Arte y fotografía

Una concertina en L’Etno: Escif transforma las vallas en espejos de la violencia

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VALÈNCIA. La falla municipal de 2024 generó una controversia entonces incómoda para Escif. A pesar de su intención por denunciar la violencia estructural de las vallas fronterizas colocando cuatro ninots ‘saltando’ la valla que protegía al público de la mascletà, una organización antirracista denunció sentir que la escena precisamente les revictimizada. El asunto acabó con el artista teniendo que explicar su propuesta, aunque acompañado de unas disculpas y retirando los ninots, que no se quemaron finalmente.

La reflexión sobre lo que pasó llegaría después. L’Etno su puso en contacto con Escif y con el comisario Hasan G. López para extender esa denuncia y todo lo que supuso. Ellos han contestado con un proyecto global del que ayer se inauguró una acción, la exposición Catálogo de vallas. Un “paréntesis” y un “espacio de diálogo” que amplía la mirada sobre aquello que el artista quería denunciar entonces.

El dispositivo llena una de las salas temporales del espacio museístico superponiendo capas con diferentes vallas. La valla como elemento violento, de aislamiento, creador de una ficción de seguridad; la valla como transformación de las potencialidades políticas de las fronteras. Y todo esto a través de tres capas concretas.

Pensando en una valla, la más evidente tal vez sean las concertinas y otros dispositivos de control de fronteras que los estados imponen. Un dispositivo violento, mortal, que ha resignificado el concepto de frontera: “Ahora mismo, tal y como entendemos las vallas y las fronteras, las vemos solo como espacios de violencia. Pero, desde una perspectiva antropológica, las fronteras son también espacios sociales y culturales de encuentro. En ellas confluyen lenguajes, tradiciones, comidas y vínculos diversos que forman parte de nuestro sentido común”, reflexiona Hasan G. López en conversación con este diario.

“El discurso político, especialmente con el auge de los discursos identitarios, ha reforzado la idea de la frontera como un espacio de conflicto. Sin embargo, históricamente han sido lugares de intercambio cultural”, añade Escif.

  • Los cuatro ninots de la falla municipal, sobre la valla de la mascletà en la Plaza del Ayuntamiento. -

Otra valla mucho más cotidiana, pero que condensa un marco mental e ideológico parecido es la doméstica. La valla como primer muro de contención a la propiedad privada, y como símbolo del aumento de los dispositivos de seguridad que se promocionan entiendo la otredad como una amenaza. En la sala, las primeras vallas están dibujadas, sobre la pared, mientras que las domésticas están colgadas. Piezas procedentes de derribos que se han recuperado.

La idea de la tercera capa de la valla surgió durante el proceso de creación. “La tecnología se ha naturalizado como parte de la vida cotidiana, pero también actúa como una frontera que nos separa, aunque se presente bajo el paraguas de la comunicación. Estamos ante una sociedad cada vez más individualista, competitiva y aislada. El móvil puede funcionar como una concertina en la cabeza. Es una forma de autoopresión: ya no hay un poder externo que oprime, sino que somos nosotros mismos los que nos autoexplotamos constantemente a través de la tecnología”, explican sumando pensamientos comisario y artista.

En el dispositivo expositivo, esa tercera capa está presente a través del sonido. Escif recopiló anuncios de móviles y otros aparatos tecnológicos cotidianos, seleccionó las partes que relatan sus características sin mencionar explícitamente qué son y los proceso por una inteligencia artiificial para que los locutara: “El resultado es como si estos anuncios en realidad hablaran de los dispositivos de control de fronteras. Sensores, visión nocturna, etc.”, completa.

El cuerpo eres tú

Si en la falla municipal la polémica fueron los ninots, en esta propuesta lo que cambia esencialmente es la ausencia de los cuerpos. “En la falla la valla no se entendió como parte del monumento porque no se iba a quemar. Todo el foco se puso en el ninot. Eso reveló hasta qué punto la valla no se percibe como un elemento simbólico, sino como algo funcional. Por eso había una voluntad de desplazar la mirada hacia la valla como elemento central. Este proyecto retoma esa intuición de forma más desarrollada”.

Algunas vallas domésticas están colocadas para que quien lo visita las vea como si estuviera fuera de la casa, pero otras están puestas al revés. Estás dentro y fuera de casa; el público tiene que sentir el significado opresor del elemento, pero también mirar críticamente el impacto del miedo y la seguridad en su marco mental. El cuerpo es el elemento que completa el significado final; y eso lo pones tú.

“El miedo es una construcción social. Tiene un origen como mecanismo de supervivencia, pero hoy se ha convertido en un elemento que se capitaliza dentro de un sistema económico. No solo hay una política del miedo, también hay una economía del miedo que genera grandes beneficios a través de tecnologías de control, seguridad y dispositivos digitales”, desarrolla Hasan G. López.

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Esta reflexión no viene heredada de la falla municipal. Entre una obra y otra ha habido un proceso de creación y de diálogo. La propuesta de Hasan G. López y Escif al museo fue aprovechar la investigación para crear un espacio de conversación para revisar los lugares de enunciación, denuncia y representación establecidos entonces.

Se ha tratado de un proceso en el que se han implicado a las organizaciones antirracistas, personas migrantes y especialistas para que fueran estos encuentros los que establecieran las bases del proyecto expositivo, entendido únicamente como una de las activaciones de un todo, que incluirá también un catálogo/archivo y un programa de actividades paralelas muy amplio. “El proceso ha sido orgánico. No partíamos de un resultado cerrado, sino de la voluntad de generar un espacio de encuentro y pensamiento”, explican,

“Trabajar así implica asumir que no sabes hacia dónde vas exactamente. Eso forma parte del propio proceso”, valora el comisario. “Es importante que instituciones públicas apuesten por procesos invisibles, que no responden a la lógica de la monetización o de los resultados inmediatos”, suma Escif.

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