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RESACA DEL CONGRESO DEL PP DE VALENCIA

Este hombre tiene mucho peligro

X. AGUAR. 17/07/2012 Primero Zaplana, después Camps y luego Fabra, han desconfiado del controvertido alcalde de Xàtiva pero, ¿por qué Rus es tan peligroso?

VALENCIA. El controvertido Alfonso Rus renovó el pasado sábado su liderazgo provincial en el Partido Popular de Valencia con un 91% de los votos. Un porcentaje altísimo para un presidente supuestamente discutido, al menos desde los medios de comunicación. El discurso populista, carácter reivindicativo, control territorial, sus salidas de tono y la autonomía económica e inversora que le brinda la Diputación, han hecho de él un dirigente político incómodo para los últimos líderes del PPCV.

"Rus es peligroso". Esta máxima se ha escuchado a lo largo de los años en diferentes estratos del partido con distintas connotaciones. Unos se refieren a los excesos verbales que han puesto al PP o a compañeros de partido en la picota. Otros, más analíticos, aluden al poder notable que ha ido acumulando en los últimos años y que se ha incrementado con la vara de mando de la corporación provincial.

Los presidentes autonómicos del PPCV siempre han visto en él una amenaza o, simplemente, un foco de problemas. Eduardo Zaplana no le abrió paso: prefirió promocionar a alcaldes de municipios más pequeños como Fernando Giner (Vallada) o Serafín Castellano (Benisanó). Rus, junto a Rita Barberá, fue uno de los impulsores de la comida con alcaldes y concejales en la que se acordó apoyar a Francisco Camps para que presidiera el partido frente a José Joaquín Ripoll, afín a Zaplana.

Una vez conseguido el objetivo de que Camps liderara la formación ‘popular' en el ámbito regional, Rus fue extendiendo sus redes en diferentes comarcas preparando el asalto a la presidencia provincial que entonces ostentaba Serafín Castellano, entonces cercano a Zaplana. Rus dio el salto, anunciando su candidatura; una pretensión que también se planteó Fernando Giner, desistiendo poco después tras constatar que no tenía los apoyos suficientes. De la misma manera, Castellano no quiso ir a las urnas con el de Xàtiva y se vio obligado a dejar paso. De esa manera, Rus alcanzó la presidencia provincial en diciembre de 2004: un cargo que ha mantenido hasta hoy.

SIN IDILIO CON CAMPS

Sin embargo, Camps no estaba interesado en promocionar a Rus más allá de lo que había conseguido. El alcalde de Xàtiva había confeccionado un equipo en la ejecutiva provincial que todavía hoy le acompaña: el siguiente objetivo era alcanzar la presidencia de la Diputación de Valencia, cargo que ostentaba en esa legislatura Fernando Giner. Rus prosiguió su acumulación de adhesiones en la provincia, arrinconando a los afines a Castellano y vaciando los pocos apoyos que mantenía Giner. El presidente provincial esgrimía el argumento de que en Castellón y Alicante los líderes del partido, Carlos Fabra y José Joaquín Ripoll, estaban al frente de las diputaciones.

Francisco Camps y Alfonso Rus

Las reticencias en el Palau de la Generalitat no eran pequeñas. Rus estaba aumentando su poder en las comarcas velozmente: su discurso popular y cercano calaba sobre todo en los pequeños municipios. Desde Presidencia se maniobró internamente para ‘esconder' a Rus, ‘talarle' desde los medios de comunicación o incomodarle desde la dirección regional del partido con Ricardo Costa al frente. Camps se encargó de mantener a Serafín Castellano como portavoz en Les Corts -pese que bajo su mando se había producido el plante en la cámara- y le dotó de oxígeno para que continuara siendo un obstáculo para Rus en su creciente dominio comarcal.

Sin embargo, llegado el momento, Camps no tenía mejor candidato para la corporación provincial y cualquier maniobra hubiera causado un revuelo demasiado grave. Rus llegó a decir públicamente: "Me merezco presidir la Diputación de Valencia". Presidencia asumió que debía ceder y los resultados electorales -autonómicos y locales- fueron notables.

LA CONSOLIDACIÓN: LA VARA DE MANDO EN LA DIPUTACIÓN

Con su control de la corporación provincial, Rus dominaba el ámbito orgánico y el institucional. Un binomio de poder que había permitido ostentar el poder a Carlos Fabra durante dos décadas y a José Joaquín Ripoll, dos legislaturas pese a la oposición de la dirección regional ‘campista'.

Territorio. Una de las armas de un político para perpetuarse es controlar espacio: una alcaldía potente, la afinidad de otros primeros ediles, reclutar presidentes comarcales del partido... Poco después de pisar la Diputación, Rus regularizó una idea que había puesto en práctica de forma aislada: destinó todos los sábados por la mañana a celebrar almuerzos comarcales. Una iniciativa impulsada con la idea de estar permanentemente en contacto con alcaldes, concejales y portavoces locales.

Esta idea se reforzaba notablemente con la vara de mando de la Diputación en la mano. Su nuevo ‘status' permitía a Rus controlar un presupuesto y facilitar inversiones a los ayuntamientos. Infraestructuras que ayudaban a los alcaldes a acometer proyectos que, años después, les allanarían el camino para reeditar el triunfo electoral. Rus, además, ha logrado que la institución que se encuentre saneada económicamente. "Quién meta la mano, se la corto", afirmó el día que recogió la vara de mando.

