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el ivam viaja a la bienal de venecia del 76

Franco ha muerto, ¡viva la vanguardia!

13/09/2018 - 

VALÈNCIA. “Americanos, Franco ha muerto”. No fue Carlos Arias Navarro quien dio el mensaje en Estados Unidos. Apenas dos días después de la muerte del dictador, el mítico programa de humor Saturday Night Live –que había sido estrenado apenas un mes antes- daba la noticia en un paródico telediario que acababa con pullita al presidente Nixon. El mensaje, para despistados, fue repetido durante un año en varias de sus emisiones. “El generalísimo Francisco Franco ha estado críticamente muerto desde hace once semanas y sus doctores se niegan a especular sobre cuánto tiempo puede durar en su estado actual”, recordaba el cómico Chevy Chase en una de tantas menciones al fallecimiento del dictador. La anécdota televisiva la recuerda la catedrática en Historia del Arte Paula Barreiro en una publicación editada por el IVAM con motivo de la inauguración de la muestra España, vanguardia artística y realidad social 1936-1976. No es menor esta cuestión, pues es precisamente el aspecto comunicativo el que trabaja el nuevo proyecto del museo, una revisión de la exposición que se presentó en la Bienal de Venecia de 1976 y cuya misión era corregir la imagen que el régimen franquista había dado del arte español de vanguardia.

“Que la Bienal de Venecia del año en curso va a traer cola, por lo que a España concierne, es verdad tan incuestionable, como la serie de controversias y disensiones producidas a lo largo del proceso de organización y selección, y entre los propios organizadores y seleccionadores”, expresaba el Santiago Amón en un artículo publicado por El País en mayo del 76, titulado: La representación “no oficial” de España en la Bienal de Venecia. Efectivamente, la inclusión de España no se ejecutaba con forma de país invitado, pues las normas de la Bienal no permitían estas ‘alianzas’ con países no democráticos. En este contexto, la exposición suponía una campaña de marketing bien interesante, un proyecto con el que deconstruir la imaginería comunicada por la España en blanco y negro y redefinir en el plano internacional la obra de los artistas que participaban en ella. Fue en este momento, además, en el que se abandonó la etiqueta de “arte moderno” utilizada por el régimen franquista para asumir la de vanguardia.

El día en que aprendí a escribir con tinta, 1972, Equipo Crónica. Colección del IVAM

Lo simbólico del proyecto quedó reflejado tanto en lo explícito como en las casualidades. Fue un 18 de julio cuando se inauguró el pabellón central de la Bienal de Venecia, fecha que tomaba Alberto Corazón para una de las obras presentadas, Iconografía de un dictador, en la que recopilaba distintas portadas del diario ABC del 18 de julio. La exposición, sin embargo, también se encontró con oposición, como la de Vicente Aguilera Cerni o Jose María Moreno Galván, siendo este último quien pidió al presidente de la Bienal, Carlo Rippa di Meana, que no convirtiera el encuentro en “una nueva manzana de la discordia entre españoles”. Su proyecto alternativo fue rechazado, allanando el terreno de la muestra que hoy conocemos. “Fue un proyecto muy polémico desde el inicio”, explicaba ayer el comisario de la muestra y subdirector de Colección y Exposiciones del IVAM, Sergio Rubira, que presentó la exposición junto al director del museo, José Miguel G. Cortés.

"Nunca hasta 1976 se había hecho una exposición que contextualizara las condiciones políticas y sociales de la producción de las obras”, recalcó Rubira. Ante la negativa de la Bienal de invitar a un país regido por un sistema dictatorial, llegó la fórmula de “los diez”, un proyecto independiente en el que se invitaba a artistas directamente y no al país. La muestra salió adelante poniendo el punto de partida en el icónico Pabellón Español de la Exposición de París de 1937 hasta un año después de la muerte de Franco, reflexionando sobre “cómo el poder usa el arte para legitimarse”, expresó Cortés, “una problemática que todavía está ahí”. El recorrido de la exposición en la galería 3 del IVAM mantiene el orden que se le dio en la muestra del 76 y que "comenzaba mostrando las raíces de la vanguardia con imágenes de la Guerra Civil y el Pabellón de la República de la Exposición de París de 1939", explicó el comisario. De esta forma, la muestra se divide en las siguientes secciones: 'Imágenes de la Guerra Civil', 'El Pabellón de 1937', 'La derrota y el exilio', 'La recuperación de la vanguardia', 'Entre testimonio y libertad (1954-64)' 'Zonas de realismo (1959-64)', 'Arte y compromiso político (1964-72)', 'Pintura, crítica, significación (1967-76)' y 'Hors-texte'.

Teniendo en cuenta el papel que desempeñaron Tomás Llorens, Manuel García y algunos artistas valencianos en el desarrollo de la exposición, el IVAM ha hecho acopio en estos años de un buen número de obras mostradas en su día en Venecia, cerca de cuarenta de las cuales se pueden ver 33, a las que se suman otras como tres maquetas de Andreu Alfaro o distintos documentos que ayudan a configurar el contexto en el que se gestó el proyecto. Entre los artistas representados en la exposición del IVAM, obra de Pablo Picasso, Joan Miró, Julio González, Josep Renau, Eusebio Sempere, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Monjalés, Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Eduardo Arroyo y Alberto Corazón. Más de cuarenta años de aquella Bienal, el IVAM reflexiona sobre su obra aunque, como repetían en Saturday Night Live en el 76, algo no cambiará: “Nos llega desde España la siguiente noticia: un equipo médico ha anunciado que el generalísimo Francisco Franco sigue empecinado en su lucha por permanecer muerto”.

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