ALQUILER Y HOSTELERÍA

Grandes tenedores, pequeños restaurantes, gigantescos alquileres 

Los precios del alquiler suben como una focaccia que leva fuera de su molde y se desmorona. Como la cerveza a precio de champán de los restaurantes a pie de playa. Como el ascensor a un rooftoopY nadie ni nada se libra del incremento.

| 26/04/2024 | 5 min, 3 seg

Hará cosa de dos semanas, la periodista Begoña Torres firmaba en Valencia Plaza un alarmante artículo: El precio del alquiler roza máximos en València ante la caída de la oferta y el alza del vacacional. Entre las zonas con mayor precio por metro cuadrado —las más tensionadas, en la moderna jerga de la especulación inmobiliaria— figuran varias de las más interesantes para el sector hostelero: el Carmen, el Mercat, Arrancapins, Ruzafa, Eixample, Cabanyal… aunque de una forma distinta a la ciudadanía que ve afectado su derecho a una vivienda digna, hosteleros y restauradores también sufren los precios alcistas en el alquiler: los bajos comerciales, que en su anterior vida fueron un kiosco o un kebab, son los nuevos zulos pisos turísticos.

La única ley que no falla es la de la oferta y la demanda. A menor cartera de bajos destinados para actividad restauradora, mayor alquiler. Estos precios que sufren bares, restaurantes y cafeterías se suman a que desde la perspectiva de ciertos rentistas, es más seguro y rentable hacer que la ciudad sea un airbnb gigante, situado a ras de calle, donde mean los perros y no entra la luz, pero sí las cucarachas. Hecho aparte es la simpleza cognitiva que lleva a pensar que porque a día de hoy València sea atractiva para el turismo chabacano de vuelo lowcost y zulo apartamento turístico, siempre lo será. El turista que desde la cama puede fregar el vaso de sangría y la sartén de las frankfurt no suele coincidir con el perfil que visita a Begoña Rodrigo. 

El mes pasado, el portavoz de Turismo de Sumar, el valenciano Alberto Ibáñez, también portavoz de Compromís, solicitó al Gobierno central que mediara en la regularización de los alquileres de locales de hostelería porque los precios «están poniendo en graves dificultades al sector». El diputado no paso por alto el fenómeno de la digievolución de los bajos comerciales en alojamientos turísticos. «Hoy en día, una persona que abre un bar, una cafetería, no puede pagar el alquiler de un bajo comercial porque los precios son imposibles», aseguró Ibáñez en la Comisión de Industria del Congreso. Lo que se solicita al Ejecutivo es una intervención para facilitar la vida al sector como sucedió durante el horizonte COVID o la subida del precio de la luz. 

«No se trata de ser hipócrita y negar que a casi todos nos gusta viajar, sino de reflexionar en torno a una pregunta. ¿En qué momento se cruza la frontera entre ser una ciudad con turismo y nos convertimos en una ciudad turística?». El interrogante es de Borja Sanjuán. Añade en el mismo artículo de opinión que estamos en «una sociedad donde tener un piso en alquiler te proporciona hoy más ingresos mensuales que el sueldo medio de un trabajador». ¿Quién quiere ser restaurador pudiendo ser especulador?

De aquellos barros, estos lodos y cambios de barrio: años ha de que Napicol fuera expulsado del centro de València y —por fortuna— aterrizara en la huerta de Meliana. Sin dejar los barrios de intramuros, Forastera pasó de un local de tamaño amplio a uno más recogido en una calle menos popular. Esto sucede en el mejor de los casos, y en algunos de ellos, como estos dos que hemos citado, el nuevo espacio reporta más alegrías que otra cosa. También podemos plantearnos si, como se pregunta Ferran Salas, sobran restaurantes en España: «según el INE (instituto nacional de estadística) España esté inmerso en un progresivo proceso de reestructuración del sector, ya que en los últimos diez años han cerrado unos 20.000 bares. Aproximadamente dos mil bares al año y en contraposición han abierto unos 10.000 restaurantes. Esto es, de cada dos bares que cierran, abre un restaurante». Salas apostilla: «Cada vez cierran más proyectos personales y abren más franquicias o modelos auspiciados por grupos inversores». ¿Quién quiere ser restaurador pudiendo ser inversor? 

Si el último siglo áureo tuvo a Francisco de Quevedo y su Libro de todas las cosas y otras muchas más, nosotros tenemos a Sergio Mendoza y su amplio conocimiento de todos los males hosteleros: «El Observatorio lo está pasando mal. En su día nos pedían un alquiler muy alto cuando llegamos, lo que hicimos fue negociar diez años de contrato con subidas los cinco primeros años y luego cinco años estables. Lo que pasa es que el truquito del IPC solo con que te suban el IPC se dispara. Si deberíamos estar pagando 900 euros, vamos por 1080 euros ya. Que parece una tontería, pero 180 euros extra el mes salen de mi nómina». 

«Una cosa que va a pasar ahora es que si en los últimos años para los dueños de locales que te toque la lotería de los dueños de locales era guay, porque los propietarios pensaban que los restaurantes podían pagar alquileres por unos precios que un kiosco no podía asumir. Te hablo en barrios normalitos. Los restaurantes pueden permitirse pagar alquileres más caros, pero igual eso es mentira. Ahora bien, los dueños de locales están viendo que donde estaba el restaurante puede meter dos Airbnbs y sacarse 5000 euros al mes. Lo pienso hasta yo, que donde está el Observatorio me podría sacar dos apartamentos y me quitaría de todos los problemas del mundo». 


Comenta este artículo en
next