidacta Rubén Blanco y el ingeniero informático Javier Campos (no superan los 30 años) para desarrollar aplicaciones.

Javier Campos

Su primer proyecto fue Yata, una app que proporciona datos, opiniones y fechas de eventos sobre el entorno del lugar en el que estamos. Con ella ganaron el concurso de emprendedores Yuzz, de la Fundación Banesto. Tras menos de tres años de existencia cuentan con 10 empleados, han viajado a la arcadia de Sillicon Valley, y una de sus aplicación estrella es 'Gasolineras Baratas', alimentada con los datos del Ministerio de Industria.

Ahora -cuenta Rubén Blanco- preparan aplicaciones que "tienden todavía más hacia el concepto de Smartcity (ciudad inteligente). Definitivamente, el frotamiento digital del ciudadano con su ciudad no ha hecho más que comenzar.

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