consecuencias para la salud mental 

Confinados en las emociones

Durante los minutos de lectura de este artículo, Guía Hedonista pasa a llamarse “guía estoica”, una pausa para mirar hacia dentro y analizar nuestro bienestar emocional antes de emerger al exterior

| 27/03/2020 | 10 min, 39 seg

En el asunto de los emails enviados a los profesionales de psiquiatría y psicología que han colaborado en este artículo ponía «consecuencias del confinamiento para la salud mental». Así es, el especial del menú de hoy es un análisis general del estado de bienestar emocional que atañe a la crisis sanitaria, social y estructural del COVID-19.

El sustantivo “esquizofrenia” lo acuñó el psiquiatra Eugen Bleuer para designar la grave enfermedad mental que abarca un amplio número de trastornos –de ahí que originalmente se empleara schizophrenias, en plural–. El término médico se compone de dos palabras de origen griego: la primera es “rajar”, “separar”, “dividir” (σχίζειν), la segunda es “mente”, “entrañas”, “alma” (φρήν). De la misma raíz se deriva la palabra “escisión”. Escindida, como si hubiera sufrido un brote psicótico, está la existencia de estos días inverosímiles, que como en la esquizofrenia se perciben alterados.

Estado, ¿dónde está el estado de bienestar emocional?

«La salud mental y el cuidado de la misma siempre parece ser un asunto secundario», «el desinterés por el bienestar emocional desde las instituciones no es algo nuevo», «desde el Ministerio del Interior no está poniendo atención en la salud mental. ¿Cuándo lo han puesto? Dan por hecho que nos vamos a espabilar por nuestra cuenta». Las terapeutas consultadas coinciden en la desidia por parte de los organismos públicos. Las recomendaciones de los servicios de psicología de los cuerpos de seguridad y protección son, por lo general, del calibre de un «tía, no te rayes».

Vicente Roselló, psiquiatra del Hospital Francesc de Borja de Gandia, profundiza: «Una emergencia sanitaria global como esta requiere de medidas que prioricen la salud física, pero vivimos en un sistema sanitario en el que la salud mental es considerada un campo marginal. Desde los colectivos y equipos que trabajamos por y para personas con
problemas de salud mental estamos haciendo una labor de difusión y concienciación sobre el abordaje y las consecuencias que puede tener el confinamiento para la salud mental».

La otra curva

Olga Barceló es una de las primeras psicólogas que se ha lanzado a hablar sobre los efectos psicoemocionales de la cuarentena. Para explicar los distintos estadios emocionales que seguramente atravesaremos –una puntualización, hablamos siempre desde lo general– ha trazado una curva, una curva distinta a la de contagios, que contempla tres fases de adaptación emocional: euforia, acomodación y resistencia. En la primera subyace la emoción por la novedad y el imperativo de la norma social, la misión conjunta. Hemos sido despojados de nuestra vida cotidiana por un enemigo invisible, pero si nos unimos creamos una nueva identidad y satisfacemos la necesidad de pertenencia. «Llenamos el tiempo para separarnos de la realidad, pero lo hacemos desde una carga emocional tan elevada que es insostenible. Pero después la novedad deja de serlo y cuando se normaliza puedes ver la realidad. Y fuera la realidad es amenazante. Después llega la fase de acomodación. Bajamos el ritmo y notamos el cansancio y los primeros efectos de ansiedad y la depresión». La prisionalización –la sensación de sentirnos presos y con falta de libertad encarcelados en nuestro propio hogar– se hace patente.

La terapeuta Paula Costa resume así las patologías para la salud mental que se pueden desarrollar durante el confinamiento: «La protagonista principal va a ser la ansiedad, seguida de la inestabilidad emocional, insomnio y depresión. Las tres primeras como consecuencia directa a la confrontación del contexto, en el que existe un estado de alarma y pánico mundial a la vez que como ciudadano se te pide calma y civismo, la última, la depresión, como consecuencia de las primeras mantenidas en el tiempo».

