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por amor al arte / OPINIÓN

Cultura se va de ‘shopping’

9/11/2017 - 

VALÈNCIA. Soy libra, lo confieso. Esto significa que hace poco fue mi cumpleaños, que soy diplomático y un poco rarito. Es por esto último que, en lugar de esa camisa que no me gusta o ese libro que ya he leído, mis amigos decidieron regalarme una tarjeta regalo de unos grandes almacenes de cuyo nombre no quiero acordarme. Ellos renunciaron a la responsabilidad de acertar o no, quitándole un poco de magia al asunto; pero a mí, joder, qué bien me vino. Os cuento. Tengo una gabardina a la que el cambio de temporada no le ha sentado bien –no me abrocha- , así que he optado por cortar por lo sano: comprar una nueva. La tarjeta regalo -que era bastante golosa, la verdad- también me dio para comprar un sistema de altavoces para televisión, una casita para gatos preciosa y una hamaca comodísima. Ahora me falta tener televisión, mascota y terraza. No sé muy bien qué tiene que ver esto con lo que os iba a contar. Voy a centrarme. Hace un par de semanas que la conselleria de Cultura de Vicent Marzà puso en marcha una novedosa comisión de expertos en arte con el objetivo de comprar un buen puñado de obras, un proceso de adquisición con aires de traca de final de año que cuenta con una partida de 624.609 euros. Casi .

Constituida la comisión el pasado 25 de octubre, es desde entonces que tanto galerías de arte como coleccionistas están recibiendo apresuradas llamadas telefónicas que tienen por objetivo consultar en tiempo récord el catálogo de juguetes, un casting exprés que se resolverá en los próximos días. Cabe destacar que desde la administración buscan artistas jóvenes valencianos y compras con un techo en 18.000 euros, piezas que pasarán a formar parte de los fondos de la Generalitat Valenciana. Esto es: el objetivo no es completar la colección y reforzar el relato del IVAM, el Museu de Belles Arts o cualquiera de los museos gestionados por la administración autonómica o miembros del Consorci de Museus, sino el de “incrementar el patrimonio de la Generalitat" reflejando la “heterogeneidad y el dinamismo que caracteriza nuestra escena creativa”. El pellizquito, claro está, no viene mal a ninguno de los que vayan a ser comprados, pero bien es cierto que los criterios se sienten improvisados, un murmullo que resuena entre los consultados y los propios consultantes.

Coordinada por el gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV), José Luis Pérez Pont, la comisión está compuesta por distintos miembros de la Asociación Valenciana de Críticos de Arte o de la Universidad de Alicante y València. Por su parte, los centros que se incluyen como representantes de los espacios expositivos públicos son el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), el Museo de Vilafamés, el Museu de Belles Arts de València... y para de contar. A lista se suma un único representante del ámbito privado de toda la Comunitat: Bombas Gens. Una vez constituida la comisión de expertos, desde la conselleria de Cultura se incidió en la necesidad de “crear una demanda agregada en el mercado del arte valenciano mediante la compra pública”, adquiriendo obra de “reconocidos y consagrados artistas” y “jóvenes valores de trayectoria coherente”. Coherencia.

Estas compras, todavía por determinar, servirán para que “por lo menos, las diez ciudades más grandes del territorio valenciano puedan contar con cinco propuestas expositivas procedentes de las grandes instituciones museísticas”. Aunque coordinadas por el Consorci de Museus, poco se sabe de estas cinco propuestas expositivas que han de surgir de estas adquisiciones. Nos tememos que tampoco los impulsores de las mismas lo tienen claro. Habitualmente un museo parte del análisis de su colección y destina meses a la negociación con distintas galerías o coleccionistas para llevar a cabo unas compras que sirven para completar con piezas concretas el relato global del centro o para abrir nuevas vías, con todo lo que ello conlleva. En este caso, sin embargo, no parece primar la previsión, sino la improvisación, las prisas por gastar una partida que siempre será un espejismo frente a un soñado proyecto a largo plazo por generar unos fondos artísticos coherentes. Que la administración deba o no ser motor del mercado del arte es otro debate, pero si se decide a invertir en él debe hacerlo desde un criterio y un proyecto definido. A ver qué hago yo ahora con mi hamaca.

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