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LA OPINIÓN PUBLICADA

Políticos conversos:
caerse del caballo

GUILLERMO LÓPEZ GARCÍA. 16/06/2013 "Son bastantes los políticos españoles que han cambiado de partido, sobre todo desde opciones minoritarias y extremistas hasta aquellos caladeros donde moran la moderación, la gobernabilidad y, para qué negarlo, el sillón "

VALENCIA. Hace unas semanas, Jorge Vestrynge volvía a la vida política española, treinta años después, por la vía más insospechada: como escrachador y autor de opúsculos críticos con el sistema. Como bien narró Álvaro González aquí, Vestrynge había hecho un fascinante recorrido ideológico, que comenzó en la extrema derecha, le llevó a ser el número dos de Alianza Popular en los años ochenta y después, tras ser descabalgado del cargo por los sucesores de Fraga, a intentar meterse en el PSOE (sin demasiado éxito). Le habíamos perdido la pista a Vestrynge, pero ha quedado claro que la línea esbozada a finales de los ochenta ha continuado su curso, y que Vestrynge ha profundizado más y más en posiciones de izquierda. ¿Qué puede depararnos el futuro? ¿Vestrynge abrazando los postulados del maoísmo?

La trayectoria de Jorge Vestrynge es llamativa por la longitud del salto ideológico emprendido en estos años, pero no es, en modo alguno, insólita... Salvo por la dirección. Son bastantes los políticos españoles que han cambiado de partido, sobre todo desde opciones minoritarias y extremistas hasta aquellos caladeros donde moran la moderación, la gobernabilidad y, para qué negarlo, el sillón (en el cargo público y quizás, más adelante, también en el Consejo de Administración).

EL PP: UN NIDO DE ROJOS

La semana pasada hablábamos en esta sección de la caída de Rafael Blasco, un personaje sinuoso como pocos. También desde el punto de vista ideológico, puesto que Blasco, al igual que Vestrynge, también ha surcado casi todas las aguas de la política: partió desde la extrema izquierda en la Transición política (el Frente Revolucionario Antifascista Patriótico, FRAP), pasó por el PSPV en los ochenta y recaló finalmente en el PP. Dado que ahora pasa por dificultades, por todos conocidas, en este último partido, quién sabe si el viaje ideológico de Blasco aún nos depara alguna sorpresa.

Lo curioso de la trayectoria de Blasco es que los inicios en la extrema izquierda no parecen ser, en absoluto, una mala carta de presentación en el PP. Mientras dichos inicios se produjesen en épocas remotas, como pecadillos de juventud, incluso juegan a favor del personaje, que habría demostrado su idealismo y firmes convicciones coqueteando con el marxismo para, después, sentar la cabeza ideológica en el liberal-reformismo conservador, democristiano y nacionalista del PP.

Los Gobiernos de José María Aznar, en concreto, llegado cierto momento casi parecían una célula marxista, a juzgar por la procedencia de sus ministros, tres de los cuales habían militado en Bandera Roja: Josep Piqué, Pilar del Castillo y Celia Villalobos. Su evolución, desde la lucha contra el sistema hasta la lucha por regir el sistema, fue en paralelo con la de otro "ilustre" militante de Bandera Roja: el periodista Federico Jiménez Losantos.

El propio Aznar vivió también una evolución ideológica, en la que además se pueden apreciar singulares vaivenes: desde el falangismo de la adolescencia hasta Alianza Popular, donde Aznar, con una notable capacidad de adaptación ideológica que hoy parece cosa del pasado, llegó a presentarse como paladín del catalán y del Estado autonómico al llegar al poder, para después recorrer, de nuevo, el camino en sentido inverso. Tal vez el Aznar en algunos aspectos crepuscular que estamos viendo ahora sea producto de una regresión que busca recuperar la juventud perdida.

