VALÈNCIA. El Palau de les Arts Reina Sofía recupera Salomé, el drama musical con el que Richard Strauss sacudió los límites de la ópera a comienzos del siglo XX, en una propuesta escénica que apuesta por la introspección y la incomodidad. El montaje, firmado por Damiano Michieletto y procedente de La Scala de Milán, propone una lectura contemporánea que precisamente reduce el espacio físico para expandir el psicológico; una “claustrofobia” que atraviesa tanto la escena como el propio relato.
El título regresa a Les Arts en el marco de su 20º aniversario y supone la primera vuelta a la dirección musical de James Gaffigan (ahora exdirector de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. En rueda de prensa, ha querido destacar que “la partitura de Salomé supuso la creación de un lenguaje musical completamente nuevo” . Un lenguaje que “puede sonar muy familiar, casi de Broadway o de pop, pero que está envuelto de harmonías muy extrañas. Strauss se reinventó totalmente a sí mismo”.
Por su parte, la propuesta escénica ha sido desarrollada por el equipo habitual de Michieletto, un nombre ya habitual en la ópera valenciana, aunque no por ello menos notable. “La escenografía es muy claustrofóbica y parece que aprovechamos poco el espacio que nos da la Sala Principal de Les Arts, pero es así por el sentido de la obra”, explica Tamara Heimbrock, que se encarga de la reposición de la obra. Es ese mundo interior, esas profundidades del trauma, el que encierra a sus protagonistas.
Partiendo de una obra también revolucionaria de Oscar Wilde, la producción alarga lo que en la Biblia son apenas unas líneas hablando de una mujer sin nombre en una historia conmovedora. “Aquí ella tiene un nombre y una voz propia”, reivindica Heimbrock.
“Como si fuera una trama detectivesca, Salomé va desbloqueando su memoria y recuerda qué es lo que le ha sucedido. Descubre entonces que lo que le pasa se puede nombrar: es un abuso”. Y es que en la trama de Salomé conviven la pedofilia, el deseo, la venganza y hasta cierta necrofilia. Sin embargo, la apuesta de esta producción es la de esconder lo más violento para sugerir más. “Contiene la historia que todos conocemos, están todos los elementos comunes, pero no tiene la necesidad de mostrar la violencia”, defiende Gaffigan.
Desde el foso, Gaffigan fija como reto sostener la tensión de una partitura densa y exigente. El maestro destacó en la rueda de prensa el conocimiento previo de la Orquestra de la Comunitat Valenciana pero también cree que eso puede ser “peligroso”. “El reto ha sido mantener el entusiasmo para que los músicos piensen por ellos mismos para saber cómo deben tocar y transmitir al público”, añade.
Atención a Vida Miknevičiūtė
El montaje marca además el debut en España de la soprano Vida Miknevičiūtė en el papel protagonista, uno de los más exigentes del repertorio operístico. Gaffigan no escatimó ayer en elogios: “es seguramente mi soprano viva favorita. Es una músico brillante y además una gran actriz” .
Su interpretación levantó mucha expectación cuando se pudo ver en 2023 en Milán, y fue un éxito rotundo. Precisamente la propuesta escénica que se verá en Les Arts deja de concebir a Salomé como una antiheroína ha remarcar su condición de víctima de sus circunstancias. Y así, deja de ser únicamente un icono de perversidad para convertirse en el resultado de una historia de violencia estructural.
Más allá del realismo psicológico, la propuesta tampoco renuncia a su dimensión simbólica: “Lo más interesante de esta producción es el equilibrio entre la puesta en escena, y el aspecto sobrenatural e espiritual”, señala Heimbrock.
El resultado, según el equipo artístico, deja una respuesta emocional compleja en el espectador; “una combinación de sensaciones muy fuertes” . Una reacción que confirma no solo la vigencia sino también el potencial impacto de una obra que, más de un siglo después, sigue explorando los límites del deseo, el poder y la violencia.
Salome se representará en la Sala Principal del Palau de les Arts Reina Sofía los días 25 y 29 de abril, y 3, 6 y 9 de mayo.