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EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV 

Un documental de la BBC revela cómo Weinstein consiguió omertá en sus abusos sexuales

'Weinstein: The Inside Story' es un documental de la BBC que entrevista a gran cantidad de mujeres y colaboradores del productor de cine que confirman con sus versiones su modus operandi. Sorprendía a las mujeres apareciendo desnudo en su habitación o les pedía masajes, esa era su forma de insinuarse. Si fracasaba, tenía una maquinaria legal preparada y un control de la prensa con el que logró cierto grado de impunidad que ahora se ha venido abajo 

7/04/2018 - 

VALÈNCIA. Se llama casting couch. Papeles en películas o series de televisión a cambio de sexo. Los actores veteranos saben que es un fenómeno viejísimo, pero nunca ha salido a la luz como ahora con Harvey Weinstein. La industria del espectáculo ha cambiado como de la noche al día tras el escándalo.

En #0 de Movistar se estrenó el jueves pasado un documental de la BBC, Weinstein: The Inside Story, de su programa Panorama, que trata todo el caso. Una actriz en los primeros compases pone en situación con sus revelaciones. Cuando se negó a tener sexo con él, le dijo: "si no me dejas besarte o tocarte o hacerte algo, al menos levántate la blusa y enséñame las tetas".

Su historia profesional era de éxito. En la universidad solo acabó un curso, en Buffalo, pero se metió en el sector de la música y en 1980 pasó a producir películas. Ya en esa época tan prematura buscaba sexo con las mujeres que le rodeaban abusando de su condición jerárquica en la empresa.

La becaria Paula Wachowiak trabajó en el rodaje de The Burning. Un día le llevó una carpeta de cheques para que los firmara. Al llegar a su habitación, se lo encontró solo vestido con una toalla. Cogió la carpeta, se quitó la toalla y se tiró en la cama. Le dijo a la becaria que tenía un calambre en la espalda, que si le podía dar un masaje. Ella se negó y él le dijo: "Verme desnudo ha sido el mejor momento de tus prácticas". Ella contestó que no, que le había dado asco y él se rió.

Su posición fue en ascenso. En Nueva York fundó Miramax, una productora que se caracterizaba por recoger las producciones que desechaba Hollywood, pero en las que veía que había calidad. La cartera de títulos que lanzó es espectacular. Amélie, El cuervo, Ciudad de dios, Pulp Fiction, Fresa y chocolate, El paciente inglés... Su productora era una marca de calidad dentro del cine independiente y logró financiación de Disney. Dicen que devoraba libros y guiones y que tenía una memoria prodigiosa.

Acumulando poder, mayores eran los castigos. Sean Young, la actriz que alcanzó la fama interpretando a la replicante de Blade Runner, trabajó luego en Crímenes de amor de Miramax. Curiosamente sobre un depredador sexual. Al final de la película, fue a su despacho y se lo encontró sacándose el miembro. Le contestó de forma cortante: "¿Sabe, Harvey? yo que tú no me sacaría eso porque no es nada bonito". Le humilló y ahora, cuenta en su entrevista en este documental, su carrera fue cuesta abajo y en picado.

"Se espera que las actrices sean obedientes, con talento y siempre estén a disposición del que está al mando", explica, por eso su carrera se fue al traste. Por haberlo dejado en ridículo, asegura.

Gwyneth Paltrow, que trabajo en Shakespeare in love, acabó confesando, tras la aparición de rumores, que a los 22 años él le pidió que le diera un masaje en su habitación de hotel y ella se negó.

Silencios comprados

Una periodista, Kim Masters, investigó a ver si había más casos, pero no conseguía nombres. En realidad, como explica el reportaje, tenía diseñado un sistema de compra de silencios. Tuvo que hacerlo en numerosas ocasiones. Una vez logró comer con él y, después de que el productor se quejase de lo que escribía sobre él, le espetó: "He oído que violas a mujeres". A Weinstein le dio igual. Ni se inmutó ni se puso nervioso. Se sentía intocable.

En uno de los casos, Zenda Perkins, una de sus trabajadoras, que siempre procuraba que fuesen jóvenes, estaba harta de que le hiciera peticiones de masajes o le pidiera que se metiera en la cama con él. Cuando escuchó que a una compañera le había pasado lo mismo, que la intentó violar, no dio crédito. No pensaba que fuese a ser capaz de forzar a alguien. Ahí se plantó, pero no tuvieron prueba para denunciarle. Solo pudieron arrancarle una indemnización de cien mil dólares a cambio de un contrato de confidencialidad que iba más allá del secreto empresarial. Se estima que llegó a una decena de acuerdos extrajudiciales como este. Algunos, al final, llegaron a ser de un millón de dólares.

Amigos en la política y los medios

A su favor tenía las donaciones que hacía a políticos progresistas y sus campañas. En la prensa, también se procuraba amigos. Como Aj Benza, columnista de corazón del New York Times. Comentaban todas las juergas y fiestas de la ciudad como dos amigos de farras. Pero cuando al periodista le llegaron informaciones de abusos, él conseguía silenciarlas cambiándoselas por exclusivas de otro tipo. Tenía redes para enterarse de informaciones que poder entregar a la prensa. Trueques que, según el colaborador del New York Times, son habituales en la prensa del corazón. El día a día.

Los testimonios que se acumulan en el documental son siempre los mismos. Le pide masajes a las mujeres. Aparece desnudo o se desnuda sin venir a cuento. A una modelo, Zoe Brocks, después de perseguirla por la habitación de hotel hasta que ella se escondió en el baño, se le puso a llorar y quejándose de que no quería nada con él porque estaba gordo.

Una broma en público

La impunidad se empezó a resquebrajar cuando Seth MacFarlane hizo un chiste sobre las nominadas a los Oscar en plena ceremonia, dijo: "Enhorabuena a las cinco, ya no tendréis que fingir que os atrae Harvey Weinstein". Era por las confesiones que le había hecho una amiga actriz.

Más adelante se metió en el mundo de la moda. El documental asegura que lo hizo para tener acceso a mujeres, el mismo motivo por el cual había saltado al mundo de la producción cinematográfica años atrás. Para entonces, ya tuvo que formar todo un ejército para tapar las informaciones y utilizar todos los favores que le debían, pero no pudo parar artículos en el New York Times y New Yorker. A su empresa la acusó un fiscal de encubrimiento. Una frase final de un antiguo colaborador suyo es lapidaria: "Pienso que Hollywood es una pocilga y Harvey se ha dado el resbalón más fuerte".


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