En la tercera fase, la resistencia, chocamos contra la pared psicológica. Presumiblemente, nos espera el amodorramiento sensorial y una incómoda desorientación temporal. En este momento, el hedonismo puede adquirir un prefijo y convertirse en “anhedonia”, la incapacidad para sentir placer. «La parte cognitiva no sabrá qué pensar y se darán dos formas de enfrentamiento, la de los endógenos y la de la gente reactiva. La primera mira hacia dentro, se lo puede tomar casi como una práctica espiritual. Los reactivos necesitan luchar, pero su libertad está limitada. Veremos personas saltándose las normas».

Sexo en cuarentena

Adriana Brull es psicóloga general sanitaria, sexóloga clínica y terapeuta de pareja. Para ella, «el aislamiento en pareja sin otros contactos externos puede aumentar las tensiones y generar estrés, esto inevitablemente afecta a nuestro apetito sexual. No todas las parejas lo vivirán de la misma manera, el deseo sexual depende también del tiempo de relación. Además, variables personales como el bajo estado de ánimo, sentimientos de desesperación o soledad pueden influir en la predisposición a nivel sexual. También puede darse lo contrario, que se produzca un aumento del apetito sexual en las parejas que están viviendo el confinamiento desde la distancia. Para las parejas que conviven, hay una oportunidad encontrar más momentos de intimidad. Es de esperar que en las parejas cuya relación es satisfactoria, el deseo sexual se vea aumentado, al menos durante las primeras semanas de confinamiento. Es esperable que aumente la libido en personas solteras, al disponer de tiempo libre, habrá muchos momentos de aburrimiento, que fácilmente serán llenados con momentos de auto placer».

La incertidumbre, el aburrimiento, la productividad

«Nos encontramos con una incertidumbre que nos impulsa a buscar verdades absolutas, pero en este momento no podemos darlas». Verónica Barrera es psicóloga y especialista en Salud Mental Comunitaria. Su visión de la ansiedad que provoca esa búsqueda de respuestas, de acelerar el futuro, se ajusta a la poca literatura científica que hay sobre la cuarentena –El impacto psicológico de la cuarentena y cómo reducirla: revisión rápida de la evidencia, de Brooks et. al., investigadores del King’s College de Londres es una de las más recientes (febrero 2020)–. «No podemos generalizar, ya que la presencia o no de estos efectos va a depender de las herramientas o recursos con los que cuente cada persona y el tejido social en el que esté inmersa».

A las 13:54 de un día indeterminado de la cuarentena, un niño grita desconsolado por el balcón: «¡me aburroooooooo!». Del aburrimiento dijo Unamuno que es el fondo de la vida y el aburrimiento es el que ha inventado los juegos, las distracciones, las novelas y el amor. La niebla de la vida rezuma un dulce aburrimiento, licor agridulce». En la teoría del aburrimiento del neurocientífico James Danckert aparece que éste puede producir efectos parecidos a los del daño cerebral. Por una parte, nos encontramos con la falta de estímulos sensoriales, que llevado al extremo propicia la aparición de trastornos mentales. En el otro lado, para evitar ese aletargamiento, una búsqueda desenfrenada de la productividad constante. Para el psicólogo Álvaro Saval se están perpetuando las dinámicas de ese sistema acelerado: «Hay que reivindicar el derecho a la pereza, a vaguear. Parece que haya que salir de este confinamiento con dos licenciaturas, tocando tres instrumentos y con el cuerpo perfecto».

“Sed de piel”

«En estudios realizados con presos en régimen de aislamiento se ha visto un fenómeno denominado “sed de piel”, que se manifiesta por un estado de ánimo decaído y una necesidad de contacto imperante, tras estos estudios se ha llegado a la conclusión que un aislamiento sostenido en el tiempo puede aumentar la probabilidad de padecer enfermedades mentales». Brull, incide en que como seres sociales el contacto físico es importante para el desarrollo personal. «La falta de contacto físico de manera prolongada tiene efectos negativos para nuestra salud mental/emocional, y que esto puede acabar influyendo negativamente incluso en nuestra salud física. No obstante, las redes sociales nos ayudan a reducir las distancias interpersonales».

