Música y ópera

CRÓNICA

Público y artistas estallan contra el Festival de Les Arts por las limitaciones de ruido

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VALÈNCIA. Al final, el ruido se ha escuchado más que la música en la primera jornada del Festival de Les Arts. Este viernes ha arrancado la celebración del macrofestival, cuya edición ha estado marcada por la sentencia que puso en jaque la celebración del resto de eventos previstos este año en la Ciutat de Les Arts i Les Ciències, con el consecuente bloqueo por parte de las administraciones. Love the 90’s y I Love Reggaeton se desplazaron al estadio Ciutat de València, el festival Bigsound -que se asemeja a los aforos y la logística del Festival de Les Arts- hizo lo propio en el Parc Central de Torrent para poder celebrarse de la misma manera en la que estaba concebido en València. Pero Les Arts decidió seguir el pulso y, tal y como preveían fuentes mínimamente conscientes del sector musical, solo había tres opciones: superar los decibelios permitidos y jugarse la multa, devolver el dinero de las entradas, o generar frustación entre el público por las restricciones.

El festival ha optado por la tercera opción. Para respetar la normativa acústica de no superar los 85 decibelios, ha empleado limitadores de sonido -uno en cada escenario- además de tener en cuenta diferentes niveles de emisión en horario diurno y nocturno. Una medida que parece haberse cumplido con todas sus consecuencias durante toda la jornada de ayer, dejando una estela de protestas por parte del público que no ha dudado en mostrar su descontento con silbidos y coreando "no se oye". Asistentes que ya se mostraban molestos días anteriores a la celebración del festival por la tardanza de la promotora al publicar los horarios y los escenarios de los artistas que se escucharon, finalmente, "extremadamente bajito" durante sus conciertos, según los testimonios recogidos por este diario. 

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La respuesta de los artistas

La gran mayoría de los artistas han comunicado su disconformidad con la regulación del sonido de sus conciertos. A las 18:30 horas de la tarde la banda Éxtasis tocaba en el escenario cubierto del Hivernacle de Les Arts. Lo que parecían desde abajo problemas técnicos se han convertido en un reto para la banda, que ha confirmado a través de sus redes sociales que no ha podido estar a la altura de sus fans a pesar de haber vivido un buen concierto gracias a ellos: "Nos habían advertido de que había un limitador a 80 dB por problemas con la normativa municipal de ruido. Y efectivamente, solo con el ruido del público saltaba la PA [siglas en inglés que se refieren al Public Address, que es un conjunto de equipos de audio diseñado para amplificar y distribuir el sonido en espacios amplios] y no hemos podido tocar en las condiciones óptimas para un concierto a la altura de este festival". "No sabéis la ilusión que teníamos de tocar con las ganas que íbamos. A veces las cosas no salen como quieres. Esta vez contra todo pronóstico, nos llevamos uno de los mejores conciertos que jamás hemos vivido", ha destacado la banda a través de su Instagram, donde agradecían el apoyo de sus fans a través de stories. 

Tras el concierto de Éxtasis ha llegado el de Leire Martínez, que ha llegado a abandonar el escenario principal ante los gritos de sus fans porque no se oía nada, en el momento de máxima tensión de la jornada. Visiblemente disgustada, se ha ausentado del escenario para volver unos minutos más tarde con un volumen un poco más elevado. Desde la zona VIP, una asistente confirma que el volumen ha sido anormalmente bajo: "Se oye como música de fondo, parece que están susurrando. Además, a pesar de la potencia vocal que debe de tener Leire, no se le oía nada bien". Por su parte el cantante de Pignoise se ha disculpado con el público por el bajo volumen del concierto (ha sido uno de los bolos más contestados), alegando que esta medida no la imponían ellos: "No es nuestra culpa, lo sentimos mucho". También se han disculpado por el sonido los integrantes de La La Love You: "Os pedimos disculpas, vamos a seguir y el sonido no es parte de nuestra responsabilidad".

  • Leire Martínez, la primera artista en abandonar el escenario 

Por ahora, a pesar de que muchos artistas tienen cláusulas de un mínimo de volumen que les permiten abandonar su actuación a costa del festival, el horario previsto se ha cumplido con relativa normalidad. En este sentido, es imporante recalcar que tanto Pignoise, como La La Love You y Siloé forman parte de la cartera de management de la propia promotora, The Music Republic. El vecindario, por su parte, ha medido el ruido generado, pero la percepción general es que el daño colateral este año ha recaído en quienes han comprado el abono. Siloé hizo una protesta "silenciosa" a través de unos carteles que mostraron justo antes de su show en los que se podía leer: "Esto es una falta de respeto para los artistas que llevan preparando su show todo el año, pero sobre todo, una falta de respeto para vosotros, el público, el que paga, se desplaza y sujeta este festival. Vamos a intentar tocar solo por vosotros. No os merecéis esto".

