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Cómo ganar 300.000 euros en un mes engañando a Spotify

20/03/2018 - 

VALÈNCIA. ¿La perspectiva de cumplir con una nueva e interminable jornada laboral se te hace insoportable? ¿No aguantas una semana más de madrugones, atascos y horas acumuladas en la silla de tu oficina? Puede que un usuario de Spotify haya encontrado la solución para que no tengas que volver al trabajo nunca más. Aunque, como casi todos los métodos que permiten enriquecerse fácil y rápidamente, este sistema surfea por los márgenes de la legalidad. Así, según una investigación de Music Business Worldwide, un individuo habría obtenido, actuando en solitario u organizándose con otras personas, más de 300.000 euros en concepto de derechos de autor gracias a 1.200 cuentas falsas que reproducían en Spotify listas de canciones creadas por él mismo.

La peripecia comenzó en 2017. Como relata el portal londinense especializado en la industria musical, este usuario, ubicado en Bulgaria, creó dos playlists en la popular plataforma de streaming llamadas respectivamente Soulful Music y Music From The Heart. En poco tiempo, ambas lograron posicionarse entre las listas más exitosas de la plataforma, tanto a nivel global como en Estados Unidos e incluso llegaron a desbancar a los álbumes de grandes sellos discográficos. Así, en septiembre del pasado año Music From The Heart alcanzó el número 84 en el ranquin de ingresos monetarios de Spotify a nivel mundial y el 22 en el estadounidense. Soulful Music, por su parte, logró incluso mejores resultados: llegó al puesto 35 en el cómputo internacional y al 11 en la tierra de Donald Trump.

Sin embargo, dos cuestiones relacionadas con estas listas no acababan de encajar. En primer lugar, su contenido. Ambas contaban con un número de canciones mucho mayor de lo que es habitual en las listas de reproducción más exitosas de Spotify, en concreto, Soulful Music contaba con 467 pistas. Además, los intérpretes de todas ellas eran artistas completamente desconocidos y sin apenas producción a sus espaldas. Nombres tan poco célebres en el panorama musical como Alan Fagan, Garry Cribb o Danny Jones. Por otra parte, la mayoría de los temas incluidos duraban algo más de 30 segundos, el mínimo exigido para poder generar derechos de autor. Los títulos de estas composiciones (Magic Calliope, High Energy Drums, Spaguetti Stetson y muchísimos más) tampoco se encuentran entre los grandes himnos que media humanidad es capaz de entonar de memoria. Únicamente las primeras canciones de la lista, las que resultan más visibles al navegar por Spotify, contaban con una duración mayor. 

El segundo aspecto sospechoso radicaba en sus relativamente escasos oyentes. Según explican desde MBW, durante septiembre de 2017, la lista Soulful Music contaba con algo más de 1.700 suscriptores, una cantidad nimia comparada con las listas de los grandes artistas que publican sus temas en Spotify. Sea como sea, siguiendo los cálculos elaborados por el portal británico a partir de la herramienta ChartMetric, el artífice detrás de esta jugada consiguió unos 72 millones de reproducciones mensuales solamente en esta lista. 

¿Es realmente factible que intérpretes anónimos como D. Silverstone o Annie McGee le estuvieran haciendo sombra a la mismísima Beyoncé? Aquí es donde la investigación de MBW introduce la gran disyuntiva. O bien esas listas repletas de brevísimas canciones desconocidas resultaban tan hipnóticas, fascinantes y adictivas que un millar de melómanos se lanzaron a reproducirlas en bucle durante semanas (siguiendo quizás esa creencia nietzscheana de que la vida sin música no tiene sentido), o bien alguien ahí fuera descubrió un modo de retorcer la normativa de Spotify hasta conseguir amasar una pequeña fortuna. Siguiendo esta segunda hipótesis, más prosaica pero también más probable, este usuario registró cerca de 1.200 cuentas distintas de Spotify, que reproducían continuamente los temas de sus listas.  

