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CRÍTICA DE CINE

'Un sol interior': Juliette Binoche y el amor

6/04/2018 - 

VALÈNCIA. La reunión entre la cineasta francesa Claire Denis y la actriz Juliette Binoche es, sin duda alguna, uno de los acontecimientos cinéfilos más importantes de la temporada. Es la primera vez que ambas trabajan juntas y no será la última, porque acaban de terminar el filme de ciencia ficción High Life, en el que también participa Robert Pattinson.

En Un sol interior, Binoche interpreta a Isabelle, una pintora que trabaja en una galería de arte, divorciada y con una hija, que está a punto de cumplir cincuenta años y se encuentra sumida en una profunda crisis que la hace ser muy infeliz. Piensa que nunca conseguirá encontrar al hombre de su vida, y mientras tanto se hace daño a sí misma manteniendo relaciones con personas que sabe que solo le van a traer más problemas.

Un banquero al que considera repugnante (interpretado por Xavier Beauvois), un actor egocéntrico (Nicolas Duvauchelle), su exmarido (Laurent Grévill) y un desconocido marcado por la fragilidad (Paul Blain). Irá pasando de uno a otro esperando encontrar la estabilidad, pero solo logrará más frustración al darse cuenta de que todos la utilizan como un objeto con el que aliviar sus propias inseguridades y satisfacer sus necesidades de manera egoísta.

Claire Denis adapta muy libremente la obra del filósofo y ensayista Roland Barthes, “Fragmentos de un discurso amoroso” (1977) y la convierte en una comedia-dramática-romántica en torno a la soledad y la indefensión frente al paso del tiempo. Y lo hace centrando su foco de atención alrededor de una mujer atrapada por una serie de fantasmas que le impiden avanzar y ser libre. Una mujer contemporánea (con ecos de la propia experiencia vital de Claire Denis) que, a pesar de tener una sólida carrera profesional, todavía no ha logrado ser independiente en el terreno amoroso, convirtiendo eso en el foco de su propia desdicha. “Quiero tener un amor de verdad. ¿Por qué no puede ser diferente por una vez?”, se pregunta la protagonista en la película. Precisamente esa inestabilidad emocional y su propio anhelo insatisfecho la convierten en extremadamente vulnerable y la víctima perfecta para hombres que solo intentan saciar su ego a través de ella.

En la mayor parte de sus películas, Claire Denis utiliza el silencio como una forma expresiva. Sin embargo, en esta ocasión, son las palabras las que dotan de sentido a la propuesta. Los personajes hablan, lo cuál no quiere decir que lo que digan les conduzca a ninguna parte. En muchas ocasiones, de hecho, el lenguaje solo sirve para entorpecer. Los amantes dan vueltas alrededor de conceptos que no dejan que los actos fluyan con normalidad, estancando sus acciones en un bucle interminable. Otras veces, esas palabras sirven como forma de auxilio. Así, una expresión tan habitual como “¿Todo bien?”, y su consecuente contestación, normalmente libre de cualquier contenido significativo, se utiliza aquí para expresar en voz alta una necesidad urgente de desahogo.

Isabelle irá saltando de pareja esporádica en pareja esporádica mientras la cámara de Denis la irá captando a través de diferentes momentos de pasión y ruptura. Algunos de sus encuentros serán fríos, sin ningún tipo de calor humano. Otros, como el magnético baile al son de la canción de Etta James “At Last”, junto a un desconocido, se verán contagiados de esperanza y luminosidad.

Denis y Binoche (con la colaboración fundamental de la escritora Christine Angot en la elaboración del guion) se acercan con extrema delicadeza a esa mujer llena de contradicciones que al mismo tiempo desprende una vitalidad, una fuerza y un enorme poder de atracción tanto para aquellos que la rodean como para el propio espectador. Seguramente hubiera sido imposible que este retrato femenino adquiriera tanta verdad en otras manos menos ejercitadas a la hora de intentar reflejar los claroscuros de las necesidades de la mujer, sus esperanzas y sus decepciones. No hay una mirada autocompasiva, tampoco deprimente alrededor de esa urgencia de afecto.  Un sol interior es un relato de búsqueda interna, de re-aprendizaje amoroso en una edad en la que los miedos adquieren una dimensión mucho más física y espectral. 

La directora también introduce una interesante reflexión en torno a la pervivencia del clasismo en ciertos ambientes elitistas en la actualidad, tanto a nivel cultural como social. Isabelle pertenece a un entorno artístico muy endogámico y eso contribuye a que no pueda escapar en cierto sentido de él, a que se vea atrapada en sus intrigas internas, en sus habladurías y envidias, en su desprecio a todas aquellas personas que no entran dentro de su círculo privilegiado.

La película se cierra con un tete a tete entre Gerard Depardieu y Juliette Binoche. El actor, que interpreta a una especie de gurú, aconseja a Isabelle que busque en ella su sol interior mientras espera al hombre de su vida. Los títulos de crédito aparecen en la pantalla mientras ella sigue dando vueltas a su futuro amoroso en un bucle interminable que quedará suspendido en nuestra memoria sin una resolución posible. Quizás, porque en realidad, no la tiene.

 

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