Por eso las redes sociales del festival se han plagado de comentarios negativos sobre el volumen, indicando que "tendrían que haber traído un sonotone" o que el festival es "una silent disco pero sin cascos". En la página de Instagram del festival sus publicaciones fijadas se han plagado de comentarios negativos hacia la aplicación de esta nueva medida con comentarios que indicaban que el festival ha recordado "subir el precio de las cervezas, pero no de sus altavoces" o de que se "habían olvidado de enchufar los micrófonos". Además la banda Karavana, que ha sido encargada de inaugurar el festival en un escenario secundario a las 18 de la tarde, no ha dudado en echar la culpa del descenso del volumen a las medidas reclamadas por los vecinos: "Wapisimo el lesarts! [sic] Una pena que los vecinos tengan oído de perro y escuchen a -65db la música. Si no, habría sonado a concierto normal".

La sensación general, a pesar de que los planes del festival pasaban por bajar aún más el volumen durante las últimas horas de la velada, es que con los cabeza de cartel, Siloé, se ha experimentado una mejoría en el sonido. Curándose en salud, la banda se ha disculpado antes de dar inicio a su setlist con idénticas razones que los grupos anteriores. Pero la indignación ya se había desatado. El público ha dictado sentencia ante las propias circunstancias del festival: la música estaba ahí, pero el sonido no es el deseable. Ni siquiera los artistas, y algunos mantienen contratos con la promotora The Music Republic para actuaciones en otros festivales, esconden su incomodidad. Mañana, una nueva prueba de fuego. En el alambre, el futuro de un festival que ha pasado de agotar sus entradas durante años meses antes de su celebración, a no hacer no conseguir colgar el cartel de entradas vendidas ni siquiera el día de su celebración.

Divorcio prácticamente consumado, sí; pero los escenarios están montados, las bandas suben al escenario, y hay un público frente al cual actuar. A pesar de todo, se impone el show must go on. Y de fondo, importante no olvidar, la rabia compartida con las administraciones públicas y la imagen de València como espacio imposible para acoger un fenómeno estatal como son los macrofestivales de música, uno de los hitos económicos de la industria musical en los últimos años, que no ha sabido encontrar la solución a las críticas, primero del vecindario y ahora de sus propios clientes.

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Se "veía venir" 

A las afueras del recinto, a las 18 horas de la tarde, nada más empezar el concierto del Karavana, ya se oía desde el cauce del río Turia más los gritos del público que a la propia banda, que tocó algunos de sus temas más celebrados mientras pedían con las manos a los asistentes que se acercaran más. Justo antes de entrar a la zona de conciertos, Marta y Laura, que iban vestidas a conjunto con su grupo de amigos con unas camisas de helados, notaban ya el descenso de volumen desde el exterior, esperando que aumentara al ponerse frente al escenario. “De momento se oye más al público que a Karavana, esperemos que la cosa mejore. Así no se oye nada”, explicaba Marta.

Laura, su compañera, confirma que se había enterado de la limitación acústica del festival hace apenas unos días. “Yo pensaba que si se hacía aquí es porque estaba todo bien, no sabía que tenían que bajar el volumen. Lo tendrían que haber avisado por sus redes sociales o algo”. Lo que sí que han avisado es del nuevo horario, haciendo que el festival concluya a la 1 de la mañana para respetar el descanso de los vecinos, a diferencia de otros años que ha terminado una hora más tarde. Desde seguridad del festival aseguran que el inicio de la jornada ha transcurrido con normalidad, y con menos curiosos que hace una semana, cuando el destino del festival aún era incierto. “Parece que está todo en orden, sí que nos han venido un par de personas cabreadas, pero al final entienden que la gestión del festival no depende de nosotros”, ha explicado un empleado que estaba controlando la entrada al lado del escenario Mediolanum.

Desde fuera, Marcos, que se encontraba en uno de los grupos que estaba bebiendo en la zona de parque de las afueras, aseguraba que este año se oía mucho menos que los anteriores: "Siempre venimos a hacer la 'previa' por aquí y se oye mucho más fuerte, pero igual es porque aún no ha llegado todo el público", explicaba justo al intermedio del primer concierto.

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