Para maximizar sus resultados, el implicado optó por la modalidad Premium que, entre otras cosas, permite escuchar música sin pausas publicitarias. En total, se cree que aproximadamente tuvo que realizar un gasto de unos 12.000 dólares al mes. Una inversión que puede parecer descabellada, pero que, a medio plazo, acabaría reportándole pingües beneficios.

Centavo a centavo

Spotify retribuye cada reproducción de un tema con aproximadamente 0’4 centavos de dólar. Teniendo en cuenta el volumen de escuchas conseguidas, este usuario podría haber ganado entre 300.000 y 400.000 dólares en un mes solamente con la playlist Soulful Music. Y, dado que poseía como mínimo otra cuenta de similares características y que su sistema se prolongó al menos durante cuatro meses, MBW señala que es posible que el protagonista de este periplo lograra embolsarse más de un millón de dólares con su artimaña. Tras publicarse esta investigación, tanto Soulful Music como Music From The Heart se esfumaron del catálogo de Spotify. Sin embargo, todavía es posible escuchar canciones de sus autores en el catálogo de la plataforma.

En cualquier caso, lo más curioso de este asunto es que, según parece, el autor de todo este enredo no ha cometido técnicamente ninguna ilegalidad. “A fin y al cabo, se pagó por esas cuentas. Por lo tanto, en términos de negocio, Spotify ganó la cantidad apropiada de ingresos y suscriptores”, apuntan desde Music Business World, quienes, además, señalan que “la única razón por la se descubrió todo el embrollo fue esencialmente, porque tuvo demasiado éxito”. Y es que, sus impresionantes datos de ingresos y reproducciones no tardaron en levantar sospechas entre los profesionales del sector.

Cuestión aparte es cómo pueden afectar sucesos de este tipo a la credibilidad de la propia Spotify, que saldrá a bolsa el próximo tres de abril, y a sus negociaciones con grandes intérpretes y discográficas. Y es que, no todos los artistas se encuentran satisfechos con el trato que les proporciona la empresa. De hecho, en el pasado, estrellas como Thom Yorke, líder de Radiohead, o Taylor Swift han mostrado su desagrado ante la política de derechos de autor de esta plataforma (Swift llegó incluso a retirar todos sus temas de este servicio de streaming por considerar que no recibía una retribución justa). Que ahora se haga público que es posible lucrarse con Spotify a base de maniobras algo turbias no parece la mejor campaña de relaciones públicas para la compañía. 

En este sentido, según declaran responsables de Spotify a CulturPlaza, “la manipulación artificial de la actividad de streaming en nuestro servicio es algo que nos tomamos muy en serio”. Así, la plataforma de Daniel Ek, asegura tener activas “varias medidas de detección, monitorizando el consumo del servicio para detectar, investigar y actuar contra este tipo de actividades”. “Estamos invirtiendo continuamente en perfeccionar estos procesos y mejorar nuestros métodos de detección y eliminación, reduciendo el impacto de esta actividad inaceptable sobre los legítimos creadores, los propietarios de los derechos y nuestros usuarios”, recalcan a este diario desde la compañía.

De Spotify a la SGAE  

Este suceso recupera los ecos de otra polémica relacionada con la industria de la música que tuvo lugar en nuestro país. El pasado verano, la Audiencia Nacional inició la investigación de un supuesto fraude conocido como “la rueda. Según el auto que instruye el juez Ismael Moreno, cadenas de televisión y artistas pertenecientes a la SGAE habrían pactado que una serie de canciones específicas sonaran en las emisiones televisivas de la madrugada (especialmente entre las tres y las seis). Este sistema habría generado cerca de 100 millones de euros en concepto de derechos de autor entre 2006 y 2011. 

En su novela Desolation angels, Jack Kerouac afirma que "la única verdad es la música". Posiblemente, el autor de la Generación Beat se quedaría estupefacto al descubrir la compleja maraña de mentiras que puede construirse hoy en día alrededor de la industria musical.


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