Opinión

Opinión

AL OTRO LADO DE LA COLINA

Guerras de un Dios menor

Publicado: 02/05/2026 · 06:00
Actualizado: 02/05/2026 · 06:00
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Mientras los focos de todo el mundo están fijos en conflictos geopolíticos estelares como los del estrecho de Ormuz y Ucrania, en las tierras del Sahel y a orillas del Nilo se libran batallas que la historia parece haber condenado a ser una simple nota al pie de página. En Sudán y Malí, la muerte y la violencia no solo se miden en heridos, muertos y desplazados, sino en un silencio e ignorancia mediático que los asfixia. Son las guerras de un dios menor, conflictos devastadores que, a pesar de su magnitud de catástrofe humanitaria, no logran reclamar la atención de las conciencias globales, dejando a millones de personas, quizás por ser africanas, atrapadas en un abismo de indiferencia y sangre.

Sudán es un Estado fallido que se fraccionó en dos partes, norte musulmán y sur cristiano-animista, en donde al comienzo de su cuarto año, ha provocado ya más de nueve millones de desplazados internos y más de 4,5 millones de refugiados en los países vecinos (Chad, Sudán del Sur, Etiopía, Egipto, Uganda), y si alrededor de 34 millones de personas (65% de la población) requieren asistencia humanitaria urgente, dentro de ellas hay otros 29 millones que se enfrentan a la hambruna, especialmente en las regiones de Darfur y Kordofán. Respecto al número de bajas por muerte en el conflicto, existen estimaciones que las fijan entre 60.000 y 150.000 personas, elevándolas a 400.000 si se incluyen las inducidas fruto del hambre y enfermedad.

Por su parte, Mali es un Estado en situación cuasi-fallida donde el gobierno de Bamako no termina de controlar todo el territorio, desde que en 2012 se inició el conflicto en aquel país, en el que se dan encuentro diferentes actores estatales y no estatales, nacionales y foráneos, provocando miles de muertos. El gobierno de Mali se ha tenido que enfrentar a una importante insurgencia yihadista, el JNIM y Estado Islámico del Gran Sáhara, pero también con un radical y asesino movimiento separatista en el norte (de eso sabemos mucho los españoles, por desgracia) la llamada región de Azawad; también han intervenido elementos extranjeros como Francia y sus socios occidentales entre los que nos encontramos por una parte, y por otra los rusos a través del grupo Wagner primero, y ahora por los del Africa Corps, y desde luego los continuados golpes de Estado no han ayudado a la estabilidad del país.

En los últimos días se ha producido una ofensiva coordinada, lanzada el 25 de abril de 2026 por grupos rebeldes y yihadistas contra el gobierno de la junta militar. Las consecuencias han sido inmediatas, han dado muerte al ministro de Defensa, general Sadio Camara, han herido a altos mandos, como el jefe de inteligencia, se ha producido la retirada de las fuerzas malienses y de los rusos del Africa Corps, de ciudades como Kidal, Aguelhok, Tessalit y otras posiciones en el norte. También los yihadistas reclaman el control parcial o total sobre zonas como Mopti, Sévaré y partes de Gao. Aunque, como es normal, el ejército maliense y su gobierno afirmaron que “la situación está bajo control”, y habían que “neutralizar” a cientos de atacantes, continuando las operaciones de persecución. El líder de la junta, Assimi Goïta, reapareció días después para llamar a la calma y a la unidad. Situación para nada normal, pues los subversivos han acosado y cuasi sitiado a la capital Bamako, hostigando a los transportes que la abastecen desde la costa de África y desde el golfo de Guinea.

Pero, como empezábamos el artículo, de estas noticias no les han hablado mucho los mass media, parece que hay muertos de primera y de segunda. Cualquiera diría que un africano, sobre todo si es animista o cristiano, vale menos que un iraní, un gazatí o un libanés, todos ellos musulmanes. Porque los responsables directos de estas masacres en África son más bien islamistas, y el dar fe de esta triste y sangrienta realidad, supone pasar a engrosar la fachosfera, la lista negra, y la muerte civil por parte de los políticamente correctos, de esos globalistas de derechas y de izquierdas que parece que ya no les interesa hablar de la ablación de las mujeres musulmanas, de la cárcel en vida que supone para ellas la burka y otras vestimentas, y cómo están sojuzgadas; a mí me parece que el choque de las civilizaciones de Samuel Huntington, sigue estando más vigente que nunca; y bien que lo sabemos nosotros que tardamos más de 800 años en volver a comer cerdo.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

Valencianos valencianeando
Inflación de guerra: el coste silencioso que Europa no puede permitirse