SU RELACIÓN CON ALBERTO FABRA

Alberto Fabra y Alfonso Rus

El liderazgo de Rus se vio refrendado en las urnas en 2011. 166 alcaldías en la provincia de Valencia, 55 más respecto a 2007. No obstante, con Fabra empezó con mal pie. No aplaudió el día en el que se le proclamó presidente del partido vía Madrid: al margen de que no fue avisado, desde la órbita de Camps aseguran que su decepción se debió a que había amasado aspiraciones de presidir la Generalitat ante la situación agónica del jefe del Consell, algo que concuerda con su insistencia de ser diputado en Les Corts, requisito obligado para llegar al Palau. Pese a las cortapisas que le había puesto el exjefe del Consell en el pasado, acudió a apoyarle en el ‘juicio de los trajes' y le dio respaldo público.

En la lista del Congreso de los Diputados, que debía ser aprobada por el comité provincial del PP que él controlaba, vio como Esteban González Pons o Rita Barberá colocaban más afines que él mismo. Cedió, pese a su disgusto.

Poco después, veía como su principal rival histórico, Serafín Castellano, era aupado por Fabra como secretario general del partido, siendo así resucitado como oposición en las comarcas. Rus, desatendiendo cualquier formalidad estratégica, auspició sin complejos el voto en blanco en el congreso regional que coronaba a Alberto Fabra como presidente regional. El vacío fue del 18%: un fracaso de Rus para algunos, un toque de atención al nuevo líder, para otros.

Tras el cónclave, el presidente provincial reconoció su error ante Fabra, quien no impulsó una candidato alternativo para el cónclave del pasado fin de semana. Mientras los relatos más bucólicos señalan que el jefe del Consell perdonó a Rus; los más pegados a la tierra subrayan que el presidente no quiso ir a "contarse" -a una votación-. En cualquier caso, diversas fuentes del PP consultadas señalan la necesidad de evitar una confrontación abierta orgánica en un momento de crisis económica en el que la clase política pasa sus peores momentos.

El último episodio de cierta tensión apareció precisamente en el congreso. Pese lo pacífico de la jornada y las buenas palabras de unos y otros, Rus decidió mantener al exconseller y diputado Rafael Blasco -implicado en el caso de Cooperación- como vocal de libre designación en la Ejecutiva provincial del partido.

Una decisión desafortunada, así se considera desde el entorno de Fabra, pero que no resulta especialmente extraña cuando el propio Blasco sigue en el grupo parlamentario ‘popular' en Les Corts o, Carlos Fabra, pendiente de ir a juicio por varios delitos, ha permanecido como presidente provincial del PP de Castellón hasta el último día de su mandato. Con estos ejemplos, Rus, quien ha reiterado que Blasco es su "amigo", se ha aferrado a que el exconseller no se encuentra imputado, el mismo argumento que Fabra ha utilizado para no ir más allá en sus decisiones sobre el diputado. "Si dentro del partido hubiera una cláusula que pusiera que si están imputados tendrían que ir a la calle, pues no lo habría puesto -a Blasco-, pero no la hay", subrayó ayer públicamente.

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4 comentarios

El Tiempo del bisabuelo Fabra escribió
18/07/2012 19:55

Rus, Fabra, Ripoll, Baltar, Cacharro... Valencia, Castellón, Alicante, Orense, Lugo... provincias hermanadas por insignes nombres del municipalismo provinciano

Empar Benedito escribió
18/07/2012 13:30

Alfonso Rus refleja a la perfeccion la realidad del pp valenciano: Castellon se renueva. Alicante se renueva. Y en Valencia hay lo que hay, que es lo que ha habido siempre. Amunt Rus! Amunt Blsaco! Amunt Cotino!

Vicente escribió
18/07/2012 09:54

Por mí este señor y sus historias a lo Dallas, se pueden ir a tomar por dónde amarga el pepino. No nos interesan lo más mínimo las historias de lucha de poder de estos apesebrados.

Izaskun García Azcarraga escribió
17/07/2012 12:09

Yo no entiendo nada de política, ni me interesa lo más mínimo, ahora bien estas luchas internas por los cargos y el poder, son totalmente ajenas al ciudadano de la calle y suelen resultar "cansinas". Tal y como está el patio, yo creo que no es momento ni de perder un solo segundo en tal tarea, ni de prescindir de nadie que haya demostrado valía política o en gestión pública. A mí personalmente me parece que prescindir de unos sres. de la talla política de Rafael Blasco o de Vicente Rambla sin una sentencia condenatoria, es un lujo que la Comunidad no se puede permitir en un momento donde se requiere toda la experiencia del mundo para sacar esto adelante. El Sr. Rus caerá bien o mal , pero poco debería importar eso, cuando es el único que presenta una buena gestión económica. Yo creo que El Presidente es consciente de que no es momento de batallitas y está haciendo lo posible para integrar a todos en la barca, más vale que ahora después de tantos congresos nacionales, autonómicos, provinciales y municipales y de distritos, se pongan a remar ........... pero en la misma dirección.

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