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EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV 

Los Angeles, 1981: donde la reina Letizia no se hubiera vestido de punk

Corea la prensa que la reina Letizia luce estilismos punks, con tachuelas y 'animal prints'. Un movimiento que se basó en ir contra todo, ensalzar lo cutre y promover lo feo, ahora es un 'dress code' apto para princesas y para todo aquel que quiera unas normas de identidad predefinidas. Todo lo contrario al punk original. Un documental sobre la escena en Los Angeles en 1981 vale para entender la diferencia y la perversión que se hace del noble propósito de los adolescentes más desubicados socialmente de degradarse para mostrar su rechazo a todo en aquella época

3/03/2018 - 

VALÈNCIA. Leo en La Vanguardia que la reina Letizia ha llevado en una delegación de gobierno su "estilismo más punk". Un outfit dominado por animal print y tachuelas. Ya en 1977, el mismísimo Iggy Pop, padrino del punk, dijo en televisión en el año del nacimiento del punk: "es un término basado en la moda, elitismo y todo lo que está podrido en el rock and roll". Efectivamente, el punk nació póstumo. Haciendo honor a su fama y sus esencias. 

Lo curioso es que haya sobrevivido como dress code. Cuarenta años después de su explosión y defunción, pues ambos fenómenos ocurrieron en poco menos de dos o tres años tirando por lo alto, todavía hay gente que se considera motivada por ese espíritu y lo reduce a combinar prendas y, en definitiva, seguir unas normas y rendir cierto culto a determinados iconos. No hay nada menos punk que eso. 

El verdadero espíritu lo ha dado una serie de televisión reciente, The end of the fuckin' world, donde un personaje le explica a un adulto que una amiga suya lleva una cazadora fea y pasada de moda porque lo feo mola porque es feo. El otro se queda un poco a cuadros y quien le da la lección se impacienta y lo deja. Pero eso fue el punk en su día. Un aquí y ahora. No sentar unas bases estéticas para que durante años un montón para que una gente se sintiera confortable con unas señas de identidad predefinidas. 

Uno de los mejores documentales para pillarle el pulso al movimiento en toda su crudeza fue The Decline of western civilization, de 1981. El documental cuya segunda parte, The Metal Years, se hizo famosa en España desde que la emitiera Antena 3. La primera entrega contaba con material aún mucho más valioso que su versión hard rockera. Imágenes de Black Flag, Circle Jerks, Germs o X realmente impagables. 

Hubo músicos que se conocieron viendo este documental en los cines, como los Rock City Angels de Bobby Durango y Ringo Jukes, un grupo llamado a suceder a Guns n´roses en Geffen, pero que, por la llegada del grunge repentina, y alguna que otra adicción, entró a formar parte de la larga lista de carreras musicales descalabradas. No era para menos a tenor del momento al que hacía referencia. El punk surgió en Nueva York en los 70, de ahí viajó a Gran Bretaña de la mano de los New York Dolls, surgió una generación de grupos que aberró al mundo entero, Sex Pistols, The Clash, Damned... y, con la emisión en Estados Unidos de un documental sobre este nuevo fenómeno en una cadena estatal, se originó una oleada loca en todo el país norteamericano. 

Los adolescentes descarriados, preferentemente blancos, abrazaron la nueva fe, una música para expresar como ninguna otra lo había hecho hasta el momento lo hartos que estaban de todo. La medida de cómo estaban los ánimos la dan las escenas en la redacción de la revista Slash. Leen la carta que ha escrito un lector que se queja de que los hippies quieran cerrar las nucleares. Dice que serán los primeros en pedir que vuelvan a abrirlas cuando no tengan energía para organizar sus conciertos. El chico se declara a favor porque lo tiene claro "sobreviven los mejores y estamos ganando". 

Claude Bessy, el editor, es un francés que, precisamente, murió en España. En octubre de 1999 un cáncer de pulmón se lo llevó en Barcelona. En Los Angeles, veinte años antes, limpiaba váteres antes de meterse en la escena punk. Explica a cámara: "No sucede otra cosa, esta es la única forma de revolución". 

Su actuación con Catholic Discipline es sin duda el mejor número de la película. En YouTube solo está el audio. Con su fanzine solo se buscaron problemas por las críticas que vertían de todos los discos que salían. Antes, había críticos musicales dignos de tal nombre. Se debían al lector, no a los grupos ni a los sellos. En España no faltaron y alguna reseña se resolvió pegando al autor. 

Claude Bessy es claro: "Lo mío consiste en no buscar ser un buen tipo, un gran amigo, prefiero que se me odie, eso me hace sentir bien". La new wave explicaba bien lo que era: "Cuando dices que no te gusta el rock aburrido, dices new wave, pero no te atreves a decir punk porque te echan de la fiesta y ya no te dan más coca, pero new wave es power pop, punk y ska, pero la new wave no existe".

Imágenes impactantes son también las de Darby Crash, de los Germs. Luce una cicatriz en el cuello porque un amigo se la colocó en la yugular y él movió la cabeza para auto-degollarse. Una noche más. Explica que lo suyo es tirarse sobre cristales, hacerse rajas, y si está siempre borracho es para poder herirse. Todo eso, admite, para que no se note que no saben tocar. Su objetivo, que no se cuenta aquí, era suicidarse y pasar a la historia. Lo hizo, se supone, con una sobredosis de heroína, que le mató un día antes de la muerte de John Lennon. Una proeza que quedó completamente eclipsada por el asesinato del Beatle. No llegó ni a ver el estreno del documental.

Los Black Flag aparecen enseñando donde viven, en agujeros en cada esquina de su local de ensayo. Las habitaciones son los armarios. Les cuesta 16 dólares al mes, pero no lo ganan con los conciertos, donde más bien palman pasta por actuar y si ganan algo se lo pulen haciendo la publicidad. En una actitud muy poco homologable con la mentalidad actual, el cantante presume de que cuando necesita dinero liga con alguna chica rica. Sin embargo, lo escalofriante es cuando enumeran la cantidad de locales en los que están vetados. 

X salen haciéndose tatuajes. De todo lo punk que selectivamente está de moda ahora, de que te tatúe un borracho en un cuarto oscuro con lo primero que pilla no hay mucho revival. Por qué será. Exene Cervenka, que luego estuvo casada con Viggo Mortensen, declara: "no creo que sea una persona feliz aunque me divierta". 

Lo más truculento, como en la segunda parte de esta serie de documentales, lo pusieron los fans. Los punks de a pie. Uno dice que la violencia le ayuda a vivir, otra que es alcohólica. Uno reconoce que la policía le coge de vez en cuando y le obliga a darse una ducha. Luego añade: pegaría en la cara a una mujer, no me gustan. Precioso. 

Lee Ving, cantante de Fear, pone el brillante colofón. Son un grupo que siempre fue cuestionado desde la ortodoxia punk. Para empezar, porque ya tenían 30 años cuando salen estas imágenes del año 80. Venía de tocar en un grupo de blues rock y en otro pseudo-glam. Y además era actor. Se unía a una moda, pero si un disco tiene buenas canciones, como su debut, no hay nada que decir. Es más, resume muy bien con una frase qué es lo que estaba pasando en esas calles sucias, con chavales automutilándose, suicidándose en algunos casos, entregados al caos y la violencia: "Nos gustaría portarnos tan bien como ustedes pero nacimos con problemas". 


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