Barceló explica que damos muestras de presencia, de interés y preocupación por lo otros, a través del tacto. Sin él, aumenta la sensación de alejamiento afectivo. «Por carencia de amor podemos caer en los síntomas depresivos, la falta de contacto físico incide en nuestra parte hormonal y sensitiva. Sin amor estamos más cerca de la muerte».

Infancia y estado emocional

Cada familia, cada casa y cada caso es un universo. Pero como dice Eva Galcerá, «hay un ingrediente básico, cómo afronte la situación el adulto marcará el afrontamiento del menor». Eva es psicóloga y orientadora educativa, señala que «puede que surjan miedos, retrocesos, dificultades de autorregulación y un mayor número de rabietas como consecuencia de frustración. En adolescentes los problemas de conducta puede que aumenten por la impulsividad que les caracteriza. Hay que tomar la situación como un aprendizaje para gestionar nuestras emociones y por tanto las suyas, en nuestra mano está la batuta para dirigir su salud mental». Respecto a las familias con un hijo/a con diversidad funcional, explica que puede afectar de manera significativa a la dinámica familiar, e incrementar su ansiedad. «Si dentro del cambio que van a experimentar se establecen unos intervalos de tiempo donde van a poder mantener algunas de sus costumbres, ese nivel de ansiedad disminuirá, siendo más llevable la situación».

¿Y la educación? «Es un cambio importante, pero afortunadamente vivimos sumergidos en la era tecnológica y se han establecido unas plataformas para llevar a cabo las tareas académicas. Hablamos más de desarrollo competencial que del puramente académico, está claro que el deshacer transitoriamente una de sus rutinas más importantes que es ir al cole o al instituto, va a repercutir a nivel académico y social».

La vuelta a la normalidad

Alejandro se muestra escéptico con el regreso a la normalidad, que no será normal: «A corto plazo vamos a coger con mucha fuerza el juntar y vernos, pero con el paso de los meses quedará como una anécdota. Tendría que ser mucho más grave y tener más consecuencias para que esto cambiara». Barrera considera que aparecerá nuevamente la frustración, el aburrimiento y una sensación de aislamiento a causa de la pérdida de la rutina habitual y la reducción del contacto social y físico.

«No creo en un cambio mágico del estilo “se va el virus, se van los males o todo cambiará”. Por eso me parece importante insistir en la responsabilidad afectiva, en el compromiso, en la solidaridad. Ha aparecido un bicho que nos invita a pensar en el bien común por encima de los intereses individuales», señala Verónica Barrera. La opinión de Vicente Roselló coincide: «La perspectiva humana siempre suele ser bastante “cortoplacista”. Puede haber cambios inicialmente como dedicarse más a los seres queridos, a largo plazo supone un reto para la sociedad ver cómo se instauran modelos y conductas que puedan implantar aspectos a veces olvidados como la empatía y la conciencia social».

Dejadnos sin trabajo

«La información pobre y escasa sobre el propósito de la cuarentena puede generar confusión y elevar el nivel de estrés en la población; así como generar incertidumbre e inseguridad, elevando los niveles de ansiedad y depresión», indica Verónica Barrera.

Voces profesionales murmuran que se deberían establecer cuotas máximas de propagación de información capciosa, o como recomienda el psicólogo Alejandro Pereira «Todo el tiempo que estamos sobre informándonos estamos dejando de hacer actividades que podrían ser de ocio o de bienestar persona».

Dejadnos sin trabajo a los periodistas, o dadnos más, pero sobre otras vidas, que son las auténticas. El empacho de información sesgada y la adicción a las cifras y estadísticas no interpretadas provocan acidez y alimentan la hipocondría. Nos han dejado noqueados, pero el show debe continuar. Hay un cambio de guión contra el cual no podemos rebelarnos, pero los directores somos los mismos: cada uno de nosotros. En las líneas que no le demos al desasosiego es donde reside la libertad que nos explica.

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