EL PSOE: LA 'CASA COMÚN' DE IZQUIERDA

Menos común es el paso de políticos del PP a otros partidos, y en concreto al PSOE, como demuestran las dificultades de Vestrynge. De hecho, la principal "cantera" de la que se ha nutrido históricamente el PSOE proviene de su izquierda, fundamentalmente del PCE e Izquierda Unida. Muchos de los dirigentes de más relumbrón de IU en los años noventa, agrupados en torno a la corriente Nueva Izquierda (Cristina Almeida, Nicolás Sartorius o Diego López Garrido), acabaron recalando en la "casa común" de la izquierda, como entonces se hacía llamar el PSOE. Mucho más adelante, este partido acabó fichando a la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, primero como consejera de la Junta de Andalucía y después, en los últimos años de Zapatero, como ministra.

Todos ellos vinieron antecedidos por otro fichaje de relumbrón: nada menos que el de Santiago Carrillo, eterno Secretario General del PCE, quien, aunque personalmente no ingresó en el PSOE, sí integró a su Partido de los Trabajadores de España (fundado tras su expulsión del PCE en 1985) en la "casa común" socialista.

Pero el PSOE también ha visto, sobre todo en los últimos años, cómo diversos dirigentes han abandonado el partido, generalmente para criticar en tertulias radiofónicas o televisivas los postulados del partido desde posiciones conservadoras (como las exministras Cristina Alberdi y Mª Antonia Trujillo), o directamente fundando otros partidos ubicados a la derecha del PSOE, como es el caso de Rosa Díez y UPyD; o el mucho menos exitoso de Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, los tránsfugas del PSOE en la Asamblea de Madrid que en 2003 obligaron a repetir las elecciones Autonómicas en esa comunidad, ocasión para la cual fundaron el partido "Nuevo Socialismo", que obtuvo 6000 votos.

DEMÓCRATAS DE TODA LA VIDA EN LA TRANSICIÓN

Como puede observarse, hay una tendencia de fondo casi universal en las "caídas del caballo", los virajes ideológicos, de nuestros dirigentes políticos: estos se dan, prácticamente siempre, hacia opciones más conservadoras. Pero no siempre fue así: en los años de la Transición política, las reconversiones se dieron, en casi todos los casos, hacia opciones más progresistas, sobre todo por parte de los jerarcas de la dictadura, apresuradamente transmutados en "demócratas de toda la vida".

La revisión de esa época delinea un panorama en el que a veces daba la sensación de que, salvo Franco, en España apenas había franquistas: la gente o bien se jugaba el cuello luchando contra Franco desde fuera, desde la oposición política, o bien (los más) luchaban "desde dentro", socavando el régimen desde sus instituciones. Con tal tino que el dictador, agobiado por tanta oposición, tanto dirigente díscolo y comprometido, habría acabado... tan tranquilo, designando a su sucesor y falleciendo en la cama.

Desde luego, no hay nada malo en evolucionar los postulados ideológicos; de hecho, no hacerlo nunca, mantener siempre los mismos principios, inmutables, en todos los aspectos, denota a veces cierto fanatismo. Pero sí que llama la atención que las mutaciones ideológicas, en nuestra clase política, conllevan habitualmente una mejora sustancial en la carrera profesional, pues no da la sensación de que, pongamos por caso, Bandera Roja tuviera mucha mano en las empresas del Ibex 35, ni un granero inagotable de votantes.

#PRAYFOR... ALBERTO FABRA: DEL 'COACHER' AL COOKER

El diario Levante desveló esta semana que Alberto Fabra había recolocado como asesor a su cocinero personal en el Palau de la Generalitat, que había sido despedido en un ERE. No es la primera vez, ni mucho menos, que las contrataciones ad hoc de Fabra generan polémica: hace unas semanas, el president de la Generalitat tuvo que renunciar al coacher al que había contratado para que le diera clases de liderazgo.

