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VALS PARA HORMIGAS

Regreso a Cromañón

Publicado: 29/04/2026 · 06:00
Actualizado: 29/04/2026 · 06:00
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Ha pasado un año desde el apagón que nos devolvió ese cromañón que llevamos dentro y del que nunca nos debemos desembarazar. Nos va en ello la supervivencia. Otra vez a cocinar con fuego, nada de vitrocerámicas ni microondas. Otra vez a iluminarnos con fuego, en esta ocasión el de las velas. Otra vez a conversar, a mirarnos a la cara, a tener que estar cerca para comunicarnos. Unas horas en las que contuvimos el aliento porque la falta de suministro eléctrico nos demostró que hemos confiado demasiado, siempre lo hacemos, en nuestras ganas de desenvolvernos en el futuro más próximo. Sin luz, no somos nada. Probablemente, con el susto ganaron las compañías eléctricas, que jamás pierden, como el crupier de un casino. Y, seguro, también arrasó la radio, ya que nos encomendamos a los viejos transistores a pilas, los del viejo carrusel deportivo, los del 23-F, los de Bobby Deglané y el consultorio de la señorita Francis, para estar al tanto de una realidad que, pese al agobio, nos devolvió a las terrazas de los bares. La auténtica prioridad nacional. 

Un año después, no hay causas certificadas, no hay responsabilidades atribuidas, no hay devoluciones ni indemnizaciones. Lo normal en España. Llevamos años padeciendo otro apagón, el de ese partido al que no le gustamos los periodistas y cuyos representantes no son capaces más que de levantar tapiales que se caen por falta de engrudo. El último, el debate imposible sobre la prioridad, que es tan fácil de rebatir, y no lo hacemos con la suficiente contundencia, como señalar que cualquier prioridad de una persona sobre otra no es constitucional. Y punto. Pasemos al siguiente caso. De hecho, el apagón del 28 de abril de 2025 también lo vino a demostrar. Sin luz, son tan frágiles y vulnerables, están tan sometidos a la intemperie, tanto los barrios ricos como los pobres. Solo que en estos últimos están más acostumbrados a sobrevivir cuando la necesidad apremia y no se puede sacar efectivo de las criptocuentas, no se puede enviar un bizum con el móvil, no se puede pagar con tarjeta y los cajeros automáticos son tan útiles como un martillo de plástico. 

Mientras no se resuelve del todo lo que ocurrió, quedémonos con lo bueno. Que, en realidad, es excepcional. El nudo en la garganta dio paso, o eso quiero pensar, a una potenciación de las energías renovables. Algo en lo que Trump está colaborando considerablemente, con su apuesta perdida por los combustibles fósiles. Como en nuestra entrada por la puerta grande de los sapiens, el sol ilumina y calienta, el viento mueve las aspas, el agua tiene calambres en los pies. 

Quedémonos también con lo único que nos pertenece de verdad, que son nuestras propias vivencias. Todas esas historias que ayer, fecha exacta del aniversario, pudimos rescatar de la estantería, limpiarlas del polvo de los días y devolverlas al expositor, como un libro antiguo que de repente vuelve a ponerse de moda. La mía fue así. Acabábamos de enterrar a mi madre y los primeros indicios de lo que venía nos sorprendieron en el tanatorio, donde la luz iba y venía. Después pasé el día con mi padre, subiendo y bajando un quinto piso sin ascensor para darme una vuelta por el barrio y mandar párrafos breves a mi nave nodriza. La tienda de segunda mano en la que se arremolinaron los vecinos para escuchar las noticias por la radio. El rascacielos en el que un grupo electrógeno propio alimentaba los ascensores. La algarabía que se montó cuando, por fin, volvió la luz. La certificación por whatsapp de que todos estábamos bien. Y el suspiro al comprobar que el rayo no cesa. 

 

@Faroimpostor 

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