La figura del asesor político, más y más retorcida y forzada en su uso diario por parte de la clase política para colocar a todo tipo de gente (normalmente, militantes del partido cuya labor de asesoría resulta a veces extraordinariamente difícil de determinar), alcanza aquí un nuevo hito. Aunque en la sustitución de un entrenador personal por un cocinero personal puede observarse, al menos, una evolución en la dirección correcta: desde la venta de humo y fórmulas vacías de contenido de los coachers a los argumentos de tipo culinario, sin duda mucho más contundentes.

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Guillermo López García es profesor titular de Periodismo de la Universitat de València.
@GuillermoLPD

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6 comentarios

Guillermo López escribió
18/06/2013 00:47

Guillermo, se da por descontado que cuando hablo de "principal cantera" me refiero a políticos provenientes de otros partidos, no del PSOE. De eso, de hecho, versa el artículo: de políticos que cambian de partido. No creo que el PSOE se haya nutrido en mayor medida de dirigentes de los partidos nacionalistas, o del PP, que de los que provienen de IU; sobre todo, con cargos tan relevantes (una ministra, portavoces en las Cortes, candidatas a las Autonómicas...). Un cordial saludo

Guillermo López escribió
17/06/2013 18:46

La comparación con el fútbol profesional es muy, muy grande. Mercenarios del bipartidismo! Sobre periodistas chaqueteros: hay casos muy espectaculares, y también de reconversión. Por ejemplo: alguien recuerda a Mercedes Milá como quintaesencia del periodismo comprometido y de calidad? Y a mí también me llama la atención la resiliencia de algunos, que llevan pintando desde la Transición y aun antes, como Hermida. Un cordial saludo

Guillermo escribió
17/06/2013 18:02

Decir que "la principal cantera de la que se ha nutrido el PSOE es el PCE e IU" es una forma equivocada de pretender confirmar una (hipo) tesis que solo aspira a formular un ¡a ver si cuela!. Pretender que Tamayo y Saez eran "dirigentes" del PSOE (con poco éxito, se dice) son ganas de querer decir algo y terminar diciendo cualquier cosa. Y lo de Carrillo! ... que, a lo visto, fue fichado pero no fichó sino que integró al PTE-UC. ¿Cuántos se integraron? ¿Recuerda a algún dirigente del PTE-UC relevante sin consultar a san google? Quizá Adolfo Piñero, pero que lo recuerde (si lo recuerda) no justifica la tesis del autor. Ni mucho menos. Quizá la principal cantera de dirigentes del PSOE sea el propio PSOE. Quizá, digo. Esta tesis no coincidirá con las del pensamiento simple, pero seguramente será más cierta. En fin...

JoJo escribió
17/06/2013 11:46

Como hablar de políticos chaqueteros sería el cuento de nunca acabar (date un paseo por las administraciones locales y autonómicas y verás) te propongo que escribas un post sobre periodistas chaqueteros que FJL no es el único, ni mucho menos. Cuando era una niña, las entrevistas a Felipe González en TVE se las hacía Victoria Prego, su periodista de cabecera, que también lo había sido de Suárez y luego lo fue de Aznar. Personalmente me gustaban más las sátiras que Javier Gurruchaga hacía en su programa (también en TVE, no había privadas).

EgoSum escribió
16/06/2013 14:22

Se equivoca en lo de fanatismo. Los fanáticos son los que al final se cambian de chaqueta. Los coherentes son los que permanecen fieles a sus ideales.

Boro Inot de las Marismas escribió
16/06/2013 08:03

Al sistema de partidos español le pasa como al fútbol profesional: solo sienten los colores los que no cobran. Incluso sin cambiar de "equipo", no tienen inconveniente en aceptar la disciplina de voto o hacer directamente lo contrario de lo prometido en su programa electoral. Además nunca reconocen haber realizado una jugada ilegal, están constantemente intentando mejorar su ficha, intermediarios y comisionistas se llevan importantes tajadas, siempre están preocupados por sus derechos de imagen, a la hora de cobrar prefieren que sea libre de impuestos y en Suiza,.....

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